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Colegios, hipotecas y familia, el incierto adiós de 186 guardias civiles de Trafico en Navarra

El anuncio de la cesión de la competencia de Tráfico en menos de cuatro meses ha generado una profunda incertidumbre entre los integrantes de la unidad en la Guardia Civil. "No nos han informado de nada y esto no sólo nos afecta a nosotros".

Agentes de la Guardia Civil controlan el tráfico durante el estado de alarma.

Agentes de la Guardia Civil controlan el tráfico durante el estado de alarma. ep

Hace años que el ruido no ha cesado. Lo ha hecho con intensidad variable según cada momento político. Ahora es más ensordecedor que nunca, esta vez parece que pueda ser el último estruendo, el definitivo. En los 53 cuarteles dispersos por Navarra no se habla de otra cosa desde hace unos días. También en no pocas casas de guardias civiles destinados en la Comunidad Foral. La incertidumbre y la ansiedad por el cambio que en un plazo breve deberán decidir para sus vidas y la de sus familias se ha instalado desde que esta semana el Gobierno pusiera fecha al final de la competencia de Tráfico en Navarra en manos de Interior.

En las casas de los 186 agentes afectados el calendario de 2023 tendrá el 31 de marzo señalado. Es el día en el que se agotará el plazo acordado con EH Bildu para que el control de las carreteras, del tráfico en Navarra, pase a asumirlo de modo exclusivo la Policía Foral de Navarra. Quizá en la práctica el ejercicio de la competencia continúe durante mucho tiempo más como hasta ahora, compartido entre ambos cuerpos, pero en poco más de cuatro meses la gestión dependería del Gobierno de Chivite y no del Ministerio de Grande Marlaska.

La batalla política que se ha abierto entre los partidos, entre acusaciones de buscar expulsar a la Guardia Civil de Navarra, replicas tildándolas de falsas y cruces de manifestaciones entre críticos y defensores, apenas salen en las conversaciones con los agentes. Además de incertidumbre, entre los guardias civiles destinados en Navarra hay temor a hablar. La mayoría prefiere tratarlo entre compañeros, dentro de los cuarteles y mantenerse en silencio cuando se les pide opinión fuera de ellos. Temen represalias si manifiestan realmente lo que opinan sobre el modo en el que se les está tratando. Quienes acceden a hablar lo hacen con reservas, con peticiones de anonimato. Los expedientes por hablar más de la cuenta son habituales, insisten.

Recuerdan que ellos son disciplinados, que no les corresponde cuestionar las decisiones de los políticos, sólo cumplir lo que se les ordene. Están formados para ello. Lo que no admiten es que se les arrincone, que se juegue con ellos, que se les utilice como moneda de cambio en una negociación poniendo en juego su futuro más próximo y el de sus familias: “A nosotros de todo esto no nos dicen nada de nada, somos los últimos en enterarnos”, es el lamento más repetido.  

«¿Tendré que matricular a mis hijos en otro lugar?»

El pasado miércoles ‘El Independiente’ publicaba que sólo una semana antes de que el PSOE pactara con EH Bildu la cesión de la competencia de Tráfico a Navarra antes del 31 de marzo próximo, la dirección del Cuerpo aseguraba a los sindicatos que esa cuestión “estaba parada”. Hoy saben que, en poco tiempo, de cumplirse los plazos, tendrán que tomar una decisión importante que determinará su destino. El problema es que a día de hoy ni siquiera saben cuáles serán las alternativas, las opciones entre las que tendrán que optar.

No es su nombre real, pero pongamos que se llama Fermín. Es mejor así, insiste. Lleva muchos en la Unidad de Tráfico de Navarra, la conoce muy bien. Reconoce que tras hacerse público el acuerdo le invadieron las dudas: “Empecé a preguntarme y ahora qué hago con el piso, con el colegio de los niños… ¿Tendré que matricularlos en otro lugar? Todos tenemos familias, hipotecas y lo que suceda no sólo nos afecta a nosotros sino a toda nuestra familia, al colegio de los hijos o al trabajo de mi mujer, donde ya le han preguntado si seguirá o no, si deben buscarle sustituta. Y lo peor de todo es que no nos dicen nada de nada”.

Fermín es de los que a día de hoy tiene claro que no se pasará a la Policía Foral. Sólo unas condiciones “demasiado, demasiado buenas” le podrían hacer cambiar de opinión. Lo suyo y lo de la mayoría es la Guardia Civil: “La mayoría va a seguir de verde”, apunta. Y en particular la unidad de tráfico en la que, como es su caso, lleva más de una década, “yo no quiero trabajar en otra cosa que no sea Tráfico”. Si quiere seguir haciéndolo será en otra comunidad autónoma, con lo que ello supone de traslado familiar, o pasándose a la policía navarra.

