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Los datos tras el 'huracán' Yolanda Díaz: ¿espejismo o realidad electoral?

Yolanda Díaz, durante la clausura del 12º Congreso Confederal de CCOO, en el Madrid.

Yolanda Díaz, durante la clausura del 12º Congreso Confederal de CCOO, en el Madrid.

En plena disputa por la reforma laboral, el nombre de Yolanda Díaz no deja de repiquetear en la esfera mediática y entre la opinión pública. Suena entre compañeros de confluencia y entre personalidades alejadas de su posicionamiento ideológico. Desde Jaume Asens, presidente de Unidas Podemos en el Congreso, que ve “miedo” en el PSOE por la popularidad de Díaz; hasta el estratega Iván Redondo, que la considera “una opción perfectamente viable” para instalarse en La Moncloa, cuando, hasta este verano, la corriente ‘sanchista’ era indiscutible para él.

Díaz, que ha pasado de ser coordinadora de Izquierda Unida (IU) en Galicia -hasta 2017-, y militante rasa del Partido Comunista (PCE) a ministra de Trabajo, ha evolucionado en cuestión de meses desde una posición pública muy discreta, a estar en todas las quinielas para encabezar la próxima candidatura electoral nacional en sucesión de Pablo Iglesias. Ahora bien, ¿es el fenómeno Díaz tan fuerte dentro de la izquierda?

Lo que perciben los sondeos

Si atendemos a las encuestas publicadas recientemente, el espacio político que Díaz pretende liderar a la izquierda del PSOE no sólo no reflota tras el hundimiento experimentado en 2019, sino que desciende más. Frente al 13% de respaldo electoral y los 35 diputados que ostenta UP en el Congreso actualmente, consultoras privadas como SIGMA2, GAD3 o DYM, ofrecen una horquilla de entre el 10,1 y 11,1% de estimación de voto y entre 24 y 26 escaños. Unos resultados a los que habría que añadir el grupúsculo de Íñigo Errejón y Compromís que, en el mejor de los casos, doblaría resultados con siete representantes.

En el caso de la métrica pública, el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), cuyos métodos y dirección están siendo investigados y están más cuestionados que nunca por los partidos de la oposición, no mejora los datos de los morados: un 11,8% de respaldo.

Para Narciso Michavila, presidente de investigadora social GAD3, la atención mediática que viene arrastrando Díaz no responde a otra cosa que a “una moda” transitoria, e insiste en que lo importante son los datos: UP viene de “un desgaste de largo recorrido” en sus principales feudos.

“De ser el segundo partido de Galicia, a desaparecer” del parlamento autonómico, a lo que se añade los malos resultados en País Vasco, Cataluña y Madrid, donde “si no llega a presentarse Iglesias para presidir la Comunidad, se quedan fuera”, asevera.

Michavila opina que “los escenarios electorales que tiene UP por delante son terribles”, porque la política española asiste al “fin de ciclo del 15M” y “no hay” candidato “que los pueda levantar”. Ni siquiera Díaz. Principalmente, porque la COVID-19 “está pegando muy fuerte” a su potencial electorado: “Muy jóvenes, de izquierdas, con alto nivel académico y unas expectativas muy elevadas” que ha comprobado que, en el poder, el partido “tiene las mismas limitaciones que el resto”.

No hay Yolanda Díaz que impulse a esta izquierda cuesta abajo

Narciso michavila

El presidente de GAD3 cree que “el problema no lo va a tener Díaz”, sino su marca política en regiones como Andalucía y la Comunidad Valenciana, donde aún la izquierda del PSOE guarda algo de peso. También en los ayuntamientos. Pero, en base a las encuestas que maneja, prevé que cuando la ministra de Trabajo llegue a las generales, “no va a tener plataforma ni nada igual”; porque, a diferencia de otros partidos nuevos, UP ha sido “demasiado personalista”, y “la marcha de Iglesias se nota”, sentencia.

El perfil y el momento político

Ernesto Ganuza, sociólogo e investigador del Instituto de Política de y Bienes Públicos del CSIC, advierte que el problema de atender en este momento a las encuestas, aunque “lo que sale en ellas pulsa la opinión de todo el mundo”, es que Díaz “aún no es percibida como candidata” por la gente. Ni de UP, ni de nada. “Hay que diferenciar lo que es ella como ministra, que se está ganando la confianza de muchos”; y, luego, “lo que es la carrera electoral”, matiza.

“Realmente Díaz y UP no han sido claros de lo que quieren”, pero la esfera mediática “le da bombo porque es muy buena, es enérgica y desafiante para cualquier posible futuro candidato” del espacio progresista, señala Ganuza, que la identifica como una líder con “mucho cuajo, sensata, dialogante y que nunca pierde los estribos”, algo completamente opuesto a lo que ha sido el tono de los partidos a la izquierda del PSOE en la última década.

Díaz no es percibida como candidata, sólo como parte del Gobierno

Ernesto ganuza

En contraposición de Michavila y al igual que Ganuza, el politólogo Eduardo Bayón cree que “la atención está justificada” porque empieza a ser “una referente de un sector amplio”. Y, también, coincide con el sociólogo del CSIC en que, para analizar el momento político que vive la ministra, “lo importante no es la estimación de voto o cómo de tensionado esté ese espacio”; porque “está en reconfiguración y no representa un escenario electoral futuro” donde ella presente su plataforma.

