España

El destierro del 'diputado 350', Pablo Cambronero

El ex diputado de Ciudadanos, Pablo Cambronero, en el Congreso.

El ex diputado de Ciudadanos, Pablo Cambronero, en el Congreso.

«¡Vaya! Tengo el despacho hasta arriba esta mañana». Un sol de justicia atraviesa las ventanas de la cafetería de la tercera planta del Congreso de los Diputados. El escenario es el habitual cuando la manilla del reloj roza las once de la mañana: un par de mesas libres, conversaciones que se mezclan con el traqueteo de platos y vasos y un par de teléfonos que no paran de sonar. Allí trabaja el diputado Pablo Cambronero (Sevilla, 1979) desde que el pasado 17 de marzo decidiese abandonar el grupo parlamentario de Ciudadanos por la «deriva sanchista» de su presidenta, Inés Arrimadas, tal y como denunció en un comunicado. Al no renunciar al acta, su siguiente destino era el Grupo Mixto donde, según aseguró, trataría de «defender el programa electoral que firmé».

Pero la ausencia de unas siglas políticas bajo las que guarecerse le ha llevado a vivir tres meses en el destierro: no tiene voz en la Cámara Baja, ni asistente, ni presencia en comisiones, ni ordenador de sobremesa para poder acceder al registro telemático. «Voy con papeles a todos lados», comenta. Por no tener, no tiene ni despacho. Los tres días semanales que acude al hemiciclo trabaja en la cafetería, en alguna sala de reuniones que debe reservar con antelación e, incluso, desde su escaño, situado ahora en la parte alta del hemiciclo. Su batalla se centra ahora en lograr que el Grupo Mixto y que el propio Congreso reconozca sus derechos como diputado, «al igual que los de los 349 restantes». Asume que no es fácil, y que «es mi castigo» por suponer la excepción de un sistema basado en listas cerradas. Pero que seguirá dando la batalla, incluso en los tribunales.

Cajas con las pertenencias de Pablo Cambronero en un pasillo del Congreso de los Diputados

Marea naranja

La travesía por el desierto de este policía nacional comenzó a mediados del pasado mes de marzo. El país atravesaba entonces por un auténtico terremoto político motivado por la fallida moción de censura en Murcia que pactaron las altas instancias de Ciudadanos y PSOE para desalojar -o intentarlo- al popular Fernando López Miras. Aquel intento de la dirección de Inés Arrimadas precipitó un adelanto electoral de la Comunidad de Madrid y provocó, en suma, la desaparición de Ciudadanos en ambos territorios y un goteo constante de bajas en el partido naranja. Uno de ellos fue Cambronero. En su caso, decidió continuar con su labor en el Congreso de los Diputados fuera de Ciudadanos, a diferencia de la ex diputada por Alicante Marta Martín, que se dio de baja tan sólo un día después que su compañero.

Asegura el diputado por Sevilla que, pese a lo que se publicó, comunicó a Inés Arrimadas su decisión antes de hacerlo público, pero que ella no respondió «ni antes ni después» de publicar el comunicado en sus redes sociales. Con este movimiento, el grupo parlamentario de Ciudadanos menguó hasta los nueve escaños, y Cambronero recibió numerosas críticas de sus ya ex compañeros de partido por no haber renunciado al acta. «Yo entiendo la rabia, pero es que dijeron auténticas salvajadas», explica. A las declaraciones del portavoz parlamentario, Edmundo Bal, que tildó lo sucedido de «traición», se unió lo que el diputado denomina una ‘marea naranja‘ en redes sociales, una serie de usuarios que cargaron en tromba contra la «indignidad» del dirigente. Por eso, según explica a El Independiente, tomó una decisión drástica: «bloquear a todo dios». No hay nadie de la actual dirección al que no afectase la purga de la red social. «A raíz de mi salida de Cs, todos cortaron su relación conmigo. Incluso los que consideraba amigos», asegura.

Batalla en el Mixto

En el mismo momento en que se oficializa la baja de Ciudadanos, Pablo Cambronero recala automáticamente al Grupo Mixto, compuesto por nueve diputados de siete formaciones diferentes: Albert Botran y Mireia Vehí (CUP); Carlos García Adanero y Sergio Sayas (UPN); Tomás Guitarte (Teruel Existe); Isidro Martínez Oblanca (Foro Asturias); José María Mazón (PRC); Ana Oramas (CC); y Pedro Quevedo (NC). El primer día, es la canaria Ana Oramas en calidad de representante del resto de partidos la que le comunica que casi la totalidad de sus funciones parlamentarias están limitadas por su rango de ‘no adscrito’ arreglo al pacto antitransfuguismo.

