En 2006, Fernando López del Pozo recibió una llamada del general Fulgencio Coll -su antiguo jefe en la Brigada de Infantería Mecanizada ‘Extremadura XI’- para que le ayudara a crear la Unidad Militar de Emergencias (UME). «Me preguntó que si le acompañaba y le contesté que sí. Después me dijo que si sabía que era para apagar fuegos. Eso lo desconocía. Pero no solamente no me arrepiento sino que fue una gran oportunidad», recuerda complacido.

El destino ha querido que este teniente general con 45 años de trayectoria en el Ejército estuviera al frente del Mando de Operaciones durante el estado de alarma, cuando la UME -de la que fue Jefe de Estado Mayor durante sus tres primeros años- hubo de emplearse a fondo en la lucha contra la covid-19. Era el colofón a una dilatada trayectoria militar que incluye su participación en misiones de paz en Bosnia-Herzegovina, Irak y Líbano.

López del Pozo (Madrid, 1958) cesó el pasado 24 de septiembre en dicho puesto por su pase a la situación de reserva, si bien la ministra Margarita Robles se apresuró a ‘rescatarlo’ para confiarle la Subdirección General de Planes y Relaciones Internacionales. En víspera del Día de la Hispanidad, atiende a El Independiente y repasa su experiencia en el combate contra un enemigo invisible que se ha cobrado ya la vida de más de 33.000 españoles.

Pregunta.-Usted ha participado a lo largo de su carrera en importantes misiones, algunas fuera de España. ¿La Operación Balmis ha sido el mayor desafío al que se ha tenido que enfrentar en su más de cuatro décadas de trayectoria militar?
Respuesta.-Las comparaciones son odiosas y yo trato siempre de evitarlas. Para mí ha significado la culminación de las experiencias adquiridas a lo largo de los 40 años de servicio. Se ha unido el hecho de que haya sido una operación con el final de mi etapa como comandante del Mando de Operaciones y con mi experiencia en la UME [Unidad Militar de Emergencias], creada para abordar esa misión de las Fuerzas Armadas que hasta 2005 no estaba adscrita a una ley orgánica: preservar el bienestar de los ciudadanos ante situaciones calamitosas.

P.-¿Cuál fue la situación más difícil que tuvo que gestionar durante el estado de alarma?
R.-Lo más complicado normalmente son las relaciones con el exterior, ya que los subordinados tienden a hacerte la vida fácil y a ayudarte en lo que tienes que hacer. El sistema militar sacraliza la figura del jefe y su Estado Mayor, así que hacia dentro no suele haber demasiados problemas. Sin embargo, hacia fuera siempre hay relaciones cruzadas y cometidos que se superponen, por lo que hay que utilizar dosis de diplomacia y conocimiento para que todos trabajemos en la misma dirección.

Tuvimos que potenciar el factor psicológico sobre la marcha; fue difícil de sobrellevar»

P.-En concreto, ¿qué fue lo más complicado de gestionar durante la pandemia?
R.-Los primeros días [del estado de alarma] fueron un poco más complicados. Había que explicar cuál era el sistema, la organización y el procedimiento que nos habíamos dado para canalizar el aluvión de peticiones que se recibieron. Hubo que hacer un esfuerzo importante de comunicación. La curva de nuestras intervenciones siguió prácticamente de forma matemática a la de las infecciones. Cuando subía la curva, esa primera parte fue más complicada. Luego pasamos a una fase de estabilización.

P.-¿Qué escenario prevé en los próximos meses respecto a la evolución de la pandemia y a la labor que tendrá que desempeñar el Ejército?
R.-Nosotros estamos siempre ahí para apoyar y hacer lo que se nos pida, nos preciamos de estar al servicio de España. En aquel momento se puso en marcha la Operación Balmis para gestionar la pandemia en todo el territorio nacional. Ahora se ha optado por otro modelo en el que las comunidades autónomas son las que tienen el liderazgo y hacen peticiones. Inicialmente fue la UME quien las abordó y ahora es el Estado Mayor de la Defensa con su Mando de Operaciones el que está controlando y dirigiendo la Misión Baluarte, que trata de apoyar de la misma manera que antes pero comunidad a comunidad.

