Él ya lo sabía a ciencia cierta. Cuando Carlos Cuerpo salió este jueves sonriente del pleno del Congreso abrazado a María Jesús Montero él ya era consciente de lo que se le venía encima. Sabía que poco más de una hora después el presidente iba a señalarlo. Que le iba a ascender a vicepresidente primero del Gobierno. Su nuevo número dos. A su lado. El técnico sin carné del PSOE que ha sabido ganarse la confianza absoluta de Pedro Sánchez, el hombre con el que quiere situar de nuevo en el foco la economía en tiempos de incertidumbre.

Era el nombre con el que se contaba para ocupar el primer escalón del Gabinete —en competición con un Félix Bolaños que seguirá siendo vicepresidente político del Ejecutivo, aunque sin ese rótulo—, el que estaba en todas las quinielas y el que no era un secreto para nadie. Pero junto a él, el líder socialista movió otra pieza muy relevante: situó en Hacienda, el ministerio más transversal de todos, de cuyo desempeño también se siente especialmente orgulloso, a otro hombre, a Arcadi España, secretario de Estado de Política Territorial en los últimos dos años y medio y antes conseller con Ximo Puig. Un dirigente, este sí con carné del partido, con más poso político, que salta a la primera línea. Una señal clara, reconocen en la Moncloa y en el PSOE, de que el presidente va a luchar sin cuartel para ganar la Comunidad Valenciana, la que tiene más a tiro recuperar en las autonómicas del próximo año por la desastrosa gestión de la dana por parte del PP.

Sánchez firmó este jueves la quinta reestructuración de su Gabinete en lo que va de legislatura. Y, como ya se esperaba, porque él ya se lo había anticipado hace meses a los periodistas, se limitó a hacer dos cambios, los estrictamente necesarios para cubrir la doble vacante que dejaba María Jesús Montero, la "mejor" política que ha conocido nunca: la vicepresidencia primera, que hereda Cuerpo, y el Ministerio de Hacienda, que toma España. Con su elección, el presidente, economista de profesión —un dato que en su círculo recuerdan que no se puede olvidar nunca—, quiere a la vez sacar pecho de la gestión económica y subrayar que es el gran reto en una coyuntura dominada por la incierta guerra en Irán desencadenada por EEUU e Israel. Los datos macroeconómicos brillan en la hoja de servicios de un Gobierno con muchos más problemas en el frente político, pero apenas han lucido en una legislatura extremadamente complicada por la debilidad parlamentaria del Ejecutivo y la oposición durísima que ejercen PP y Vox.

El acento de este nuevo tramo del mandato será más económico que político. Montero, que ya parte definitivamente para Andalucía como candidata socialista en unas elecciones con todo en contra, era una pieza de muy difícil relevo. Ella aterrizó en 2018 al Ejecutivo tras una llamada de Sánchez, que apenas la conocía porque ella se alistó en las filas de Susana Díaz —su jefa en la Junta de Andalucía, ella era consejera de Hacienda desde 2013— en aquellas sangrientas primarias de 2017. No pertenecía al núcleo duro del presidente, pero se fue haciendo un hueco en él. Ascendió y ascendió. Hasta convertirse en su número dos en el partido, en julio de 2022, y en el Gobierno, un año y medio más tarde.

Montero ha sido, hasta ahora, la mujer con más poder en España en democracia, un pilar sin el que no se entiende la era Sánchez, un animal político al que todos sus compañeros, en Madrid y en Andalucía, reconocen su imparable ritmo de trabajo. A todas horas, todos los días. Ella llevaba la batuta económica del Gobierno y también la política, con Bolaños. Y asumió de manera natural otra función más: la relación con los medios. Aunque fue portavoz oficial del Ejecutivo durante poco tiempo —en la pandemia, desde enero de 2020 hasta julio de 2021—, todos estos años ejercía de portavoz oficiosa del Ejecutivo. Orientaba a los periodistas sobre cuál era el humor y la dirección del Gabinete y también del PSOE, dado que ella era la vicesecretaria general que sustituyó a Adriana Lastra. Esa era una valiosa tarea en un círculo de poder, el construido por el líder socialista, muy estrecho y muy blindado.

