España

Becky, extestigo de Jehová: "No me hace falta la Biblia para ser buena persona"

Su padre necesitó una transfusión que la familia rechazó por motivos religiosos. Ahora, la organización ha decidido consentirlas

Para Bertrand Russell, reconocer la posibilidad de estar equivocado era razón suficiente para no morir por una creencia. Ignoraba entonces que unas 33.246 fieles de una fe perderían la vida al rechazar transfusiones de sangre, en estricto apego a sus normas religiosas. Aquella renuncia a un "valioso regalo de Dios" pasa a ser ahora, según Paul Gillies, portavoz del Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová, una cuestión de "conciencia individual". Han hecho falta décadas de reflexión –o la inercia de los nuevos tiempos– para que las decisiones sobre el propio cuerpo dejen de ser las páginas frías de un vademécum moral.

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A Becky, que estuvo 27 años en la organización, la medida le remueve la herida añeja de cuando su padre necesitó una transfusión que la familia rechazó por una convicción religiosa, y es que, por entonces, la norma no daba opción. Tras romper con una organización que la distanció de los suyos y le causó unas consecuencias personales que aún digiere, se centra hoy en mirar hacia el futuro y en ayudar, desde la Asociación de Víctimas de los testigos de Jehová, a otras personas que, como ella, han decidido soltar amarras.

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P.- ¿Quién eres y cómo llegas a formar parte de los testigos de Jehová?

R.- Soy Becky, aunque mi nombre viene de Rebeca. Es curioso porque la gran mayoría de testigos que nacemos dentro de la organización tenemos nombres bíblicos. Yo me crié ahí, de pequeñita, con mi hermano, que también nació dentro.

P.- Ahora mismo, la fe, ¿ocupa algún lugar en tu vida?

R.- No. Tristemente, no. Y digo "tristemente" porque me produce cierta envidia ver a personas que siguen creyendo en algo, y no me refiero únicamente a Jehová. De joven me marcó mucho el episodio de las Torres Gemelas. Fue algo importante dentro de los Testigos. Esa imagen de las torres cayendo me recuerda a cómo cayó mi fe. Siento que me la destruyeron igual.

P.- ¿Por qué fue importante la caída de las Torres Gemelas para los Testigos?

R.- Si hablaras con cualquier testigo, te diría lo mismo: sabemos perfectamente que fue un martes por la tarde porque teníamos reunión. Se habló mucho de lo ocurrido esa tarde. Cualquier ataque al mundo o las guerras son noticias muy importantes porque hablan de cosas que tienen que pasar. Los Testigos esperan la destrucción y el fin del mundo con respecto a la gente que no es de la organización. Piensan que algo así es lo que les salvaría.

P.- ¿Qué lugar ocupabas tú dentro de la organización?

R.- Estuve 27 años allí y serví a Estados Unidos de precursora regular –unos rangos que se tienen dentro de la congregación con los que te comprometes a practicar muchas horas al año de predicación–. Alrededor de 140 horas.

P.- ¿Y qué pasó para que decidieras salir?

En Estados Unidos había un matrimonio que formaba parte de la congregación y que me alquilaba la habitación, entonces tenían un hijo de cinco años. El marido empezó a acosarme. Dentro de los Testigos, existe una doctrina que dice que, si crees que alguien ha pecado, sea más o menos grave, debes decirle a esa persona que lo está haciendo mal. Yo seguí la norma. Pero el señor continuó con las llamadas y con su acoso mientras me decía que no se lo contara a su mujer. Decidí hablar con los ancianos –son como los pastores de la congregación, se les llama ancianos, pero no tienen por qué serlo–. Después de varias reuniones, incluso con su mujer, querían quitarme los privilegios. Todo era una acusación contra mí. Se daban discursos en los que solo faltaba decir mi nombre en cuanto a las conductas. Lo pasé muy mal, decidí volver a España. Con el tiempo me enteré de que este señor ya había sido infiel a su mujer tres veces y que el anciano al que yo fui a pedir ayuda ya lo sabía. Fui un conejillo de indias.

P.- ¿Era su forma de operar en casos como este o fue un episodio aislado?

R.- Esto lo negarán, pero todo el mundo sabe que la misión de la mujer es su esposo. El cabeza de familia; el varón, que es el que trabaja. En la congregación, el hombre siempre es el que tiene la voz cantante. Y estos casos pasan. Fue probablemente el primer click que tuve. Aunque hago memoria y recuerdo durante mi adolescencia que hubo cosas que también me hicieron dudar de ellos. Cuando te vas de una congregación a otra, tu información, tu perfil, también se muda a esa congregación. Cuando me fui de Estados Unidos a Sevilla, mi hermano acabó por enterarse de lo que ocurrió y me dijo que hablara con un anciano, pastor de la congregación a la que yo servía allí. Durante la reunión con el anciano no me salía la voz, yo solo lloraba. Hizo una oración a Jehová para ver si nos calmábamos y para que todo fuera bien en la conversación. La primera frase que me dijo fue: "No te pienses que la organización es así". Yo estaba mal y su primera respuesta fue esa. Se me quedará grabado para siempre.

