La ex líder de UPyD, Rosa Díez, en una fotografía de archivo. EFE

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Las necrológicas se tiñen de magenta: "UPyD debería haber muerto en 2016"

En Este muerto está muy vivo (1989), Larry (Andrew McCarthy) y Richard (Jonathan Silverman) tratan de ocultar la muerte de su jefe Bernie (Terry Kiser) con todo tipo de trucos para evitar ser descubiertos. A los restos de Unión Progreso y Democracia (UPyD), el partido que llegó a ser cuarta fuerza política en el Congreso de los Diputados en 2011, les pasa algo parecido que a los protagonistas de la película de Ted Kotcheff. La formación ha anunciado que presentará batalla legal ante el Juzgado de lo Mercantil nº9 de Madrid, que ya ha declarado a la formación magenta como extinta y ha dado orden para su borrado del registro de partidos políticos.

Este es el paralelismo que hace la ex eurodiputada de UPyD, Beatriz Becerra, cuyo litigio con la que fuera su casa política por un caso de despido improcedente ha acelerado los trámites para la extinción oficial del partido. La política madrileña se afilió a las formación en 2008, y con Rosa Díez al frente, logró un puesto en el Consejo de Dirección del partido como responsable de Comunicación, un cargo que ejerció hasta que en 2014 fue elegida como eurodiputada en las elecciones del Parlamento Europeo por la lista magenta.

«La norma legal obliga a la empresa a suspender un contrato laboral con una excedencia forzosa por cargo público, que se mantiene mientras está en efecto la causa», narra ella misma en conversación con El Independiente. Coincidiendo con la práctica disolución del partido tras dos resultados nefastos que la convirtieron prácticamente en una formación residual tras las elecciones generales de 2015 y 2016 (0,62% y 0,21%, respectivamente), la entidad hizo dos ERE, uno por cada año, en que no se incluyó a Becerra. Ésta abandonó el partido entonces, poco después de la retirada de Rosa Díez y de diversos miembros de la formación, aunque continuó como eurodiputada independiente dentro de los liberales del ALDE, Renew Europe en la actualidad.

Ya en 2019, cuando ésta termina su mandato en el Parlamento Europeo, comunica a la formación que está disponible para reincorporarse, «tal y como ordena la ley», recuerda, un momento en que el empleador debe o bien proceder a la reincorporación o bien rescindir el contrato y pagar la indemnización correspondiente. «Pero entran en negación», sostiene Becerra. «Negar esa incorporación implica de facto que el empleador acepta la extinción del contrato, y como no hay causa es despido improcedente. Yo estuve seis meses», el tiempo que tardó el juez en resolver el pleito a su favor, «en un limbo jurídico, laboral, profesional y económico».

Fue entonces cuando los restos de UPyD, bajo la dirección de Cristiano Brown, maniobró y recurrió a concurso de acreedores para hacer frente a la deuda. Para la ex eurodiputada, Brown ha «buscado la manera para no afrontar el pago», pero «lo que no esperaban» es que un juez resolviese tan rápidamente un expediente por el que se da una circunstancia muy simple: «si una persona jurídica dice que no tiene masa para responder a sus compromisos, esa persona jurídica se extingue».

En el auto, al que accedió Europa Press, se subraya que UPyD no cuenta con la liquidez económica suficiente como para hacer frente a la deuda, por lo que el procedimiento concursal sería «inútil» para resolver el problema. Declara a la formación insolvente e incapaz de «cumplir regular y puntualmente» y solicita su extinción.

Brown se defiende: ‘heredó’ la deuda con Becerra

Cristiano Brown accedió a la portavocía de la formación magenta en 2017 tras la -corta- experiencia en el cargo de Andrés Herzog y Gorka Maneiro. «Yo no sabía la situación de Becerra cuando cogí las riendas del partido. No sabía que estaba en excedencia forzosa, ni que no se la incluyó en los ERE de 2015 y 2016», cuenta a este medio. «Es una cuenta sobrevenida que no contemplaba», sentencia.

Asegura además que recurrió al concurso de acreedores no para evitar la deuda, sino para «hacer bien las cosas», «flexibilizar pagos» y que las cuentas del partido, que Brown asegura que están «saneadas», no se quedasen de golpe sin liquidez. Con este mecanismo, «Becerra podía cobrar su indemnización a través del Fogasa» y UPyD negociar con el organismo público para acceder a una mayor «flexibilidad». «Eso me permite seguir teniendo dinero en las cuentas, pagar la sede, a mis trabajadores y seguir haciendo política», afirma.

«Debió morir en 2016. Ahora sólo es una caricatura»

Brown confirma que interprondrá un recurso ante el juez. Y confía en que saldrá adelante. «Tenemos más ingresos que gastos, tenemos cargos públicos y un respaldo político que garantiza nuestra continuidad. Esto no es el fin», sentencia. Pero, ¿y si no? Las opciones son varias: desde la refundación hasta el uso de fundaciones para «hacer política» porque «lo importante es contar con respaldo administrativo». Lo que sí se descarta radicalmente es la fusión definitiva de los escasos exponentes magenta con Ciudadanos, que tampoco pasa por su mejor momento.

Además de algún concejal en ayuntamientos, UPyD tiene únicamente dos grandes exponentes públicos: el propio Brown, que concurrió como independiente en las listas electorales de Ciudadanos en las generales del 10 de noviembre; y la eurodiputada Maite Pagazaurtundúa, que ocupa su escaño en el Parlamento Europeo gracias a un pacto con el partido naranja. Según el propio partido, aún cuentan con más de 500 afiliados y «miles de simpatizantes» que, en medio del «barro político» actual, creen que la vuelta de la formación al orden político es «muy necesaria» y se resisten a creer que el proyecto está

El partido se deshizo en 2016. Lo que vino después fue un proceso de vampirización y necrofilia

«El partido se deshizo en 2016, y todo lo que ha venido después ha sido un proceso de vampirización y necrofilia muy triste. Fue entonces cuando debía haber muerto», contradice Becerra, que admite que estos cuatro años han resultado muy «dolorosos» al contemplar cómo «algo que tenía que haberse convertido en patrimonio político» ha acabado mutando a un proyecto «prosaico».

Y lanza un órdago al actual dirigente de la casi extinta UPyD, al calificar de «interesados» aquellos que han alargado su agonía con «fines espurios» y han convertido un legado que «debería estudiarse como historia política de España» en una «caricatura».

Ciudadanos, cobijo de poco abrigo

En concreto, Becerra califica de «utilitarista» el pacto que se firmó con Albert Rivera, el «cobijo buscado» por los restos de la formación. De hecho, Cristiano Brown está a tan sólo una baja de Ciudadanos en el Congreso para ocupar un escaño. Las listas corrieron tras la renuncia de Marcos de Quinto. Patricia Reyes debió ocupar su lugar, pero rehusó de la oferta por estar ya alejada de la vida pública y pasó al que fuera secretario general del grupo parlamentario, Miguel Gutiérrez.

Sin embargo, la sombra del hundimiento y el mal augurio de la desaparición de todos los precedentes de centro político en la historia política de España desde la Transición no son buenos compañeros de camino para la formación que ahora dirige Inés Arrimadas. De hecho, la debacle electoral de las últimas generales -pasaron de 57 a 10 diputados- recuerda a la estrepitosa caída de los de Rosa Díez en 2015. En concreto, pasó de recibir más de 1.100.000 papeletas en 2011 a apenas 155.000 cuatro años después. Las lesiones de aquel batacazo han sido irreversibles para UPyD. El tiempo dirá si Ciudadanos corre la misma suerte o logra capear el temporal.

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