Si atendemos a las encuestas, insiste Bayón, que sea a “los datos de valoración” de la propia Díaz. Concretamente a dos. Por un lado, “supera a Pedro Sánchez en todas las posiciones ideológicas”, incluido “en el centro y el centroizquierda”. Incluso gente no tan alineada con su doctrina, “puede plantearse votarla en un momento puntual”, destaca. Por otro lado, “es la segunda preferida para presidir un gobierno, muy cerca de Sánchez y por encima de Casado”, dice Bayón. “Y lo importante de esos datos”, concreta, “es el conjunto, la progresión al alza en el tiempo”, que es sostenida.

En términos de estima, la reciente encuesta del CIS otorga a la ministra Margarita Robles un 5,5 sobre 10, una décima más que a Díaz, que iguala a la ministra de Economía Nadia Calviño. Siendo así, ¿por qué se habla de la vicepresidenta segunda como antagonista directa de Sánchez en la izquierda?

En palabras de Luis Arroyo, presidente de la consultora Asesores de Comunicación Pública, “el liderazgo de Sánchez, ahora mismo, es absolutamente indiscutido”. Arroyo, que ha sido asesor del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y del propio líder del Ejecutivo hasta 2016, afirma con rotundidad que “a nadie dentro del PSOE se le ocurriría” desafiar, en estos momentos, a su líder, porque tiene un protagonismo “hipersólido y, eso, no va a cambiar en mucho tiempo”.

“En nuestras encuestas o cualquier otra, percibimos que Díaz es la mejor evaluada, pero ni ella ni nadie aprueba”, explica el sociólogo y director de la consultora Elemental Research José Pablo Ferrándiz. Alineado con la idea de imagen de ministra y no de candidata, cree que ese éxito responde a su capacidad de gestión, pero “eso puede cambiar de un día para otro”.

Sánchez tiene un liderazgo hipersólido, y eso no va a cambiar

Luis Arroyo

“Cuando se tiene un liderazgo transversal, en periodo de elecciones y postulada como candidata alternativa, los que te veían con buenos ojos y te aprobaban, comienzan a identificarte como rival y las valoraciones descienden”. Por ahora, “vive su momento dulce”, argumenta Ferrándiz. Lo ejemplifica con la figura de Rubalcaba, “muy bien estimado como ministro de Interior por la lucha contra ETA” pero en caída libre en las generales de 2011, cosechando “el peor resultado socialista” hasta entonces.

Cuando deje de ser ministra y pase a candidata, reitera el director de Elemental Research, “el análisis diario va a ser muy diferente”; van a “sacarle muchos más grises y claroscuros a su imagen” .

Primavera y la lucha de egos

Considerando esa reconfiguración del ámbito más izquierdista, Bayón fija una fecha: primavera de 2022, de cara a los comicios autonómicos del año siguiente y a las generales. “Para entonces”, dice, “Díaz y ese espacio tienen que saber qué quieren hacer y qué desean ser”, porque deben solventar “el problema orgánico y estructural” que arrastra UP y las confluencias.

Contemplando ese escenario, la cuestión central es quién integraría esas nuevas siglas. Lo lógico sería que fueran los rostros más icónicos de todo ese perímetro ideológico, caso de Irene Montero, Alberto Garzón e Ione Belarra; así como Pablo Echenique, Ada Colau o Mónica Oltra. No obstante, según el CIS de octubre, los ministros de UP son los percibidos con menos estima, algo sostenido a lo largo del tiempo. A ello se une el desgaste de Colau en Barcelona, de Oltra en las Cortes Valencianas y del portavoz parlamentario Echenique. El líder de Más País, Errejón, que no se espera que participe en la nueva marca, es de los que mejor valoración recibe: un 4,2 sobre 10.

Izquierda y unidad son un oxímoron en España»

José PABLO FERRÁNDIZ

Ferrándiz, apunta que “la sustitución de líderes carismáticos es muy complicada”, ejemplificándolo con Angela Merkel en Alemania. “Se apostaba por Montero, pero eso transmitía la imagen de monarquía hereditaria”, por eso se eligió a Belarra, “que no tiene esa carga de carisma”. Díaz, al contrario, aunque tenía un plano discreto, “ha surgido como un mirlo blanco” en contraposición a ese “liderazgo de ‘macho alfa’ al que estábamos acostumbrados”. Además, “es una mujer de partido, lleva toda su vida en el PCE y tiene valores muy asentados”, algo que la corriente nacida en el 15M, “no ostenta”.

El director de Elemental Research considera que a la izquierda, pese a esa reputación damnificada, “no le queda otra que concurrir unida”, un “oxímoron” por excelencia en España. Pero señala la “lucha de egos” que ha caracterizado a Podemos como inconveniente. El papel de Díaz con la derogación de la reforma laboral es un plus para construir un relato emocional y electoral: “si le dejan, consigue mérito social”; si no, enarbolará la idea de que “no le han dejado”, concluye.

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