P.- Lo consideraste una respuesta muy corporativa.

R.- Exacto. ¿Quién le estaba hablando de la organización? Háblame de Jehová, de los ancianos que ejecutaron mal la situación, pero no de la organización.

P.- ¿Crees que lo has superado?

R.- Está superado a nivel emocional, tengo que seguir con mi vida. Pero no he tenido el apoyo de mi familia sobre este tema. No siento que la situación se haya solventado. Siento que yo he tenido que seguir adelante. A mí me sale la palabra "puta" cuando pienso en ello, porque siento que quedé como tal. Pero tampoco me anclo a esto de por vida.

P.- ¿Cómo se tomó tu familia que salieras?

R.- La situación en mi casa era inestable. Se dieron diferentes circunstancias que propiciaron que mi madre se acabase enterando de lo ocurrido en Estados Unidos cuando yo ya vivía en España. La convivencia era difícil. Después de mucho tiempo, vi el programa de 'Equipo de Investigación' de La Sexta que hablaba de los Testigos; un programa que estaba prohibido ver, porque se decía que no estaba bien. Yo hablé con mi madre y ella misma me dijo: "Rebeca, por favor, no veas eso, que es de apóstatas". Ser apóstata para los Testigos es lo peor, es como ser Satanás. Después de ver aquel programa, todo explotó: se lo conté a mi madre. No fue una conversación como la que estamos teniendo nosotras. Yo le pregunté: "¿No se supone que los ancianos tienen el Espíritu Santo? ¿Por qué conmigo no lo hicieron bien?". Yo fui y soy inocente en esta situación. Y me dijo que sí, que tenían el Espíritu Santo, pero que no lo supieron usar bien. Te imaginas cómo me sentí...

P.- ¿Hay algún principio de los Testigos de Jehová que hoy valores de forma positiva?

R.- Algunas de sus enseñanzas de la Biblia son buenas. Pero tampoco me hace falta tener la Biblia para ser una buena persona. Hay un mundo detrás de esa fachada que plantea que todo está bien y todos somos felices, y no es cierto.

P.- En septiembre de este año, los Testigos comunicaron que permitirían las transfusiones de sangre en algunos casos. ¿Cómo explica la organización que no se pueden hacer transfusiones de sangre?

R.- Hay tres principios bíblicos que básicamente dicen eso, que deben abstenerse de la sangre. Llega un punto en la historia de los Testigos de Jehová en que deciden imponer esa norma.

P.- ¿Te llegaste a plantear alguna vez qué harías si te encontrases en una situación médica en la que la transfusión pudiese salvarte la vida a ti o a alguien de tu familia?

R.- Sí. Esa pregunta, al menos en mí, rondaba. Yo creo que era un pensamiento más general. Mi padre tuvo cáncer de esófago. Los Testigos tienen un grupo al que llaman comité de enlaces con hospitales, que son todos varones y que se dedican a buscar equipos médicos que acepten operar sin sangre. No encontraron un equipo hasta dos meses después. Todo se hace bajo la firma y la voluntad anticipadas de que el paciente no quiere recibir sangre. La operación duró siete horas. Mi padre, en principio, salió estable. A la semana nos llamaron de urgencia. Se había necrosado un tejido. Tenía una infección de sangre y los órganos quemados.

Las personas que murieron por no aceptar transfusiones de sangre son para los testigos un ejemplo de fe

Estuvimos media hora discutiendo, yo siendo una espectadora, porque quien hablaba era, sobre todo, mi madre. Los médicos nos pedían que firmásemos el documento para autorizar la transfusión, la necesitaba. Mi madre, todo el mundo que había venido, también los ancianos, decían que no. Le acabaron por operar sin autorizar la transfusión. A día de hoy, mi padre no tiene ni esófago ni estómago. Se alimenta por una máquina.

P.- O sea, que sobrevivió pese a no recibir la transfusión.

R.- Pero hubo muchas complicaciones. Siempre nos va a quedar la duda de cómo estaría ahora si se la hubiesen hecho. Le hicieron una traqueotomía. Le gustaba mucho comer, por lo que voluntariamente se sometió a una tercera operación. Le dijeron que no estaba bien y que sin transfusión había un 50 % de probabilidades de que no saliera bien.

