España ya ha salido del luto oficial por las 45 víctimas del fatal accidente ferroviario de Adamuz. Se consumían las últimas horas de duelo y se agitaba la oposición. Y enseguida apuntó hacia donde era previsible: Óscar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible desde noviembre de 2023, tuitero guerrillero y empedernido, látigo implacable contra propios (a veces) y ajenos, escudo sin complejos del presidente del Gobierno. Peso pesado del Ejecutivo y del PSOE, visto por algunos como un hipotético sucesor del trono de Ferraz. Óscar Puente, el cortafuegos de Pedro Sánchez, sufría su primera gran crisis. Estaba y está en el disparadero. Pero nadie en el Gabinete y en el partido cree que pueda caer. Al menos, no por ahora. La confianza del líder en él es total y en la Moncloa se manifiestan "tranquilos" tanto con su gestión al frente de su macroministerio como con su política comunicativa, de ocupación de todos los espacios.
Puente, lo reconocen en la dirección socialista, no deja a nadie indiferente. Para bien o para mal. "Genera filias y fobias al por mayor", describe una compañera de la ejecutiva federal. Su temperamento, fortísimo, su empeño en jugar todas las bolas de partido, su ánimo de combate constante, su lengua bien afilada, su exposición pública es un arma de doble filo. Su enorme losa y a la vez su ventaja competitiva. Lo que le convierte en pieza de caza mayor para la oposición y lo que al mismo tiempo le blinda. Un "gran gestor público" pero al que a veces le pierde cierta "imprudencia", como resume una dirigente de Castilla y León que le conoce de toda la vida. Porque así era también en su época de alcalde de Valladolid, el cargo que ocupó entre 2015 y 2023 y que perdió tras las últimas municipales por un pacto de PP y Vox que le arrebató el bastón de mando pese a haber ganado los comicios.
Genera filias y fobias al por mayor", describe una compañera de la dirección. En el partido le reconocen como "un gran gestor" al que le pierden a veces sus declaraciones públicas
Sánchez no va a rendir la plaza. No va a ceder a uno de sus alfiles más preciados y a uno de sus lugartenientes más entregados. No va a cesar a uno de sus grandes diques de contención en el Gobierno. Puente es un pata negra del PSOE, que siempre le apoyó en todas las contiendas internas —incluso la de 2017, contra Susana Díaz, en la que el hoy presidente se impuso con contundencia a todo el establishment del partido—, y al que fichó precisamente para morder. Para esta segunda legislatura, que se presumía desde el principio como muy complicada por la debilidad parlamentaria, el jefe del Ejecutivo necesitaba una poderosa guardia de corps. Y Puente, con la vicepresidenta María Jesús Montero y el ministro Félix Bolaños, como una de las patas de ese tridente de poder. La reflexión que había cundido es que faltaba músculo político en el Ejecutivo, que Sánchez se había quedado desprotegido tras el cese de Carmen Calvo y de José Luis Ábalos —hoy en prisión provisional antes de ser juzgado por presunta corrupción en el Supremo—, que necesitaba alguien con punch. El exregidor de Valladolid, al que ya había sondeado antes para que entrara en el Gabinete (y no quiso), parecía encajar en el puzle. Un dirigente con buena trayectoria como gestor, habilidoso, mordaz y que, con el tiempo, se ha afianzado como un mando muy apreciado (y demandado) por las bases socialistas. Él fue quien, en un golpe en la mesa imprevisto de Sánchez, representó al PSOE en la investidura fallida de Alberto Núñez Feijóo, al que humilló, hablándole "de ganador a ganador".
