España

El vacío de Podemos a Yolanda Díaz: las rencillas personales que complican su frente amplio

La vicepresidenta segunda se enfrenta a los intentos de tutela y las cuitas personales que arrastran algunos de los rostros que podrían sumarse a su proyecto

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz durante la rueda de prensa del pasado martes.

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz EFE

Las encuestas celebran con grandes alharacas sus intenciones de armar un “frente amplio” a la izquierda del PSOE, pero, puertas adentro, Podemos las recibe con frialdad, con el vacío de una familia mal avenida. Yolanda Díaz participa este domingo en el cierre de la Asamblea Nacional de Catalunya En Comú con un cartel en el que son baja dos de las principales líderes de la formación morada, Ione Belarra e Irene Montero. En esta ocasión y a diferencia de lo que sucedió la semana pasada en Valencia, ambas estaban “invitadísimas”, aseguran fuentes de la organización catalana consultadas por El Independiente.

La ausencia de Belarra -que intervendrá mediante un vídeo grabado previamente- y Montero alimentan las especulaciones sobre cómo está digiriendo el nuevo liderazgo femenino del partido el protagonismo de la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo. Ninguno de sus gabinetes de prensa ha respondido a la petición de El Independiente de conocer la agenda que este domingo impide a Belarra y Montero viajar a Barcelona para asistir a la clausura del congreso de una organización hermana.

Desde el ministerio de Igualdad han declinado proporcionar la información alegando que los morados ya han comunicado que Lilith Verstrynge, secretaria de organización, asumirá la representación. El silencio une a ambas ministras. Ninguna de las dos, que ocupan la secretaría general y la secretaría de acción de Gobierno respectivamente, dedicó ni un solo tuit al diálogo organizado en Valencia entre Yolanda Díaz, Mónica Oltra, Mónica García, Ada Colau y Fatima Hamed.

Un mutismo que despierta incredulidad entre los espacios políticos cercanos a Podemos. Anticipan, a su juicio, los escollos que deberá salvar Díaz para ensamblar una confluencia en la que tanto Podemos como Izquierda Unida tratarán de imponer sus cuotas y en las que podría haber vetos cruzados entre los protagonistas de lo que nació en enero de 2014.

El escollo Errejón

Según ha podido saber este diario, uno de esos nombres que aprieta el nudo gordiano es Íñigo Errejón. En Podemos ni olvidan ni perdonan la serie de desencuentros con Pablo Iglesias que desembocaron en la ruptura total en enero de 2019, cuando el hasta entonces designado oficiosamente como cabeza de lista de Podemos a la Comunidad de Madrid comunicó su intención de presentarse bajo la plataforma Más Madrid. “Es un movimiento que ha vivido muchas cosas en muy poco tiempo y todo está muy reciente, incluido lo de Errejón e Iglesias”, aducen desde el entorno de la organización.

Nadie oculta que el “affair Errejón” sigue envenenando las relaciones de Podemos con sus escisiones e hipotecando los esfuerzos de la vicepresidenta segunda de acercarse al otrora número dos de Iglesias. No es la única rencilla pendiente de restañar. Como en las mesas del convite nupcial de una familia con una ristra de casus belli por estallar, habrá que hacer encaje de bolillos para evitar enfrentamientos.

De Errejón con Montero y otros miembros que asistieron en primera línea a aquel divorcio o de la ministra de Igualdad con Mónica Oltra. También la posibilidad aún remota de que pueda sumarse Teresa Rodríguez y su opción andalucista. La nueva confluencia debe superar otras reticencias, como las de Joan Baldoví -procedente del Bloc Nacionalista Valencià, una de las tres ramas de Compromís- que fue determinante para hacer girar a la coalición valenciana hacia la esfera de Más País frente a la opinión de Oltra, más partidaria de seguir hermanados con Podemos.

La ministra de Trabajo y Economía Social mantiene relaciones cordiales y de cooperación con las líderes de Podemos. Se ha apoyado en ellas para, por ejemplo, alertar de las resistencias y las zancadillas del socio mayoritario del Gobierno en la reforma laboral. Fue un tuit de Belarra -a petición de Díaz, cansada de las injerencias de Nadia Calviño- el que reclamó una reunión urgente con el PSOE y abrió el debate. Curtidos en las diferencias que durante años debilitaron públicamente el espacio, en Podemos aseguran haber aprendido y rehúyen cualquier intento de evaluar los lazos que unen a sus principales protagonistas.

Cartel anunciador del cierre de la Asamblea Nacional de Catalunya En Comú. Arriba, el inicial. Abajo, el difundido esta semana con la acotación de la intervención grababa de Belarra

Para reducir el ruido exterior, Belarra -que alega tener un compromiso familiar- accedió a participar en el cierre de la Asamblea Nacional de Catalunya en Comú a través de vídeo. En el caso de Montero, se insiste en que su cargo orgánico aconsejaba que fuera alguien con mayor peso como Verstrynge. Los organizadores del acto -en el que junto a Díaz participan Colau; Alberto Garzón; Oltra; y Jéssica Albiach- indican a este diario que ambas fueron invitadas hace semanas. En los últimos días, los comunes han modificado en sus redes sociales el cartel para introducir la precisión de la intervención grabada de Belarra.

