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Así examinaba ETA a sus candidatos a terroristas

Durante los años 70 y 80, cuando los aspirantes a la banda eran numerosos, sometía a los aspirantes a un cuestionario. El 'Archivo de ETA' incautado en 2004 se exhibirá en el Centro Memorial de Víctimas de Vitoria.

Varias de las fichas de candidatos a ingresar en ETA que forman parte del archivo de la banda.

Varias de las fichas de candidatos a ingresar en ETA que forman parte del archivo de la banda.

Los candidatos se agolpaban. La banda no daba abasto para tanto candidato solicitando engrosar sus filas. A finales de los años 70 y comienzos de los 80 se calcula que ETA llegó a crear un comando cada once días. Prácticamente en cada municipio de cierta relevancia contaba con un algún tipo de estructura o colaboración. En ese periodo de la Transición convivían las tres ‘ETAs’, la militar, la político militar y los llamados Comandos Autónomos Anticapitalistas. Las tres entraron en una suerte de competición por ganar adeptos.

La organización terrorista llegó a establecer filtros para recortar las ‘listas de espera’. Durante un periodo, uno de ellos fue exigir el cumplimiento del servicio militar obligatorio. Ahora se han hecho públicos otros procedimientos de selección y control llevados a cabo por la organización. El llamado ‘archivo de ETA’ que la policía francesa encontró en una operación en Saint Oierre d’Irube, cerca de Bayona, en 2004 incluía las fichas en las que los candidatos debían responder a un cuestionario. Se aplicaban en el proceso de selección establecido por la dirección, bien para entrar en la banda, bien para asumir más responsabilidades en la organización tras haber realizado pequeñas acciones de apoyo.

Fuentes consultadas por El Independiente recuerdan cómo muchos de los procesos de selección se hacían en aquellos años en Francia, santuario de ETA durante décadas. Los procesos de selección se llevaban a cabo citando a los aspirantes en algún piso del País Vasco francés en las que los ‘examinadores’,- encapuchados para no ser identificados-, interpelaban, en ocasiones en salas contiguas, a quienes optaban a subir más escalones en la jerarquía de la organización.

El material, que formará parte del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, muestra cómo los jefes de ETA querían tener control sobre todos los miembros que actuaban en su nombre y más aún sobre los que reclamaban una mayor responsabilidad. En los documentos conocidos ahora se ve cómo los aspirantes debían entregar una fotografía tamaño DNI y responder a un listado de preguntas.

El ‘alias revolucionario’

Las cuestiones abarcaban desde los datos personales hasta las motivaciones que les habían llevado a dar el paso y su opinión sobre la propia ETA. Entre las preguntas a responder figuraban aspectos como “el nombre revolucionario” con el que actuaban o actuarían, el ‘alias’ por el que eran conocidos en el municipio donde vivían, así como el nivel de estudios o el trabajo que desempeñaban. También se pregunta por las aficiones, que en muchos casos se responde que “la montaña, la lectura” pero también hay quien asegura que la suya es ser un “mujeriego”.

En muchos casos se trataba de candidatos que ya habían colaborado con pequeñas acciones, de menor importancia y que aspiraban a dar más pasos. ETA preguntaba a sus candidatos sobre las “razones” que les habían llevado a querer formar parte de la organización y la opinión que tenían de ella. Se les solicitaba que expresaran hasta dónde llegaría su disponibilidad para asumir acciones de la organización y que detallaran si habían sido detenidos con antelación.

Las 69 fichas mecanografiadas y ahora hechas públicas corresponden a miembros de ETA ya fallecidos, bien en acciones llevadas a cabo por la banda o bien por causas naturales. Fueron localizadas en el zulo encontrado en un caserío en el que fue detenido quien fuera jefe de ETA, ‘Mikel Antza’. El zulo, conocido como ‘Txori’ (Pájaro), apodo con el que se conocía a la propietaria de la vivienda, Martha Alcalde, se encontraba en el subsuelo de la vivienda. Se trataba de un espacio de 15 metros cuadrados cuyas paredes estaban repletas de estanterías metálicas.

