El PP quiere unas fiestas tranquilas, pero todo apunta a que las cenas navideñas no apaciguarán el torbellino que sacude las filas del partido desde hace nada menos que tres meses. El ambiente sigue enrarecido por la guerra fratricida entre Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado, un conflicto que el jefe de filas populares ha decidido dejar en pausa hasta que se acerque el momento de convocar definitivamente el congreso del PP de Madrid, que incluso podría retrasarse por el carrusel electoral que se prevé en primavera. En mitad de la batalla, el presidente del PP y la líder de la Comunidad de Madrid un firmado un ‘pacto de no agresión’ y diversos dirigentes de la cúpula nacional celebran que, por fin, el suflé de tensión haya comenzado a bajar… aunque con una alegría comedida.

Y todo porque el diligente auge de Vox exaspera al ‘núcleo duro’ de los populares, desde cuya cúpula lamentan que todos los esfuerzos de Pablo Casado por construir un perfil político sólido y una alternativa programática creíble y consistente -el líder de la oposición ha protagonizado en la última semana una gira latinoamericana para reivindicar una «alianza por la libertad» frente a regímenes como Venezuela o Cuba- no surten efecto, y todas las miradas siguen dirigiéndose a la crisis sin resolver en el seno del partido. Las alarmas respecto a la rápida progresión de Vox no sólo se han disparado en el ‘búnker’ de Génova, sino también en las capas intermedias y territoriales del partido.

El impulso de los de Santiago Abascal es tal que, mientras el PP frena en seco e, incluso, retrocede en la positiva tendencia que registró a partir del 4-M, Vox mejora su marca en hasta en 12 escaños, como refleja por ejemplo el último sondeo de IMOP Insights para El Confidencial. Fuentes del PP rebajan la euforia de la fuerza situada justo a su derecha, pero hay quien recela del a posibilidad de que, de seguir esta tendencia mucho más tiempo, no podrán mantener la premisa de que Vox no entrará en ningún futuro Gobierno liderado por Pablo Casado y que su apoyo será externo en caso de que ambas fuerzas logren sumar los 176 escaños necesarios una vez vuelvan a abrirse las urnas. En una entrevista para El País de Uruguay, el propio presidente del PP se reafirmó la semana pasada en su intención de dejar fuera a Vox en un hipotético nuevo Ejecutivo, un «partido populista» con el que él espera «no tener que gobernar».

Con este escenario como telón de fondo, diversos dirigentes del partido, entre ellos barones autonómicos consultados por El Independiente, han comenzado a movilizarse para instar a Pablo Casado a que haga frente a la estrategia desplegada por Santiago Abascal, que consiste en un acercamiento expreso a Isabel Díaz Ayuso para desgastarle tanto a él como a la propia acción política nacional del primer partido de la oposición. «Claro que existe una estrategia nacional de Vox para favorecer a Ayuso y debilitarnos al resto«, analiza un presidente autonómico del PP. «Hay un tratamiento diferente, en los pactos, en los discursos (…) pero la responsabilidad es nuestra. Somos nosotros quienes debemos frenarlo», suscribe otro barón territorial, que insta a Casado a «reaccionar» para no dejar libre ese terreno a Vox.

«Es evidente que Vox seguirá esa estrategia, pero es Génova quien se la ha servido en bandeja con sus ataques a Ayuso«, coincide otro importante dirigente autonómico del PP, con recelos respecto a la estrategia desplegada por la dirección nacional del partido con la presidenta de la Comunidad de Madrid en el marco de la carrera por hacerse con el control orgánico del PP en la región que preside, una operación que, a su juicio, también da alas a Vox. «Todo lo que crezcan se deberá en gran parte a nuestros propios errores«, aduce un alto cargo con despacho en Génova, que hace también un llamamiento a calmar del todo los ánimos con Ayuso para evitar ensanchar la ventana de oportunidad que han encontrado los de Santiago Abascal.

Las fuentes consultadas coinciden además en que Pablo Casado no es el único damnificado por esta estrategia de sus socios externos, sino básicamente «todo aquel que no se llame Isabel Díaz Ayuso». No hace falta ir muy lejos para encontrar un ejemplo de ello. En la capital, José Luis Martínez-Almeida y Javier Ortega Smith han entrado en una batalla encarnizada por la aprobación de los presupuestos municipales que contrasta, y mucho, con el tono y la aparente buena sintonía entre Rocío Monasterio e Isabel Díaz Ayuso, que cerraron el pasado 30 de noviembre un acuerdo para las cuentas públicas autonómicas. Sin embargo, en Cibeles Vox ha puesto la zancadilla al regidor del PP -al que se refieren con términos como «Carmeida», en alusión a la ex alcaldesa Manuela Carmena– al entender que Almeida se ha echado «en manos de los comunistas» y ha «mentido» a los madrileños en asuntos como Madrid Central. Las posiciones entre PP y Vox están tan enfrentadas que incluso los concejales ‘carmenistas’ se han ofrecido al regidor madrileño para sacar adelante las cuentas previa negociación.

La relación entre PP y Vox también está completamente rota en Andalucía. Allí, la formación situada a la derecha de Juanma Moreno decidió romper todos los puentes con el barón andaluz después de tres años de alianza y tumbar sus presupuestos autonómicos, abocando a la región a unas elecciones anticipadas que podrían llegar antes de verano. El portavoz de Vox en Andalucía, Manuel Gavira, justificó la ruptura por el incumplimiento de materias pendientes del pacto de investidura en la cuestión migratoria, en la ley de memoria o en la eliminación de gasto administrativo, y como Ortega Smith en Madrid asemejó la gestión del dirigente popular a las políticas socialistas de los últimos cuarenta años.

La situación no es mucho mejor en Castilla y León, donde el único parlamentario de Vox ha presentado enmienda a la totalidad a los presupuestos de Alfonso Fernández Mañueco, cuya aprobación corre peligro por la ruptura del grupo parlamentario de Ciudadanos y la fragmentación política que lleva al barón del PP en la región a tener que negociar con regionalistas como Por Ávila o Unión del Pueblo Leonés (UPL). Como en Andalucía, Vox exige a Mañueco que adelante las elecciones -las urnas podrían abrirse en primavera- y reiteran la ruptura con el PP en la región al acusar al presidente autonómico de ser una «marioneta de la izquierda».

Ayuso rechaza la «trampa» de Vox

Casi los únicos guiños en positivo de Vox al PP se producen en la Comunidad de Madrid. Isabel Díaz Ayuso y Santiago Abascal mantienen una buena relación, igual que con otros destacados dirigentes de Vox. A diferencia de otros compañeros de partido, la presidenta madrileña siempre ha evitado calificar a Vox de «extrema derecha» o «populistas», sino una formación con la que asegura tener «diferencias» pero con la que se puede llegar a un entendimiento, como lo demuestran diversos acuerdos y negociaciones emprendidas en la región con la formación que en Madrid lidera Rocío Monasterio y que demuestra que ambas dirigentes son más aliadas que rivales. «Manténgase en la defensa de la libertad, frene a la izquierda y tendrá nuestro apoyo», reiteró la dirigente de Vox en una comparecencia tras alcanzar un acuerdo para las cuentas públicas de la región.

Sin embargo, como el resto de barones autonómicos, en el equipo de la presidenta madrileña ven también con claridad la estrategia de acercamiento de Vox a Ayuso y el ‘lazo’ que los de Santiago Abascal le quieren echar a la dirigente para «utilizarla» para desgastar a Pablo Casado, una estrategia que fuentes de su entorno rechazan con rotundidad.