Lo que hay es una agrupación de distintas marcas con sus familias, tendencias y orígenes. Son muchos equilibrios

“Es un partido nuevo en el que se mezclan movimientos recientes con partidos más históricos. Hay maneras de hacer diferentes. Son cosas que van sumando y resulta más fácil cuando se tiene un partido estructurado como el PSOE. Aquí lo que hay es una agrupación de distintas marcas con sus familias, tendencias y orígenes. Son muchos equilibrios a hacer”, explican desde movimientos próximos a Podemos. Una procesión a la que hay que añadir el desgaste de ser el socio minoritario de un Gobierno y tener que asumir contradicciones como el reciente voto favorable a Enrique Arnaldo como polémico miembro del Tribunal Constitucional, propuesto por el PP.

Sigue contando con el apoyo de Podemos

Según ha podido constatar este diario, Podemos sigue apoyando a Díaz en su búsqueda de un frente amplio que sea capaz de volver a unir el espacio situado a la izquierda de los socialistas. “No ha cambiado en absoluto”, insisten fuentes conocedoras. A pesar incluso de las declaraciones lanzadas a principios de semana por Pablo Iglesias, que especuló con un adelanto de las elecciones generales el próximo año y pidió a su sucesora que cerrara pronto el papel en la futura coalición de Podemos e IU. En mayo Iglesias la designó heredera al calificarla de «la próxima presidenta del Gobierno de España». Las palabras de esta semana, en cambio, fueron interpretadas como el enésimo intento de tutelar a la vicepresidenta segunda, que trató de despejar cualquier duda.

“Vamos a hacer tres cosas: gobernar, gobernar y gobernar. Y me parece que ésta es la tranquilidad que necesita nuestro país y afrontar los grandes retos de transformación de nuestro país. El resto de especulaciones no le competen al Gobierno de España”, replicó Díaz en la rueda de prensa posterior al consejo de ministros. No hubo más referencias a las cábalas que agitan el espacio morado por voluntad de la gallega. “Las preguntas ajenas a las cuestiones del Gobierno las tendré que responder en otra ocasión”, esbozó quien, pese a mantener el carné comunista, asegura no militar en ningún partido.

Quienes se hallan al tanto de las dinámicas que deben entrar en juego recalcan que es demasiado pronto, como se ha indicado en algún medio de comunicación, para estar hablando de confección de listas y de aspectos como la incorporación de Más País o la comparecencia de Díaz por una provincia distinta a la de Madrid, la circunscripción habitual de aquellos candidatos que aspiran a llegar a La Moncloa. “Es que es difícil predecir cómo será la fórmula para integrar a Errejón, tal vez su espacio sin él. Es una cosa compleja y muy lenta. Aparte de los aspectos ideológicos se mezclan las personas”, aciertan a decir.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz durante la sesión de control al Gobierno celebrada por el pleno del Senado el pasado martes. EFE

No hay dudas de puertas afuera

A estas alturas, nadie oculta que las cuitas internas -amplias y complejas- constituyen los principales obstáculos. Externamente, en cambio, todo parecen facilidades. Los sondeos reflejan el acierto de colocar al frente a Díaz. La última encuesta del CIS, publicada esta semana y elaborada entre el 2 y el 11 de noviembre, concede una subida de dos puntos a Unidas Podemos, que obtiene el 13,6 por ciento en estimación de voto. Aunque no alcanza el aprobado, la vicepresidenta segunda lidera la clasificación de líderes más valorados, con 4,76 puntos; seguida de Pedro Sánchez (4,45); Errejón (4,13) y la presidenta de Ciudadanos, Inés Arrrimadas (3,61).

Sigue siendo la dirigente política mejor valorada por los españoles, según el CIS

Con estos números la dirección de Podemos no tiene escapatoria. Son conscientes de que, por encima del grado de satisfacción con la propuesta que arma Díaz, la Ley D’Hondt penaliza la fragmentación, y de que deberán hacer de tripas corazón para asumir algunas de sus decisiones. Otro tema será cuando llegue la hora de configurar las listas y algunos de los ministros del ala podemita del Gobierno -hasta ahora intocables por el equilibrio de fuerzas que representan- pueda no encajar en los planes de Díaz.

“Yolanda tendrá que ejercitar cierta generosidad con alguna gente”, arguye Víctor Lapuente, catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Gotemburgo (Suecia). “Uno de los problemas que tiene la política española es que quema muy rápido y gente muy joven se termina retirando”, advierte.

La consigna, en estos momentos, es que Díaz está volcada en la reforma laboral y en una mesa de diálogo que desde esta semana ha incrementado a dos sus reuniones semanales. El texto debe publicarse en el Boletín Oficial del Estado (BOE) antes de que acabe el año, como parte del compromiso del Ejecutivo con Bruselas para la recepción de los fondos europeos.

Luego habrá tiempo de abrir la operación para ensanchar la izquierda que habita más allá del PSOE, en la que la ministra deberá prepararse para una negociación tan incisiva como la que libra estos días con sindicatos y patronal. “No creo que se trate de una suma de partidos ni una suma de egos. Sé que lo que estoy diciendo puede generar malestar”, declaró a finales de septiembre, anticipando sus pretensiones.

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