España

El deseo de Sánchez de presidir la UE en 2023 condiciona su calendario electoral

El final de la actual legislatura coincide con la presidencia de turno de la Unión Europea, lo que altera la convocatoria de las generales

Pedro Sánchez en una imagen de archivo a su llegada al edificio Europa del Consejo de la UE EFE

Faltan exactamente 826 días para que España asuma la presidencia de turno de la Unión Europea, entre julio y diciembre de 2023. La cuenta atrás está contenida en la página oficial de dicho evento, que ya existe a pesar de quedar más de dos años para ello. Da una idea de la enorme trascendencia que el Ejecutivo de Pedro Sánchez otorga a una presidencia que España ya ha ejercido en cuatro ocasiones.

Y la misma condiciona su estrategia electoral. Por que si bien en el Gobierno afirman y reafirman que la voluntad de Sánchez es agotar la legislatura, lo cierto es que no puede llamar a los españoles a las urnas mientras se ejerce el liderazgo de la UE y es harto improbable que lo pueda hacer en enero de 2024 puesto que se habrían sobrepasado los cuatro años de la actual legislatura. La vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, afirmó este jueves en Las mañanas de RNE que «ya le digo yo que la legislatura llega al 2023. Es más, el segundo semestre de ese año preside España la Unión Europea, es decir, que estamos en plena legislatura y a toda máquina».

Pero la cita europea, marcada en rojo en el calendario monclovita, obliga indefectiblemente a un adelanto electoral, puesto que tocaría convocar elecciones generales a finales de 2023. Lo cierto es que de anticiparse unos meses, no podría considerarse como tal, pero la presidencia de turno de la Unión exige de unos preparativos previos, no se improvisa, lo que va achicando el margen con el que cuenta Sánchez, deseoso de ser ejercer de presidente de la Unión, circunstancia que no volverá a producirse hasta muy entrada la década de los años 30.

Elecciones generales a finales de 2022 coincidiendo con las andaluzas

El problema reside fundamentalmente en cómo garantizarse liderar la Unión durante un semestre y celebrar antes unas elecciones que no te echen del Gobierno. Porque si bien todos los sondeos con intención de voto, incluido por supuesto el CIS, auguran que el actual inquilino de la Moncloa sigue siendo el primero entre las preferencias ciudadanas, la fragmentación, la inestabilidad y la incertidumbre que caracterizan la situación política actual pueden dar al traste con el cálculo de Moncloa, sobre todo cuando se necesitan alianzas postelectorales.

Lo más factible, si antes no salta todo por los aires, el gobierno de coalición con Unidas Podemos implosiona o, simplemente, las expectativas llevan a los fontaneros de Moncloa a pulsar el botón nuclear de un adelanto electoral más pronto que tarde, es que la legislatura no se alargue más allá de finales del año que viene, 2022, volviendo a coincidir con los comicios autonómicos andaluces.

De hecho, ambas citas ante las urnas se celebraron simultáneamente los años 1996, 2000, 2004 y 2008. Esa serie se interrumpió cuando José Luis Rodríguez Zapatero adelantó las legislativas a finales de 2011, achicharrado en la crisis financiera de aquellos años, de la que no acabamos de recuperarnos cuando estalló la pandemia.

«No hay aroma de elecciones», asegura Carmen Calvo

«No hay aroma de elecciones. Los políticos somos gente normal y corriente y el día a día de la política está en otro sitio. La política de verdad está funcionando a cada minuto», narraba Calvo en RNE interrogada respecto a la duración de la legislatura. «Ya le digo yo -continuó al vicepresidenta- que después de la dificultad que hemos tenido para tener unos Presupuestos Generales, de la recepción de los fondos europeos y del plan de recuperación, en el que hemos estado trabajando seis meses sin parar, que la legislatura llega a 2023″.

Según explica la página web de Exteriores, el país que ejerce la presidencia de la Unión Europea «establece la agenda y las prioridades del Consejo. Por lo tanto, se considera que la presidencia es uno de los instrumentos más importantes para mejorar el prestigio y también la capacidad de promover los intereses de los Estados miembros individuales». El Estado miembro que ocupa la presidencia «se convierte en el centro de la formulación de políticas de la UE durante medio año». Dirige las reuniones del Consejo y representa al Consejo en las negociaciones con las otras instituciones de la UE (Parlamento Europeo, Comisión Europea).

Al mismo tiempo, como regla general, el primer ministro del Estado miembro que ejerce la presidencia «representa a la Unión externamente y participa, por ejemplo, en las cumbres de la UE con terceros Estados. La presidencia sigue las prioridades que se presentan al Consejo y al Parlamento Europeo al inicio de su mandato». En definitiva, una tarea que Sánchez cree hecha a su medida.

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