P.-¿La tropa está bien de ánimo para afrontar la nueva situación?
R.-No estoy ya en el Mando de Operaciones, pero estoy seguro de que la tropa y los cuadros de mandos están en perfecta disposición para seguir haciendo lo que saben hacer y para ayudar a salvar vidas.

P.-La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró en enero que la situación derivada por el brote de covid-19 en China suponía una emergencia de salud pública de importancia internacional. ¿Se actuó tarde en España?
R.-Esta pregunta no tiene una respuesta fácil si queremos ser veraces. En las Fuerzas Armadas reaccionamos con una rapidez realmente digna de elogio. Está mal decirlo, pero es que es así. Fuimos capaces de hacerlo porque sencillamente teníamos una estructura que ya estaba funcionando en el día a día, no tuvimos que inventar nada. Ésa es la clave de que se pueda reaccionar con rapidez. Cuando tienes las estructuras y los procedimientos establecidos y los estás rodando en el día a día, tienes que pedalear más rápido cuando llega la hora de apretar pero ya tienes la bicicleta y sabes montar en ella. Es más fácil que si tienes que empezar a montar las ruedas.

Ahora lo estamos haciendo mejor porque las enseñanzas de la ‘Operación Balmis’ las estamos aplicando»

P.-Una de las grandes tragedias ha sido la elevada mortalidad registrada en las residencias de mayores. ¿Teme que pueda repetirse esa situación si aumenta la transmisión del virus en las próximas semanas?
R.-Es difícil que las situaciones se repitan de una manera absoluta. Aquello fue lo que más impactó desde el punto de vista de la comunicación. Y se produjo porque el procedimiento llevó a que se descubrieran esas situaciones. Cuando recibes una petición de ayuda vas a ver qué es exactamente lo que te están solicitando para traducirlo en lo que de verdad puedes dar. Haces un reconocimiento y luego designas a las unidades adecuadas para hacerlo. Eso fue lo que hicimos con las residencias; empezamos con la UME y luego seguimos con las unidades especializadas del Ejército de Tierra porque estaban preparadas para abordar esa tarea con el mínimo riesgo. El factor psicológico fue importante y tuvimos que potenciarlo sobre la marcha porque desde el punto de vista emocional fue difícil de sobrellevar. Tenemos los medios y, una vez identificado el cometido, los ponemos en marcha.

Fotografía con una dedicatoria de Margarita Robles en la sala del Mando de Operaciones
Fotografía con una dedicatoria de la ministra Margarita Robles en la sala del Mando de Operaciones. Ignacio Encabo

P.-Apenas había terminado la desescalada y el país ya estaba instalado en la segunda ola. ¿Qué ha fallado?
R.-A nosotros nos gusta mucho decir que siempre se combate la guerra anterior. Todo el mundo analiza lo que ha pasado o ha dejado de pasar, pero la guerra siguiente nunca es igual. Permítanme el apunte técnico: nosotros hablamos de la resolución del problema táctico. Y no hay dos problemas iguales, cada vez es distinto. Estamos ahora abordando algo que se parece a lo anterior, pero distinto. La curva sube de manera diferente, las ocupaciones de las UCI son distintas, no estamos viendo el agobio de las residencias… Creo que estamos haciéndolo mejor en tanto en cuanto las enseñanzas que hemos obtenido de la Operación Balmis las estamos aplicando.

P.-¿Le sorprende que las comunidades no hayan completado sus plantillas de rastreadores y hayan tenido que recurrir al Ejército?
R.-No se debe juzgar lo que no se conoce bien. Lo que nosotros hacemos es acudir a donde se nos llama para aportar lo que se nos pide. Nosotros no juzgamos ni miramos el color del que nos lo pide. Servimos a los españoles.

P.-Llevamos semanas asistiendo al enfrentamiento que mantienen el Gobierno de la nación y el Ejecutivo de Madrid. ¿En qué puede afectar eso a la labor del Ejército?
R.-Es un problema de organización. Cuando se declaró el estado de alarma en marzo se activaron cuatro ministerios delegados competentes, uno de ellos el de Defensa. Y la ministra [Margarita Robles] tomó la decisión de actuar. Es ella la que toma esa decisión y nos lanza a la calle en toda España. Ahora el procedimiento es distinto porque no hay un estado de alarma nacional, Defensa no es un ministerio competente delegado y actúa a petición de comunidades autónomas u otros ministerios.