«Me dice que no tengo derecho a intervenir en pleno, no tengo derecho a intervenir en comisión, no tengo derecho a asistente, que el despacho dependía de la Cámara y que renunciase a la subvención fija -cuantía que fija el Congreso para los grupos en función del número de diputados para cubrir gastos de funcionamiento ordinario- mediante la firma de un escrito», asegura. Tampoco podía acceder al puesto de portavoz o portavoz adjunto del grupo, de carácter rotatorio en el Mixto. Sus únicos derechos de ese momento en adelante iban a ser los del registro de preguntas y su adhesión a una comisión menor, en concreto la de Peticiones, que se celebra a puerta cerrada y en la que casi nunca hay votaciones.

Lo único que aceptó, asegura, de todas estas peticiones fue la renuncia a la cuantía fija, algo que «hice como gesto de buena voluntad». Pero daría la batalla en el resto de cuestiones. ¿Cómo? Mediante un primer escrito a la Mesa del Congreso por el que denunciaba que sus compañeros del Mixto le habían «denegado todos los derechos como diputado». La petición de Cambronero es apoyada por PP y Vox, y «Podemos se lo piensa». Y la resolución es «humo»: «reconocen mis derechos pero no me dan amparo». La batalla continúa.

El Grupo Mixto se atiene a los precedentes de otros diputados apartados de PP o de PSOE en anteriores legislaturas, que se marcharon a lo alto del hemiciclo sin hacer ruido. Pero Cambronero promete guerra. «La mitad me ha retirado ya el saludo. Les tengo agotados. Me han declarado persona non grata «, asegura. El amparo de la Mesa del Congreso a los «derechos individuales» del diputado llegaría semanas después. «El último escrito de la Mesa dice que bajo ningún concepto un grupo parlamentario puede restringir ni suspender derechos a un diputado. No se le puede castigar por venir de otro grupo. Con este escrito, se demuestra que el pacto antitransfuguismo es inconstitucional», celebra.

Una denuncia contra Batet guardada en el cajón

Así las cosas, el Grupo Mixto deberá revisar sus acuerdos de funcionamiento interno y deberá permitir a Pablo Cambronero intervenir en plenos y comisiones. O, al menos, en teoría. Según cuenta el ex diputado de Ciudadanos, pidió una reunión urgente al Grupo Mixto para «zanjar de una vez el asunto», pero por el momento sigue sin convocarse. Y aún no ha visualizado el momento en que pueda alzar la voz en el Parlamento. «Con lo que suceda en esa reunión, solicitaré intervenciones. Y si se me sigue denegando, seguiré presentando escritos ante la Mesa hasta que me concedan mis derechos. Así va a ser esta legislatura, me temo», zanja.

Tampoco descarta Cambronero denunciar a la presidenta de la Mesa de la Cámara, la socialista Meritxell Batet, por prevaricación si permite que los miembros del Grupo Mixto sigan impidiéndole participar en plenos y comisiones. Y tira de épica para referirse a su particular batalla: «Me estoy peleando contra el sistema, no contra un partido. Me enfrento en solitario a un sistema de listas cerradas, contra el sistema de partidos políticos».

Un despacho que no llega

Aunque el órgano de gobierno de la Cámara Baja le ha dado amparo y se ha comprometido a buscar un despacho al diputado, éste tampoco termina de llegar. Según alegan desde la Mesa, se están analizando las diferentes dependencias parlamentarias para asignar un cuarto particular a Cambronero. Y, de momento, sigue sin haber novedades. Su despacho sigue siendo, hasta nueva orden, la cafetería del Congreso de los Diputados.

Denuncia Cambronero la tardanza en asignarle el despacho en la Cámara Baja -hace tres meses que lo solicitó- cuando «hasta tres de los asistentes del grupo Mixto cuenta con un despacho propio» en la tercera planta ‘bis’ del Congreso. «A algunos no les he visto aparecer en mi vida», asegura. Mientras tanto, las cajas de su antiguo despacho siguen amontonadas en uno de los pasillos del Congreso. «No pienso recogerlos hasta que no tenga dónde guardar eso», asegura. La enésima forma de protestar de un diputado «en tierra de nadie».

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