De las conversaciones con sus compañeros asegura que la mayoría no desea abandonar Navarra. “Estamos muy integrados aquí. Ya no se vive en los cuarteles sino en pisos. Somos muchos los que hemos hecho nuestra vida aquí, hemos conocido a nuestras mujeres aquí, pagamos hipoteca aquí, etc. y no queremos marcharnos”. Fermín reclama más información para quienes son los principales afectados del acuerdo, los agentes: “No nos han contado nada de esa pasarela hacia la Policía Foral que anuncian y de la que no sabemos nada. Nadie nos dice nada. Terminará como en Cataluña, cuando se lo comunicaron de un día para otro”.

Ahora tráfico… ¿después Seguridad Ciudadana?

Óscar trabaja en otra localidad diferente de Navarra. El suyo también es uno de los cuarteles más importante. Reclama a los políticos que cuando tomen este tipo de decisiones sin contar con los afectados recuerden que “dentro un uniforma hay una persona con una familia, con hijos, hipoteca, estudios en marcha, etc. y las decisiones que pactan generan una gran incertidumbre”.

El acuerdo por el momento sólo afecta a la competencia de Tráfico pero la preocupación se ha extendido a otras unidades: “En Seguridad Ciudadana temen que serán los siguientes”, apunta. El Gobierno navarro aspira a convertir a la Policía Foral en un Cuerpo integral, lo que lleva a los 1.843 agentes destinados en la Comunidad Foral a mirar con recelo lo que ahora afecta ‘sólo’ a sus compañeros de Tráfico: “Hay competencias que seguirán siendo exclusivas del Estado, como fronteras o armas y explosivos, pero ahí están otras como Seguridad Ciudadana, el SEPRONA, Medio Ambiente… quizá no”.  

La especialización que requiere pertenecer a la unidad de Trafico se traduce en un complemento salarial, algo que complicará el proceso limitando las salidas o condicionándolas al mantenimiento de las condiciones: “Nuestro futuro está en el aire. Cada uno tiene sus circunstancias. La pasarela no es una mala opción, la Policía Foral tiene buenas condiciones, es un Cuerpo de naturaleza civil, no militar, pero muchos compañeros prefieren seguir y jubilarse aquí, en la Guardia Civil. Pese a que estamos muy bien valorados por la Policía Foral, aquí entra un tema vocacional”.

Ni siquiera el clima hostil que aún persiste en muchas localidades navarras parece ser un aliciente para salir. Fermín reconoce que a pesar de que en la capital o localidades grandes la situación es mejor que en los municipios pequeños como Alsasua o Elizondo, “aún ves que la sociedad sigue muy marcada por todo lo que ha sido ETA”: “Te encuentras con situaciones como que alguien te invita al café en un bar pero lo hace desde el anonimato, para que el resto del bar no se dé cuenta”.

Sin información sobre la ‘pasarela’

Navarra es para otros sólo una etapa intermedia. La peligrosidad por el azote terrorista que históricamente ha padecido lo convierten en un destino que permite no sólo el cobro de ciertos complementos sino también acumular una preferencia a la hora de elegir un próximo destino. En el caso dela Unidad de Tráfico, bastan tres años en Navarra para poder optar en mejores condiciones en un concurso de vacantes para encontrar destino en otra comunidad autónoma.

Desde la Asociación Española de Guardias Civiles (AEGC) denuncian que se está obligando a los agentes a comenzar a plantear su futuro “pero a ciegas”: “Por ahora todo son habladurías. Mientras no digan cómo será esa pasarela, qué condiciones, etc., es imposible decidir nada. Hablamos de un cambio de una policía estatal, de carácter militar a una autonómica y civil, es mucho cambio y todo eso no es tan sencillo de hacer con el margen del 31 de marzo. Para tomar la decisión se necesita toda esa información, para poder valorar cosas como el salario, las condiciones o la jubilación que quedará”, asegura el portavoz de la AEGC, José Cobo.

En este contexto, desde otra de las centrales de agentes, la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), su portavoz, Pedro Carmona, pide explicaciones a las autoridades de las que dependen: “¿Dónde está la directora de la Guardia Civil? No ha dado la cara. Está callada y de perfil, sin dar explicaciones”. Carmona duda mucho de que las cosas cambien de modo sustancial de aquí al 31 de marzo. Considera que hay muchas cuestiones técnicas que son complejas y que será difícil solventar con tan poco tiempo: “En tres meses no da tiempo a comprar coches, formar agentes, etc. Creo que no saben muy bien ni lo que van a hacer”.

Inicialmente el Gobierno de Navarra plantea un proceso de asunción de la responsabilidad de tráfico que será progresiva, por fases. Pese a que la titularidad se pueda asumir plenamente de modo oficial a la fecha acordada, el planteamiento en el que se trabaja pasa por continuar con un modelo de ejecución mixto durante un tiempo. Un periodo para que se complete el paso de los agentes de la Benemérita que lo deseen a la Policía Foral y en el que se ejecuten los procesos de contratación para ampliar de modo sustancial la unidad de Tráfico actual hasta poder asumir íntegramente la gestión del tráfico en toda Navarra hasta que no se requiera del refuerzo de la Guardia Civil. Un proceso que se ha estimado en entre dos y tres años hasta completarse.  

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