España

La revista de Garzón urge a Yolanda Díaz a activar ya su proyecto y le alerta contra el liderazgo “mesiánico”

Asocia los conflictos internos en Podemos y sus confluencias a la lucha por los recursos económicos de la subvenciones públicas

Yolanda Díaz en un acto el pasado día 7 sobre precariedad laboral Europa Press

“Los procesos no deben forzarse, pero tras las elecciones en Castilla y León, a meses de las andaluzas y a menos de año y medio año de locales, más autonómicas y generales, tampoco se puede seguir sorteando el elefante en la habitación. Hacerlo conduciría, en el mejor de los casos, a pactos apresurados de las direcciones partidarias (o de los liderazgos) sin solidez alguna por la base”. Quien dice esto habla del proyecto electoral de Yolanda Díaz y lo hace desde una revista de cultura y pensamiento, tal y como se autodefine, que dirige el ministro de Consumo y líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón.

La publicación, digital, responde al nombre de “La-u” y en ella urgen a la vicepresidenta segunda a que no siga retrasando su plan para constituir una plataforma amplia de izquierdas aglutinadora de diferentes partidos y sensibilidades. En Unidas Podemos comienzan a estar nerviosos con los sucesivos aplazamientos para la puesta en marcha de este proyecto, por eso creen que no “es momento de avanzar a paso firme con ritmos geológicos que nunca llegan a buen puerto”.

«No podemos fiar el futuro a líderes o lideresas de quienes dependamos mesiánicamente», afirma el artículo

Quizá los autores del texto, Pepe Paz y Juan Manuel Aragües, no se terminen de creer la promesa de Pedro Sánchez de agotar la legislatura, por lo que hipotéticamente, quedaría tiempo para construir esa alternativa. No hay ninguna mención expresa a ello, pero sí a comenzar a dar pasos ya. El primero es experto en Derechos Humanos y Políticas Públicas. El segundo profesor de Filosofía en la Universidad de Zaragoza y autor de Deseo de multitud. Diferencia, antagonismo y política materialista.  Ambos vinculados a Izquierda Unida.

Además de alentar a Díaz, también le advierten del pecado en que puede incurrir. Asumen los autores que en 2022 “no podemos atarnos únicamente a formas de participación creadas en el mundo del siglo XIX, que han mostrado su potencia pero también sus limitaciones, en especial en cuanto a la ampliación de los apoyos que necesitamos”, en alusión a los partidos políticos.

Bajo el título «Hacía 2023: por una agenda del cómo», objetan que “tampoco podemos fiar el futuro a la elevación de líderes o lideresas de quienes dependamos mesiánicamente sin contrapeso ni organización de base democrática alguna que solo nos ‘permitan’ votar plebiscitos o currar en campañas sin poder de decisión alguno”. Y es que tanto Podemos como Izquierda Unida desconocen el papel que les tiene reservado Díaz, se quejan en ambas formaciones.

No delegar en los «aciertos o errores» de Díaz

Y si bien aseguran estar representados por “la figura mejor valorada en el panorama político español”, que está asumiendo, además, una gran responsabilidad personal, “el conjunto de las fuerzas antagonistas, de sus organizaciones y de las personas que formamos parte de ellas tenemos una mucha mayor responsabilidad colectiva que no podemos delegar en sus aciertos o errores: crear las condiciones, impulsar los mecanismos y cuidar los procesos que hagan posible ese horizonte” de una izquierda alternativa con posibilidades de éxito.

No rehúyen tampoco la autocrítica con respecto a la posición de los partidos políticos del espacio morado y sus confluencias. Critican la inexistencia de un “proceso de debate y de reconstrucción colectiva”. “Parece más bien que cada cual, al menos cara afuera, sigue adelante su camino con una determinación sorprendentemente autosatisfecha. E intentando no mojarse mucho en la concreción sobre lo que debería ser o no ser ese ya bautizado ‘frente amplio’ que, por el momento, se presenta como única propuesta de reagrupamiento de las fuerzas antagonistas”.

Una carencia de debate “que era esperable porque en este tiempo no hemos sabido o podido dotarnos de los espacios que lo permitan, lo promuevan y lo cuiden. Y en este escenario, y ante la inminencia del próximo ciclo electoral, no nos parece que seguir arrojándonos a la cabeza posiciones absolutas pueda sernos de mucha utilidad”, sentencian.

Los autores acusan a la izquierda a la izquierda del PSOE de venir “de un ciclo en el que cada facción de las fuerzas antagonistas se ha empeñado en demostrar que ‘su’ elección estratégica en cada asunto en disputa era la clave imprescindible para ganar», en alusión, muy probablemente, a la necesidad que tiene Podemos de marcar perfil propio en cada cuestión que se suscita.

Asocian los conflictos internos en Podemos y sus confluencias a la lucha por los recursos económicos

Y agregan que prácticamente todas las organizaciones de lo que se llamó el espacio del cambio «fluctúan entre una aparente autosatisfacción por el camino emprendido, un resignado retorno a la marginalidad o una encomienda a surfear la respuesta social cuando esta se produzca».

Además, coinciden con Díaz en la necesidad de idear un modelo superador de los partidos que, si bien, cuente con ellos, se abra «a un público amplio, incluso despolitizado», lo que no significa «despreciar la identidad, el trabajo y el lenguaje de miles de personas que aportan un músculo organizativo y una base social irrenunciable, que haríamos mal en dar por supuesta e incondicional».

Una reflexión muy interesante de los autores hace referencia a los conflictos internos que han vivido las formaciones políticas de este espacio a la izquierda del PSOE, para acabar coligiendo que «todos los conflictos internos de los pasados años han cursado con acusaciones y/o disputas por los recursos económicos derivados de la participación institucional«.

No lo plantean en términos de «corrupción y puro provecho propio personal instalados en las derechas», pero sí «en la competición por los medios económicos o los puestos de trabajo asignados a cada organización». Y las limitaciones de sueldos de los cargos representativos «han alimentado paradójicamente un mecanismo perverso al detraer el exceso salarial de las personas electas para derivarlo no al proyecto común de las confluencias, sino a las organizaciones de partida

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