Apenas se recordaba ya una noche electoral dulce en el PSOE. La última fue en mayo de 2024, en Cataluña. Y esta, la de este 15 de marzo, lo fue. Mejor incluso de lo esperado. En una tierra muy dura, muy conservadora, Castilla y León. Los socialistas saltaban en votos y, lo más importante, en escaños. Dos más respecto a los comicios de 2022. 30 en total. Y a la misma distancia, tres procuradores, que tenía antes. No fueron primera fuerza, como creían que podía llegar a suceder, pero sí pudieron apuntarse un triunfo simbólico, al ser esta la primera comunidad autónoma de este ciclo en la que no solo no bajaban, en la que no solo resistían, sino que avanzaban, en buena medida gracias a la absorción del voto a su izquierda. Castilla y León alivió al PSOE, lo que no había ocurrido ni en Extremadura en diciembre ni en Aragón en febrero. Las urnas, muy condicionadas en este tramo final por el No a la guerra, daban así energía al partido en un momento clave, justo a las puertas de que arranque la siguiente campaña, la de Andalucía. La gesta era protagonizada por Carlos Martínez, el secretario general del PSOE de Castilla y León desde hace poco más de un año y alcalde de Soria desde 2007. Un cabeza de cartel del terruño, no procedente del Consejo de Ministros. En todo caso, la gobernabilidad no cambiará, aunque eso sí que no se preveían cambios: el PP podrá seguir al mando, pero apoyado de nuevo en la ultraderecha de Vox. Encadenará así, si culmina la legislatura, 43 años sin pausa al frente de la Junta.
El PSOE, con el escrutinio ya por encima del 98%, logró 30 escaños en Castilla y León, dos más que en febrero de 2022. Con una participación superior a la de entonces, del 65,63% (6,88 puntos más), cosechó 375.265 papeletas, un 30,78% de los votos (0,76 puntos más). Como primera fuerza continúa el PP de Alfonso Fernández Mañueco, con un 35,46% de los votos y 33 procuradores en las Cortes (dos más). Es decir, que la ventaja en actas es la misma que hace cuatro años: tres diputados. En votos, su distancia sí es mayor: 4,68 puntos, por los 1,38 de entonces.
En cualquier caso, las elecciones de este 15 de marzo en Castilla y León refuerzan al bipartidismo, porque PP y PSOE ganan ambos dos representantes cada uno. Vox, en cambio, solo consigue un representante adicional (pasa de 13 a 14 y no llega al 20% de los votos: firma un 18,91%). Unión del Pueblo Leonés (UPL) mantiene sus tres escaños, y también se queda igual Por Ávila (XAV), con un parlamentario. Soria ¡Ya! resulta castigado y pierde dos de sus tres sillones en las Cortes. Podemos se queda fuera de la Cámara y a ella no llega IU-Movimiento Sumar. La izquierda a la izquierda del PSOE compareció dividida y los electores lo penalizaron y concentraron su confianza en Martínez, tal y como Pedro Sánchez pidió en el cierre de campaña en Valladolid.
Los socialistas perdieron el quinto diputado por Burgos —se daba por hecho—, pero a cambio ganaron uno por Soria, la provincia del candidato, uno por Valladolid y otro por Segovia, que aumentó su representación por mayor población. El partido venció en procuradores en Soria, precisamente (2, por un acta que consiguieron PP, Soria ¡Ya! y Vox), y empató en escaños con el PP en León (4), Zamora (3), Valladolid (6), Palencia (3) y Segovia (3). En votos, Martínez se anotó la victoria en Soria y en el feudo histórico de León —en 2002, el triunfo socialista cuajó en León, Valladolid, Burgos y Palencia—. Mañueco ganó en papeletas y procuradores en Burgos, Salamanca y Ávila.
Valladolid era la única circunscripción en la que Podemos o IU podían lograr escaño. Pero ambos concurrieron por separado y ninguno obtuvo representación. El diputado que ambos compartían lo perdieron y quien se benefició fue el PSOE, que pasó de cinco a seis procuradores. IU pescó un 3,92% y Podemos, un 0,80%, por debajo incluso de Se Acabó La Fiesta. Martínez arrebató también uno de sus tres diputados a los provincialistas de Soria ¡Ya!.
Entre las capitales de provincia, el PSOE fue primera fuerza en Soria (37,23%, 18,20 puntos más que hace cuatro años), sin duda por el tirón de su alcalde y candidato a la Junta, y también en Palencia (36,85%, 0,08 puntos más), otra ciudad que gobierna con Miriam Andrés al frente. Es segundo en Valladolid, Salamanca, Segovia, Burgos y Zamora. Queda tercero en León capital (por detrás de PP y UPL), pese a que allí gobierna la ciudad, y en Ávila (después de PP y XAV). En ninguna de las capitales Vox está por delante del PSOE, como sí ocurrió en las elecciones aragonesas y en las extremeñas.
