El Gobierno vasco no se fía de su universidad pública. Menos aún de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) que ha llevado a cabo. El escándalo de ceros en la prueba de euskera ha sido la gota que ha colmado un vaso que ha visibilizado la nueva realidad institucional, académica y política en la que está inmersa la Universidad vasca. Una suerte de batalla de modelo educativo, de gestión y ‘país’ que ha situado a cientos de estudiantes en medio de un torbellino en uno de los momentos académicos más relevantes de su vida.
En realidad todo comenzó cuando llegó el nuevo equipo rectoral en enero de 2025. Afín a EH Bildu, el nuevo rector Joxerramon Bengoetxea comenzó a moldear la institución académica con decisiones con las que ha priorizado imprimir su sello. El año pasado el enfrentamiento con el consejero de Universidad, Juan Ignacio Pérez Iglesias –antiguo rector de la UPV/EHU- fue evidente. Bengoetxea acusó al Gobierno de dejar al borde del “colapso” la institución académica por falta de financiación e Iglesias le acusó de actuar con teorías “alternativas” y "posverdad”.
La eliminación de la denominación oficial de las siglas UPV (Universidad del País Vasco) y limitarla a su término en euskera, EHU (Euskal Herriko Unibertsitatea) ha sido otra de las decisiones personales más evidentes. También la del cambio del color institucional de la Universidad, eliminando el azul y apostando por un verde. El argumento fue recuperar el color del imaginario vasco que Chillida quiso reflejar en el logo de la Universidad vasca. Un verde en el que muchos vieron similitudes con el color institucional de la formación de Otegi.
El escándalo de los ceros en la prueba de euskera
Tampoco han faltado decisiones polémicas como la suspensión de las actividades académicas por la celebración de un acto político de Vox en las cercanías del campus de Álava y que el Gobierno vasco no compartió.
Ahora, el escándalo de las notas de la PAU ha elevado el tono y el enfrentamiento de modo importante. Hace una semana el Gobierno vasco llamó a capítulo al rector. En la reunión celebrada, el consejero de Universidades y la titular de Educación pidieron explicaciones a Bengoetxea sobre lo ocurrido. Ayer, la propia titular de Educación, Begoña Pedrosa, reveló algunos datos que, según apuntó, les trasladó Bengoetxea y que no coincidían con los que la UPV hacía públicos casi a la misma hora.
Pedrosa reveló que según la información que les facilitó la UPV/EHU, el total de ceros en euskera fue de 168 y que de todos ellos, 108 se produjeron en sólo dos tribunales, de los 41 que corrigieron las pruebas de la PAU: el tribunal número 11 y el número 12. Durante su comparecencia en el Parlamento Vasco la consejera incluso aportó más detalles que Bengoetxea no había dado a conocer: casi la mitad de los ceros, 80, correspondían a un tribunal, el número 11, y de todos ellos, 79 correspondían a un mismo corrector.
Educación exige cambios en los tribunales de corrección
Hasta 1.778 estudiantes habían pedido la revisión de sus exámenes de euskera. Durante los últimos diez días, desde la UPV se habían acumulado los mensajes críticos hacia el Gobierno vasco, al que recordaban que también tenía responsabilidades en la comisión encargada de organizar las pruebas. En un intento por implicar al Ejecutivo de Pradales en el escándalo, Bengoetxea ha insistido en que la mayor parte de los correctores pertenecen a la red de centros de bachillerato de la red pública.
“Nosotros no corregimos exámenes”, insistió ayer Pedrosa. Lo hizo después de acusar al rectorado y la UPV de no haber actuado con diligencia ni transparencia. La consejera aseguró que se enteraron de la “incidencia” por vías externas, incluso por los medios, pero no por comunicaciones procedentes de la UPV. Incluso una vez solicitada oficialmente, subrayó que los cauces oficiales han actuado de modo muy “limitado en contenido y plazo”.
El Ejecutivo se ha propuesto no “mirar hacia otro lado”, según dijo ayer Pedrosa. Incluso defiende que se deben plantear cambios para el futuro para que la situación no se vuelva a repetir. El primero de los cambios es que la composición de los tribunales de corrección sea pública. Educación recuerda que también en una OPE la composición de los tribunales de corrección es pública.
Indignación entre los estudiantes por las revisiones de las notas
Al Gobierno también le suscita sospechas el modo en el que se organiza la distribución de los centros en los exámenes de la PAU. En esta ocasión, el cúmulo de ceros se concentró en determinados tribunales, en determinados colegios concertados y todos en el modelo A –en castellano-. Ahora Pedrosa insta a que se busque una “distribución más equilibrada entre tribunales y evaluadores” de modo que se reduzca “cualquier riesgo de concentración que pueda generar efectos no deseados o percepciones de desigualdad”.
Junto a estos cambios, se insta a avanzar hacia la aprobación de un reglamento interno “más preciso y claro” del funcionamiento de la comisión organizadora de la PAU. Documento en el que consten de modo claro “responsabilidades, plazos, mecanismos de alerta y protocolos de actuación ante cualquier incidencia”.
Por ahora Educación no ha reaccionado a la resolución de las revisiones que ayer hizo públicas la UPV. De las 1.778 pruebas de euskera que se volvieron a corregir, la inmensa mayoría apenas variaron. En el caso de los ceros, muchos sólo lograron mejorar unas décimas. La mayor parte de los estudiantes, el 80%, pasaron de un cero a notas por debajo de un 2 y en muchos casos ni eso. Sólo un 20% de los exámenes mejoraron dos o más puntos, pero en la mayoría de los casos sin que se produjeran grandes modificaciones en las calificaciones.
"Independencia y objetividad"
En algunos centros la indignación ayer se elevó aún más al ver, como muchos temían, que la UPV no cambiaría apenas las calificaciones de los primeros correctores. Bengoetxea insistió ayer en que se ha actuado con “independencia y objetividad” y con “profesionalidad” por parte de los correctores y al margen de “presiones sociales, mediáticas y políticas”. Denunció que es “inadmisible” que se quiera trasladar a la sociedad que existe “arbitrariedad en la corrección".
En los muchos foros de estudiantes ayer circulaba la comparación que hizo uno de los centros afectados entre las valoraciones obtenidas por sus alumnos. Así, entre los comprendidos entre las letras A a la H, no se produjo ni un solo cero, frente a los 26 que se registraron entre los alumnos comprendidos entre la letra I y la S. Además, en este grupo de estudiantes, al que les corrigió el polémico tribunal 11, el porcentaje de suspensos duplicó al del resto de alumnos de su misma clase.
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