Algo más de dos años después, el titular de Transportes está señalado por un PP que, como apuntan fuentes muy cercanas, quiere "empatar con la dana". Que Pedro Sánchez pague con la caída de un hombre fuerte como Alberto Núñez Feijóo tuvo que sacrificar, un año después de la riada que se llevó la vida de 230 personas, al president Carlos Mazón. Pero "cuanto más crean que es otra dana es peor para ellos, porque de la comparativa van a salir mal parados", avisan. Ni el ministro estuvo desaparecido después de que se produjera el descarrilamiento del Iryo Málaga-Madrid y su fatídico choque con el Alvia Madrid-Huelva, ni se ha "escondido" después, defienden. Además de que "la renovación de la vía se había completado" y todas las inspecciones estaban "en regla", sin que en ningún momento diera "la cara" esa rotura del carril derecho que, según el informe preliminar de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), pudo provocar el siniestro.
Todo bien. A tope con Óscar. La derecha siempre va a utilizar todo contra nosotros. Pero lo importante es dormir tranquilos. Nosotros podemos. Ellos no", subrayan en el equipo del presidente
"Todo bien. A tope con Óscar. La derecha siempre va a utilizar todo contra nosotros. Pero lo importante es dormir tranquilos. Nosotros podemos. Ellos no", sentencian en la Moncloa. No hay dudas. No hay voluntad de castigar al ministro: El presidente "no lo va a cesar, claro que no". "Óscar es un crack. Y está dando la cara y explicando todo a todos", sentencia un ministro muy cercano al líder del Ejecutivo. "No hay ni el más mínimo cuestionamiento", redunda otro alto cargo del complejo presidencial.
Puente no va a tirar la toalla. Ya lo dijo el pasado viernes, en su tercera rueda de prensa de la semana desde el siniestro de Adamuz. Se siente "absolutamente capacitado" para continuar en el cargo, aunque sí dimitiera si sintiera que por su responsabilidad hubiera contribuido, "por acción u omisión a la causación del daño o a su agravamiento". Aseguró que tampoco teme ser cesado por Sánchez, el único que puede destituirle. A su lado, Pedro Marco de la Peña, el presidente de Adif, quien en todo caso podría ser el primer fusible que quemara el Gobierno en esta crisis, ya que del gestor ferroviario depende el mantenimiento de la infraestructura. Marco, ingeniero reclutado a través del PSE, con un brillante currículum como técnico y una buena gestión en los últimos años como viceconsejero del Gobierno vasco de Infraestructuras y Transportes (2020-2024), como reseñan en su federación, dejó la puerta abierta a su salida si la investigación determina que, "por acción u omisión", hubiera podido influir en el accidente.
A los mandos desde el primer minuto
La noticia del descarrilamiento del Iryo pilla al ministro el domingo 18 de enero de 2026 en Madrid. A las 19.43 los tres últimos coches del convoy se salieron del carril, invadieron la vía contigua y apenas nueve segundos después impactaron con violencia contra la cabeza del Alvia Madrid-Huelva que circulaba en sentido contrario. Nueve personas que viajaban en el tren de la compañía italiana y otras 36 que ocupaban el convoy de Renfe fallecieron. 123 resultaron heridos.
Cuanto más crean en el PP que es otra dana es peor para ellos, porque van a salir mal parados", avisan fuentes próximas a Puente. Él cree "ofensiva" la comparación con Mazón, porque estuvo al frente de sus responsabilidades "en todo momento"
Cerca de las 21 horas, Puente llega al centro de control de Atocha junto a su directora de Gabinete, Encarna Sandonis. Allí también está ya el presidente de Adif. A las 00.45, ya en la madrugada del lunes 19, el ministro comparece por primera vez ante los medios y subraya su extrañeza, habla de un accidente "raro, muy difícil de explicar", porque la vía estaba renovada —los trabajos habían concluido en mayo de 2025, con una inversión de 700 millones de euros— y el Iryo era una unidad nueva, de 2022. Esa primera imagen en la estación contrasta, recuerdan en el Ejecutivo, con la de la tarde de la dana del 29 de octubre de 2024, cuando Mazón se tiró horas y horas en el restaurante El Ventorro comiendo con una periodista mientras decenas de valencianos se ahogaban.