Un candidato con cuatro mayorías absolutas
Los resultados superaron lo que el PSOE esperaba. Ansiaba aguantar. Preservar, o bajar lo menos posible, esos 28 escaños que en 2022 consiguió Luis Tudanca, cuando entonces se quedó también muy cerca del PP, a escasos 1,38 puntos. Desde antes del arranque de la campaña, los socialistas ya pensaban que de las cuatro urnas de este carrusel electoral —Extremadura, el 21 de diciembre; Aragón, el 8 de febrero, Castilla y León, este domingo, y Andalucía, aún sin fecha, pero entre mayo y junio—, las de este 15-M serían tal vez las más favorables, por la alta fidelidad del partido, la solidez de un candidato, Carlos Martínez, que aunque poco conocido en toda la comunidad sí atesora cuatro mayorías absolutas en su ciudad, Soria, que gobierna desde 2007, y por las malas hechuras de su principal contrincante, Alfonso Fernández Mañueco, el barón popular más débil. Además, pensaban que ayudaba una cifra: los 39 años ininterrumpidos que suma ya el PP al frente de la Junta. Desde 1987. Ni más ni menos.
Pero arrancó la campaña y también el ataque de EEUU e Israel sobre Irán y, a partir de ahí, la escalada bélica. Y Sánchez recuperó el No a la guerra de 2003, la consigna que movilizó a miles de ciudadanos contra la invasión de Irak que el Gobierno de José María Aznar había respaldado sin titubeos. En Ferraz daban por hecho que enarbolar esa bandera, el sentimiento antitrumpista, era más eficiente en unas generales, pero cerrados los 15 días de kilómetros y de mítines concluyeron que también había podido servir para sacar a los suyos de casa.
El No a la guerra impregnó prácticamente toda la campaña. El grito se coreaba en los actos, se lucía en chapas y pegatinas. Se exhibió la bandera nacional, el "orgullo de ser español", como decía el presidente. Y además el partido hiló con el pasado con un recurso muy potente: José Luis Rodríguez Zapatero. El expresidente regresó a la carretera por la puerta grande. En su tierra. Y protagonizó al final cuatro mítines, uno más incluso que el propio Sánchez: en León, en Segovia, en Candeleda (Ávila) y en Valladolid, el pasado viernes. En la capital autonómica, de hecho, el partido echó el resto, porque a Sánchez, Martínez y Zapatero se unió también el ministro Óscar Puente, alcalde de la ciudad entre 2015 y 2023.
Los socialistas acabaron el viaje al 15-M con la impresión de que habían ido "de menos a más", que la campaña se había dado bien, que el candidato había tenido un buen desempeño en los debates frente a Mañueco y que no había cometido errores, y que había ayudado una discusión más centrada en los problemas de la comunidad —la gestión de los incendios era el gran baldón para el presidente regional—, y más alejada de las dinámicas nacionales. Sentían que cabía la opción de ser primera fuerza, como ocurrió en 2019, aunque también sabían que era un techo difícil. Gobernar sí que nunca estuvo al alcance. Pero que los procuradores se jugaran en nueve provincias, y con un Vox muy fuerte, complicaba todo mucho. Es decir, que podían repetirse los 28 escaños de los últimos comicios, subir alguno o, lo más probable, bajar hasta las 26 actas. Todo era posible. El escenario que veían más improbable era repetir el suelo histórico, el de los 25 asientos de 2015. Al final, los 30 sillones supieron a gloria.
Con los números ya sobre la mesa, quien se consolida es Martínez, que lleva al frente de ella apenas un año, tras un proceso de sucesión de Tudanca algo traumático. Las urnas le han respaldado, Ferraz le apoya y cree que tiene margen para seguir construyendo su espacio. Tampoco será fácil para Mañueco armar un Ejecutivo con Vox, como está ocurriendo en Extremadura y Aragón, aunque ahora ha sido la ultraderecha la que ha resultado penalizada.
Ahora se abre una pequeña pausa. Hasta las elecciones de Andalucía. Las más importantes de este ciclo y las que más pesan para el PSOE, y en las que las expectativas son pésimas. Allí la candidata, la líder autonómica y vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, emprende un camino muy complicado. Pero al menos parte con un resultado en Castilla y León que está lejos de los infiernos. Y eso ya es algo, mucho, para el partido.
(Noticia en ampliación)
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