No juzgamos ni miramos el color del que nos pide la ayuda; servimos a todos los españoles»

P.-¿Habría ayudado que el Gobierno hubiera establecido unas pautas común para todas las comunidades autónomas cuando la incidencia era menor?
R.-Cada situación pide una solución. Me preguntan mucho que cuál es mi futuro. La respuesta es que no lo sé… (risas).

P.-¿La actuación del Ejército en primera línea en la lucha contra la covid-19 es la mejor demostración de que la inversión en Defensa es rentable?
R.-La clave es el elemento humano. Ahí es donde hay que invertir realmente. Hay que invertir en un montón de medios que le hacen falta a las Fuerzas Armadas para cumplir con sus misiones constitucionales. Hablamos de invertir en lo que de verdad ha hecho que la Operación Balmis haya funcionado bien: los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas. Éstos han dado un paso al frente, no han preguntado nada y han dicho un ‘a la orden’ meditada sabiendo el riesgo que corrían, los medios que tenían que poner y ofreciendo lo mejor que tenían en cada situación. Eso no se consigue por arte de magia. Hay que invertir en el elemento humano, tanto en cantidad y calidad. La formación es absolutamente esencial.

P.-En 2014, Pablo Iglesias afirmó: «Necesitamos al Ejército. El problema es que, a veces, defiende intereses contrarios a los de la gente». ¿Le preocupa que un líder político hoy en el Gobierno arroje dudas sobre el papel que ejercen las Fuerzas Armadas?
R.-El presidente del Gobierno es el que dirige la administración civil y militar y estamos a sus órdenes. Independientemente de opiniones y manifestaciones periodísticas, cuando viene una orden del Gobierno la cumplimos.

P.-¿La pandemia ha alterado las misiones de paz en las que participa España?
R.-Es una buena noticia decir que hemos sido capaces de mantener la operatividad de nuestras Fuerzas Armadas a pesar de la pandemia, tanto en territorio nacional como fuera. Dicho esto, la pandemia está afectando a poblaciones a las que estamos ayudando y eso nos ha afectado. Nos retrasó relevos, por ejemplo. Nos afecta en tanto en cuanto estamos en países afectados, no a nuestra operatividad.

P.-Que sólo enviaran material sanitario a España en los momentos críticos Estonia, República Checa, Turquía, Lituania, Alemania y Luxemburgo, ¿no fue una respuesta demasiado pobre por parte de los socios de la OTAN?
R.-Eso demuestra solidaridad, porque todos los países estaban con el mismo problema y les faltaban los mismos materiales. Simplemente que mandaran algo de lo que tenían lo valoro de una manera muy positiva. Eso es lo que hay que ver. Mandaron lo que buenamente podían. Importa el gesto.

La pandemia va a afectar a la geoestrategia; las crisis mundiales aceleran o retrasan procesos»

P.-¿La pandemia va a alterar los ejes de poder desde el punto de vista de la geoestrategia?
R.-Estas crisis mundiales suelen ser catalizadoras de tendencias que ya existían, aceleran o retrasan procesos. Va a afectar clarísimamente. ¿Cómo? Eso tengo que decirlo en el futuro… (risas).

P.-En tres semanas serán las elecciones en EEUU. ¿Cómo va a afectar a la geoestrategia que gane Trump o que lo haga Biden?
R.-Es muy difícil de saber. En los dos debates que se han celebrado se ha visto claramente que el tratamiento de la pandemia va a ser utilizado durante la campaña y va a ser definitorio. Ahora bien. ¿Cómo van a votar los estadounidenses? No lo sé. Cómo se enfoca o se deja de enfocar es una decisión política.

P.-¿Se está haciendo un uso político de la vacuna?
R.-No, desde mi expertise no puedo aportar nada más. La sociedad plantea debates. A veces cuando se discuten cosas nos parece que se están tomando decisiones y se está en la fase de la discusión. El debate es bueno, es positivo. Hay que tomar decisiones cuando se ha oído bien a las partes.