España

Pablo Iglesias: la campaña del líder con mochila

Sus actos, de perfil bajo, no terminan de arrancar a pesar de la fuerza con la que que irrumpió en la arena electoral

Iglesias en el Congreso con su mochila

Pablo Iglesias en el Congreso EFE

Propios y extraños le conceden al líder de Podemos la virtud de su enorme capacidad comunicativa y cómo se crece en los escenarios de confrontación política. De hecho, Pablo Iglesias germinó en los medios de comunicación -que ahora tanto denosta- como correoso tertuliano y con una estrategia que le serviría, mucho y bien, en sus inicios electorales, esto es, fijar un mensaje y no dejarse arrastrar a ningún otro terreno.

Detrás también había un trabajo en equipo. Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón y Carolina Bescansa formaban parte de su guardia pretoriana con los que preparaba sus esmeradas intervenciones. El salto a la política de los fundadores de Podemos fue espectacular. Nada menos que cinco diputados en las europeas de 2014, entre ellos, el propio Iglesias, un resultado que la mayoría de los sondeos fueron incapaces de detectar y que supuso un cambio de ciclo político en España. Casi nada.

Bescansa explicó en aquellos momentos que la sociología elaboró cuestionarios “muy clásicos” incapaces de detectar el mar de fondo que suponía la irrupción de Podemos. Criterios como la posición ideológica o la clase social para determinar el comportamiento electoral quedaban obsoletos si no entraban en la ecuación “elementos coyunturales contundentes que tenían que ver con la crisis”.

Podemos ha pasado en siete años de acariciar el sorpasso al PSOE a poder desaparecer en Madrid

Desde entonces Podemos ha pasado de acariciar el sorpasso al PSOE a necesitar que su comandante en jefe salte a la arena política regional para salvar al partido de su desaparición en la Asamblea madrileña, y todo ello en apenas siete años y a pesar de formar parte del Gobierno de la nación. Una peripecia política y personal con indicios de fin de etapa.

Iglesias está haciendo una precampaña atípica, muy volcada en las redes sociales -Twitter, Facebook, Telegram…- y en los medios de comunicación, con visitas y actos sectoriales casi clandestinos, en muy buena medida por las limitaciones que impone la pandemia, pero consciente de que no es el momento físico ni anímico de mover multitudes.

Vídeos del candidato en respuesta a lo acontecido en el mitin de Vox en Vallecas o al ataque racista contra el jugador de futbol Mouctar Diakhaby son un ejemplo de cómo afronta la campaña. También ha visitado un centro de acogida de animales o protagonizado duras intervenciones en algunos medios de comunicación. Un perfil bajo para quien estaba llamado a confrontar con la popular Isabel Díaz Ayuso, que a estas alturas, ya sólo se mide con Pedro Sánchez.

Se esperaba que su irrupción alterara el reparto de fuerzas en el bloque de la izquierda madrileña, pero Más Madrid, con Mónica García al frente, aguanta. Queda por delante un mes de campaña y los morados esperan que su candidato vaya “de menos a más”, aunque una vez salvado Podemos de la zona de peligro no acaba de dar el «estirón».

Ayuso ignora a Gabilondo y a Iglesias para medirse con Pedro Sánchez

Los socialistas madrileños respiran tranquilos porque no ven en él, al menos por el momento, una amenaza para su candidato, Ángel Gabilondo, que ya tiene tarea con intentar no quedar por debajo de los resultados de las autonómicas de hace dos años. Opinan en el PSOE respecto a Iglesias que «puedes ser muy bueno en campaña cuando no tienes pasado o mochila, pero ahora no es una persona sin lastre».

Iglesias moviliza el voto, sí, pero a favor y en contra. Al polarizar, cohesiona a los suyos, pero no sin generar rechazo entre un sector que jamás le votaría pero puede verse especialmente impulsado a hacerlo a la contra. Además, no deja de perjudicarle la sensación de que está de paso por la Asamblea, de que si no aguantó de vicepresidente segundo del Gobierno de la Nación mucho menos va a hacerlo en la arena autonómica. Y que si se ha presentado, abandonando la política nacional, «es porque sabe que en las próximas generales iba a sacar peores resultados».

Los suyos desmienten la imagen de un Iglesias «que no conocen. Por eso sorprende». Aseguran que «no dejará la política», no al menos hasta que llegue la próxima Asamblea Ciudadana de Podemos -que tocaría en 2023, aunque nada impide que se adelante- , en la que cederá el testigo tal y como él mismo confirmó en «La hora de la 1» de TVE este viernes.

“Creo que no debería presentarme, ya me he presentado tres veces. Es lógico que cuando se celebre un congreso haya una renovación”, dijo a preguntas sobre su continuidad en el liderazgo de Podemos para el que ya tiene una sucesora, la ministra de Igualdad, Irene Montero. Mientras tanto, «a Pablo le gustan los retos, aunque no sean fáciles, y se compromete», aseguran en su entorno.

Si la izquierda suma, querrá entrar en un gobierno de coalición con competencias reales que reviertan las políticas del PP en materias como Sanidad, Educación o Dependencia, aunque en Podemos admiten que el grado de exigencia dependerá de cuántos diputados autonómicos sea capaz de conseguir el 4-M. Otra cosa es que Gabilondo se lo permita a pesar de su reiterada negativa a pactar con él. Quizá intereses «superiores», como los de Pedro Sánchez para mantener la paz interna en el gobierno de la nación, la abran las puertas del Ejecutivo autonómico ante un hipotético triunfo de la izquierda.

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