Todos esos papeles no los heredarán sus dos sucesores. Su trayectoria ha sido muy distinta. Carlos Cuerpo (Badajoz, 1980), el primer hombre que asciende a la vicepresidencia señalado por Sánchez —hasta ahora, siempre han ocupado mujeres en el ala socialista ese primer peldaño del Gabinete—, es un economista con una carrera "brillante", como glosó su jefe. Doctor en Economía, funcionario, técnico economista del Estado, curtido en la Comisión Europea, en la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) y finalmente en la Secretaría General del Tesoro antes de que Nadia Calviño, vicepresidenta primera entre 2021 y 2023, lo promoviera como su delfín. Y desde entonces ha sido proyectado por el presidente. La última señal, antes de su nombramiento de este jueves, fue la defensa del decreto ley anticrisis por la guerra de Irán que él, junto con Bolaños y Montero, ayudó decisivamente a componer, desactivando la rebelión protagonizada por los ministros de Sumar el pasado viernes.

"Casi mala persona"

El presidente premia a Cuerpo. Claramente. Pese a Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda ha mantenido sonoros pulsos con él en los últimos dos años, como antes los tuvo con Calviño. El primero, por la reducción de jornada, una medida estrella de la coalición que él pidió trabajar más e intentar pactar con la patronal antes de enviarla al Congreso. Ella le acusó de "oponerse" a su propuesta, de torpedearla, y le tachó de "casi mala persona".

En aquel momento, Sánchez buscó contener las aguas internas y permitió que el texto viajara a la Cámara baja, aun siendo muy consciente de que, sin el apoyo de los empresarios, corría mucho peligro, porque era más que seguro que Junts, muy influida por la patronal catalana, optara por tumbarlo. Y eso fue lo que acabó sucediendo. La norma naufragó el pasado septiembre. Tras su caída, Trabajo intentó recuperar parte de su redacción, sacando aparte, vía reglamento, sin pasar por el Congreso, el registro horario. El Consejo de Estado emitió dictamen en contra. Y Díaz culpó esta misma semana a Cuerpo de haber inducido esa decisión con sus dos informes en contra y de colocarse "del lado de las patronales".

Ahora, el ministro de Economía sale reforzado. Él ya dirigía la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos (CDGAE), el órgano que dirime todas las batallas económicas dentro del Ejecutivo, pero desde este viernes queda por delante de Díaz en el escalafón y será ya la mano derecha del presidente. No será un ministro más, sino el que llevará las riendas de todo el área económica. La niña bonita para Sánchez. De hecho, las tres vicepresidencias son económicas: Carlos Cuerpo (Economía, Comercio y Empresa), Yolanda Díaz (Trabajo y Economía Social) y Sara Aagesen (Transición Ecológica y el Reto Demográfico), otra técnica por cierto aupada a la primera línea tras la salida de su antigua jefa, Teresa Ribera. Sánchez desea que la batalla central en 2027 esté ahí, en la economía, donde cree que su Ejecutivo ha tenido un mejor desempeño y donde más entiende que flojea el PP. Además, busca reflejar una imagen de estabilidad en tiempos de máxima incertidumbre exterior por las idas y venidas de Donald Trump, ahora con un conflicto en marcha, el de Oriente Próximo, del que no se vislumbra cuándo acabará y qué motivó exactamente su estallido.

Cuerpo había ido creciendo en este tiempo, pero le toca dar el salto. Cultivar la vertiente política para confrontar con una oposición que apenas le tenía en su diana. De hecho, él mismo bromeaba con ello: el PP, decía, le preguntaba poco o nada en las sesiones de control, síntoma de que la economía va bien y no la ve como un punto débil con el que morder al Gobierno. Su posición cambia y deberá completar su perfil. Igual que hizo Calviño, hasta el punto de que ella se convirtió en uno de los valores más sólidos en la campaña de generales de 2023. "Nosotros tenemos a Nadia, ellos a nadie", ironizaba el presidente. Cuerpo está obligado a hacer esa misma operación de cambio de piel.