En ellas, de modo perfectamente ordenado, los gendarmes encontraron carpetas, archivadores y una gran cantidad de documentación. Se trataba de material de los años setenta y ochenta, fundamentalmente. En ella se incluían grabaciones de dirigentes de ETA como Txomin Iturbe Abasolo, ‘Txomin’, o José Manuel Pagoaga, ‘Peixoto’, interrogatorios a empresarios o escuchas telefónicas a la Guardia Civil.

Poco después, la investigación desveló que se trataba de un archivo elaborado por la propia ETA desde 1974 y hasta 1990, en la que acumulaba información de décadas de actividad. El valor del material, conocido como el ‘archivo de ETA’, lo subrayó incluso el propio ‘Mikel Antza’ durante el juicio que contra él -y otros nueve procesados- se celebró en París al solicitar ante el juez la devolución del ‘archivo histórico’ de la banda “de incalculable valor”, dijo.

«He ayudado en lo que he podido»

En los cuestionarios los candidatos dan diversas razones para militar en ETA. Así, Miguel Angel Aldana, alias ‘Akutu’, explica que la razón que le lleva a reclamar más responsabilidades es su paso por la cárcel, su resistencia a las presiones para delatar en la comisaría tras ser detenido en 22 de septiembre de 1975 en Amorebieta y su puesta en libertad tras ser indultado.

En la ficha de Gregorio Olabarria, alias ‘Goyo’, el aspirante escribe que sus razones “son muchas” pero destaca la de luchar ante la “opresión de todo mi pueblo” y sentirlo “a nivel familia también para mi es una obligación”. Asegura estar dispuestos a asumir “todas las responsabilidades que puede tener un militante y un hombre”. Al citar sus antecedentes señala que ha ayudado a la organización “en el barrio y en lo que he podido”.

En una de las fichas, la del miembro de la banda Pablo Gude, muerto en un enfrentamiento con la Guardia Civil en 1984, el aspirante escribe que ya ha colaborado delatando a un presunto falangista que vivía “debajo mío” en la localidad de Errenteria. En otra de las fichas, la de Francisco Javier Araceta, fallecido en 1980 mientras participaba en un atentado que costó la vida al guardia civil Rufino Muñoz, llega a cuestionar la propia elaboración de estas fichas por suponer un riesgo en el caso de que éstas caigan en manos de la policía, como finalmente sucedió.

Se da la circunstancia de que las preguntas que se formulan a los aspirantes están escritas en euskera, si bien la mayor parte de las respuesta de los documentos hechos públicos se redactan en castellano. A finales de los 70 y durante los años 80 el uso y conocimiento del euskera era limitado, fundamentalmente por el impacto de su prohibición durante la dictadura. El material relacionado con ETA incautado años después, fundamentalmente a partir de los años 90, es en euskera casi en su totalidad.

El ‘zulo’ de Ortega Lara

Esta documentación pasará a forma parte de la exposición permanente del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo. Fue entregado por Francia a España, junto con el resto del archivo de ETA, en febrero de 2018. Por ahora continúa bajo control de la Audiencia Nacional, que las estudia por si pudieran aportar información sobre los crímenes de la banda sin resolver. Las indagaciones se encuentran avanzadas y próximamente el material se cederá al Centro Memorial ubicado en Vitoria.

Además de las fichas de los aspirantes a integrarse o asumir más responsabilidades en la banda, la exposición de este centro contará con la reproducción del zulo en el que José Antonio Ortega Lara estuvo secuestrado 532 días. La recreación permitirá al visitante vivir la dura experiencia que entre 1996 y 1997 padeció el funcionario de prisiones en el que fue el cautiverio más largo perpetrado por ETA. Además, la muestra incluirá la recreación de un zulo tipo de los empleados por la organización criminal para ocultar armas y material.

En las dos plantas en las que se ha instalado la exposición, cuya apertura está pendiente de que la situación de la pandemia lo permita, también se incluirán cientos de testimonios de víctimas. Por el momento se han recogido 1.098 testimonios, algunas con material audiovisual y otras sólo con testimonios sonoros y que los visitantes podrán escuchar en cabinas. Además de una muestra de alguna de las armas empleadas por ETA, también se ultima la elaboración de una suerte de ‘diccionario’ con 74 conceptos relacionados con lo que supuso la violencia terrorista.

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