A menudo sucede que el diablo está en los detalles. Una prueba tipo test, publicada en la página web del ministerio de Asuntos Exteriores español, califica a Melilla de ciudad “bajo control de España”, una terminología que cuestiona la españolidad del enclave y que ha sorprendido a quienes estos días se preparan las oposiciones al cuerpo de traductores e intérpretes del Estado.

“El término usado, ‘bajo control de España’, es muy raro. No refleja exactamente la posición marroquí pero tampoco entiendo que un español pueda poner eso en un documento oficial como éste. Es como, si en un examen del Foreign Office británico, se dijera que Gibraltar está bajo control británico. Los británicos fliparían”, reconoce a El Independiente un intérprete de árabe con años de experiencia profesional.

La afirmación está incluida entre los documentos que se adjuntan a la convocatoria de las pruebas selectivas. Procede de la prueba realizada en 2016 que se muestra como modelo “para facilitar la preparación de esta oposición”. El ministerio que dirige Arancha González Laya ofrece 44 plazas de acceso libre y 20 de promoción interna para el cuerpo de traductores e intérpretes del Estado. Entre los idiomas demandados, figuran siete traductores y intérpretes en árabe.

La alusión a Melilla, en plena crisis de las relaciones entre Marruecos y España, parece estar escrita desde el país vecino. No usa los términos más habituales acuñados en la prensa marroquí como “las ciudades ocupadas de Ceuta y Melilla” o “Ceuta y Melilla, partes del territorio marroquí” pero se desliza en esa dirección. “Me ha sorprendido. Parece escrito por un marroquí”, comenta el citado intérprete consultado por este diario. “Sorprende, además, que no haya una persona en Exteriores que tenga un control del árabe suficientemente bueno como para evaluar estas cosas”, arguye.

Exteriores responde: «Es un texto puramente técnico»

Fuentes de Exteriores aseguran a El Independiente que «los textos incluidos en los tests los elaboran miembros del tribunal o asesores especialistas en idiomas, por lo que su labor tiene un carácter puramente técnico y en ningún caso el contenido de los mismos se asume por parte del ministerio de Asuntos Exteriores como una posición del Reino de España o del propio Ministerio».

En este caso concreto, indican que «no se ha podido localizar el origen exacto de la pregunta 26, que es la que se menciona en la noticia, aunque sí se han encontrado frases similares, en concreto en una noticia de Aljazeera del 2 de febrero de 2017 en las que se remite a ‘la ciudad de Melilla, sometida a la autoridad española/al dominio español/al control español/bajo el mando español/bajo el gobierno español’.

«La palabra utilizada en árabe en la expresión señalada en el periódico es ‘saytara’, que en concreto en el diccionario árabe-español de la editorial Gredos, se traduce como ‘poder’, ‘dominio’, ‘control’ o ‘gobierno’. En este sentido, la interpretación que se puede hacer del término es variada y dependerá del tono general del texto», alegan desde el Gobierno.

«Dado que la noticia era referida a Marruecos, la traducción por ‘bajo control’ podría tener sentido habida cuenta de que la prensa en dicho país suele recalcar el carácter ‘ocupado’ de las dos ciudades autónomas. No obstante, no es la única posibilidad que pudiera considerarse correcta, aunque la noticia no la señala específicamente, pudiendo incluirse entre estas ‘bajo la autoridad de España’, ‘bajo dominio de España’ o ‘bajo el gobierno de España'», comentan.

Unos lazos en horas bajas

Los lazos con Marruecos viven horas bajas desde que el pasado mayo miles de marroquíes llegaran a nado a las costas de Ceuta, semanas después de que España proporcionara asistencia sanitaria a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario. La semana pasada el Parlamento Europeo censuró el uso de Marruecos de sus fronteras para presionar políticamente a España.

El tropezón al referirse a la ciudad autónoma no es el único error del examen, la primera de las cinco pruebas que forman la oposición. Se trata de un test de 50 preguntas de opción múltiple, en el que no se permite diccionario ni ningún otro tipo de soporte. Los aspirantes deben alcanzar al menos el 60 por ciento de la puntuación para continuar en la lista de candidatos.

Faltas de ortografía y mal redactadas

A lo largo de sus 25 páginas, el documento contiene medio centenar de cuestiones en las que reinan la mala redacción y las faltas de ortografía. “No tiene ni pies ni cabeza. El que ha redactado esto o no es arabohablante nativo o es un palurdo de algún suburbio de Casablanca”, comenta con sorna la fuente. La sorpresa es compartida por quienes se preparan la oposición cuyo plazo de solicitud se cerró a finales del mes pasado.

Desde Exteriores, no obstante, explican que «las cuestiones gramaticales, ortográficas, de puntuación y léxicas que se señalan en la noticia tienen que ver con el propio examen, dado que las opciones deben contener errores a fin de que los aspirantes elijan la correcta».

«Están contemplados como parte del ejercicio, que siempre se realiza sin diccionario. Toda frase que contenga algún error queda automáticamente descartada como respuesta correcta. Consecuentemente, los errores que se incluyen son intencionados para demostrar la competencia de los aspirantes», agregan. Sin embargo, según ha podido comprobar El Independiente, existen frases mal redactadas y con errores que son dadas como correctas.

En las sucesivas preguntas, faltan comas, conectores y se confunden términos. Existe, además, una abundancia de cuestiones referidas a Marruecos y en algunas se ensalza a Mohamed VI destacando «que se mantendrá vigilante para garantizar el respeto a la Constitución y la preservación del ejercicio democrático».

A este propósito, la diplomacia española subraya que «las personas que lo elaboraron no se encuentran en la actualidad prestando servicios en el ministerio de Exteriores» y que el examen estaba orientado para unas plazas de Defensa en Sevilla, Almería y Canarias. «Se buscaba un conocimiento profundo de Marruecos y por tanto una comprensión específica del lenguaje utilizado en medios afines y autoridades», arguyen.

Los consultados por este diario tildan de “surrealista” la prueba y una muestra más de los problemas que supone la traducción del árabe y sus dialectos nacionales al castellano más allá de las intenciones de quien traduce. En 2017, por ejemplo, un intérprete de árabe se declaró no apta para asistir en el testimonio de un acusado en un juzgado de Madrid porque no podía entender al marroquí que se sentaba en el banquillo y que hablaba “dariya” (árabe marroquí). “El árabe estándar está tan lejos del ‘dariya’ como el rumano del latín”, señala el intérprete.