El nuevo vicepresidente ha destacado también por su talante. Era el ministro tranquilo. Moderado. El más valorado por los ciudadanos, según el CIS (5,27 de nota, el único aprobado). Con buena entrada en Bruselas, muy desenvuelto en Estados Unidos, capaz de sorprender hablando hasta en japonés. Buenas formas, sin malos gestos, educado. Un hombre al que incluso el PP reconocía como dialogante y componedor. Un ministro que ha sabido cuidar a los suyos, subrayan en su círculo. El pasado martes, convocadas ya las elecciones andaluzas del 17 de mayo y con todos los focos puestos en él como posible sucesor de Montero, contestó a los periodistas en la comparecencia posterior a la reunión del Gabinete que si se estaba hablando de él es porque en política económica el Ejecutivo está "realizando un buen trabajo". Este jueves, en su entorno aplaudían su último gesto: reunió a su equipo con él en el momento en el que Sánchez informaba desde la Moncloa de su nombramiento: "Sabíamos la decisión los más cercanos, pero ha convocado a las secretarias, a su Gabinete, a Comunicación, a la subsecretaria, a los secretarios de Estado... y todo sin que la gente supiera el desenlace. Lo hacía para disfrutar y celebrar el anuncio con todos. Y recalcó que esto era un trabajo en equipo".

No tiene carné, pero en el PSOE le reconocen como "un socialista de corazón", como lo motejaba este jueves en Hora 25 (SER) el portavoz parlamentario, Patxi López. "Dentro del partido se le reconoce mucho. En un área compleja como la suya, es didáctico, próximo, cae muy bien aquí. No es estirado. Y tiene un perfil inatacable por el PP", señalaban en el corazón de Ferraz. "Cuerpo y Nadia son buenos técnicos y ambos con sensibilidad política progresista", resumía una integrante de la cúpula federal.

Un hombre clave de Puig

Arcadi España (Carcaixent, Valencia, 1974) es de otra pasta. El presidente no promocionó al que parecía como candidato más obvio, al secretario de Estado de Hacienda, Jesús Gascón. Optó por sorprender, como en otras ocasiones. Y eligió al secretario de Estado de Política Territorial —esto es, el número dos de Ángel Víctor Torres— y, muy importante, exconseller valenciano de Hacienda (2022-2023), y antes de Política Territorial (2019-2022), a las órdenes del ya expresident Ximo Puig, de quien fue su primer director de Gabinete en la Generalitat (2015-2019). El nuevo ministro también tiene formación económica: es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universitat de València y máster en Dirección y Gestión Pública por Analistas Financieros Internacionales. Antes de crecer en el Gobierno valenciano con Puig había ocupado cargos de asesor y director de Gabinete en los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero.

No es, ni mucho menos, un desconocido para el PSOE. Es un hombre de partido, pragmático, discreto. Y que Sánchez ya tenía a su lado. Entró en su ejecutiva federal en octubre de 2021, en el 40º Congreso Federal, el que se celebró en Valencia, sugerido por Puig. En 2024, en el cónclave número 41, en Sevilla, revalidó el cargo, casi con la misma denominación, secretario de Transportes y Movilidad Sostenible, y es el que sigue manteniendo.

El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres (i), conversa con su hasta ahora secretario de Estado de Política Territorial, Arcadi España (d), nuevo ministro de Hacienda, el pasado 19 de marzo de 2026 en Melilla. | EFE / GINER

España tiene varias tareas pendientes que dejó Montero antes de cerrar su despacho. Por un lado, la presentación de los Presupuestos Generales del Estado, los que serían los primeros de esta legislatura. El Gobierno incumplió su compromiso de aprobarlos por Consejo de Ministros antes del fin del primer trimestre de este 2026 por el comienzo de la guerra de Irán. El presidente aseguró hace una semana que el proyecto llegaría al Congreso "sin ninguna duda", pero no dijo cuándo. Y es que la dificultad es la misma: la falta de apoyos, así que al nuevo ministro le tocará hablar mucho con los socios, convencerlos. También está varada en la Cámara la quita de la deuda, aunque la exvicepresidenta confiaba en que el texto saliera adelante, dado que Junts había apuntado a que podría apoyarlo.