P.- ¿Qué se te pasaba por la cabeza cuando sentías que una doctrina podía quitarle la vida a tu padre?

R.- Yo pensaba que le estaba poniendo en bandeja la vida, fui la única que dijo que estaba de acuerdo en que le hicieran la transfusión. Quizás eso podía funcionar. Le estaban diciendo que se podía morir.

P.- ¿Cómo se tomaron tu decisión?

R.- Para mi solo tenía dos opciones, una en la que se podía morir y otra en la que no. Y yo prefería tenerle. Los médicos salieron con la cara hasta el suelo después de otra operación de seis horas. A uno se le saltaron las lágrimas. Yo pensaba que mi padre había muerto. Hubo unos segundos en mi vida en los que pensé que mi padre había muerto por el puñetero tema. Si lo hubiera operado un equipo médico normal, hoy podría estar bien. Hasta que salió la nueva norma sobre las transfusiones, mi padre había sido un ejemplo de fe. Como muchos de los que han muerto. Mi padre no llegó a morir, pero todos esos son ejemplos de fe. De poner Jehová en primer lugar antes que tu vida. El 18 de septiembre sale esto. ¿Qué pasa con los que se operaron el día 17? Se pudieron morir. Y el 18 no. Es una locura.

P.- ¿Tienes relación con ellos ahora?

R.- Ellos no tienen relación conmigo. Escribí a mi padre con este tema; un mensaje nada atacante, simplemente les avisé de que había salido el vídeo en la página oficial de los Testigos, donde salía el Cuerpo Gobernante dando la noticia. Le dije: "Espero que te acuerdes de mí, después de lo que hemos pasado", acabé despidiéndome: "De vuestra hija que os quiere". Al poco tiempo me contestó: "Nosotros también te queremos muchísimo". Después de un rato volví a entrar, no había pasado ni una hora. Habían eliminado el mensaje.

P.- ¿Cómo recibes la noticia del 18 de septiembre en la que se dice que ahora sí están permitidas las transfusiones?

R.- Con un mix de emociones. En marzo de este año sacaron otra nueva luz diciendo que se podían autotransfundir y hasta donar. Pero siempre con el mismo protocolo en cuanto a discurso, de "es cuestión de conciencia", "Jehová piensa y dice esto...". Me parece bastante manipulador. Siempre acaban diciendo que es cuestión de conciencia. Estas cosas también se hacen a votación. Entonces, llegan al acuerdo, ellos dirán que mediante Espíritu Santo. Insisto, ¿por qué no se lo han planteado antes?

P.- Tú, ¿por qué crees que no se lo han planteado antes?

R.- Como todos los últimos cambios, creo que se están viendo obligados debido a que muchos extestigos estamos hablando y que hay mucho juicio. La prensa se está haciendo eco y ellos tienen que cambiar sus doctrinas de cara a la gente. Luego, internamente, seguirá habiendo manipulación. Eso será otra cuestión.

P.- ¿Crees que es solo una cuestión de imagen de cara al mundo, pero que, de puertas para adentro, seguirá estando mal visto?

R.- Creo que va a tomar tiempo. Le afectará menos a la gente más joven. La gente que lleva muchos años o toda su vida dentro le va a resultar muy difícil. El discurso me parece muy manipulador: estuve viendo una y otra vez ese vídeo y es curioso que cada vez que hablaban de ellos repetían aquello de que era un tema de conciencia. Que ahora los hermanos no debían juzgar, que ahora los ancianos no se van a meter, eso quiere decir que no estarán ahí para hacer presión; porque, al final, es una presión lo que ejercían. Pero después de todas esas cosas, cuando ves el vídeo en el que lo anuncian, te das cuenta de cómo hacen alusión a rendir cuentas con Dios, a reflejar el punto de vista de Jehová. Siempre vuelcan otra vez esa presión y ese miedo sobre las personas.

P.- ¿En qué otros aspectos consideras que los Testigos de Jehová son especialmente rigoristas?

R.- En no tener relación con mundanos, que es como llaman ellos a quienes no son Testigos de Jehová. Especialmente que establezcan ese límite con los menores. La relación en la educación es puramente electiva. No pueden quedar con ellos para ir a tomar algo, o para ir al cine. No puedes tener una amistad con un mundano. Y olvídate de tener una relación sentimental.

P.- Formas parte de la Asociación Española de Víctimas de los Testigos de Jehová.

R.- Sí, somos casi 900 socios ya. Tenemos una experiencia bastante similar. Desde el departamento de legal queremos denunciar el caso de todas esas vidas perdidas, todas esas familias rotas y toda esa presión. Desde redes sociales hacemos un llamamiento a todas las personas que estén pasando por una situación similar, que nos hagan llegar las pruebas para poder denunciarlo.

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