Más complejo será lanzar la nueva financiación económica. Montero cerró en enero el acuerdo político con ERC, lo llevó al Consejo de Política Fiscal y Financiera —solo encontró el respaldo de Cataluña— y ahora queda elaborar la reforma legal, que debería aterrizar en el Congreso antes de las vacaciones de verano. España es una figura clave, porque conoce bien la financiación autonómica desde los dos lados, ya que fue conseller de Hacienda con Puig y conoce bien las necesidades de los territorios, y ha sido número dos de Política Territorial y, desde este viernes, ministro de Hacienda. Ha trabajado de cerca con Montero y en el 41º Congreso del PSOE, en Sevilla, fue el dirigente que aproximó posturas tan dispares como la del PSC y la federación castellanomanchega en torno a la reforma del modelo de financiación. "Arcadi es una persona serena, dialogante, de consensos. Él además viene de un Gobierno de coalición con Compromís, tiene cintura para negociar y ha estado detrás del acuerdo de financiación autonómica", indicaban desde la sala de máquinas socialista.

Otra pieza en ascenso: Lydia del Canto

La procedencia geográfica de España no es una cuestión menor. Él milita en el PSPV, la segunda federación socialista en número de militantes. Y la que Sánchez quiere potenciar para hacer posible la recuperación de la Generalitat. Ese gesto era apuntado tanto en la Moncloa como en Ferraz y en el PSPV. "Vamos a ganar Valencia", señalaban con euforia en el equipo del presidente. "Es evidente que la apuesta por Valencia es más que evidente", terciaban desde el cuartel general socialista. En la ejecutiva recordaban que ya son cuatro los dirigentes valencianos en puestos de primer nivel en Gobierno y partido: Diana Morant, ministra de Ciencia y líder del PSPV (y candidata en las próximas autonómicas); Rebeca Torró, secretaria de Organización del PSOE; Pilar Bernabé, secretaria federal de Igualdad (y candidata a la alcaldía de Valencia), y ahora Arcadi España.

"Cuatro amigos que han estado en muchas batallas juntos, y la entrada de Arcadi es muy importante para Diana", insistían. A ellos hay que sumar otra pieza clave que ha ido ganando progresivamente poder y que es muy reconocida en el Ejecutivo y en el PSOE: Lydia del Canto, secretaria de Estado de Comunicación desde diciembre de 2024, y que ha sabido abrirse paso en el círculo de máxima confianza del presidente. El cálculo que hace Ferraz es que, de todas las CCAA que irán a las urnas en 2027, Valencia es la más fácil de reconquistar para el PSOE. "Claro que esto es un gesto para reforzar la federación, totalmente", celebran en el aparato del PSPV.

"Experiencia, integridad, solvencia técnica, coherencia". Los cuatro atributos que Sánchez empleó para definir su nuevo Ejecutivo. El marchamo que quiere que impere tras esta minicrisis de gobierno. ¿Y con penalización de Bolaños? No. Él seguirá perteneciendo al núcleo duro del jefe del Ejecutivo, y en realidad gana poder porque pasará a ser el negociador único con los grupos, dado que no podrá apoyarse en Montero. Como adelantan en Ferraz, el superministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes continuará ejerciendo un papel crucial en el Gabiente, "y ahora hará equipo con Cuerpo", pero las dinámicas "no cambiarán". Sigue siendo insustituible para el líder.

Esta quinta remodelación ha sido, como se esperaba, muy limitada, sin grandes aspavientos, pero también profunda y trufada de mensajes. El presidente encara ya al tramo final de la legislatura, con la mirada en la economía, en sus socios y en la batalla capital de 2027, previo paso por Andalucía.