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Aluminio, 20 minutos y 120 grados: el método para desinfectar mascarillas en caso de rebrote

Un centro tecnológico español desarrolla una técnica para desinfectar mascarillas FFP2 y FFP3 en 20 minutos sin que se pierda capacidad de filtrado | La técnica sería de especial utilidad en caso de desabastecimiento

Dos auxiliares desinfectan mascarillas

Dos auxiliares desinfectan mascarillas AINIA

Aunque España transita ya por la «nueva normalidad», mucha gente mira con recelo el futuro próximo y el temido rebrote después del verano. Los estudios científicos dicen que el coronavirus dará una tregua en los meses de más calor y que posiblemente regrese una vez baje el mercurio.

Aceptando que el coronavirus vuelva y descartando por motivos económicos un confinamiento tan estricto como el que hemos vivido, el reto pasa por estar más preparados ante un posible rebrote. Y un centro tecnológico español ha desarrollado una técnica que puede ser la solución ante el posible desabastecimiento de mascarillas para los sanitarios.

El protocolo impulsado por Ainia tiene como objetivo dar una segunda vida a las mascarillas del tipo FFP2 y FFP3 utilizadas por los sanitarios. Es decir, que duren mucho más sin perder capacidad de filtrado. El secreto está en someter las mascarillas a una determinada temperatura en un autoclave para eliminar cualquier tipo de virus.

Tres pasos para desinfectar las mascarillas

«El objetivo final de esto es realizar una descontaminación térmica de las mascarillas filtrantes para una reutilización más segura en caso de desabastecimiento», ha comentado el jefe de innovación de Ainia, Andrés Pascual. «De entre las distintas tecnologías de descontaminación evaluadas, se ha optado por investigar el tratamiento térmico en autoclave, a 120 grados centígrados durante 20 minutos”.

Hemos conseguido reducir la contaminación más del 99,999 por ciento»

Jefe de innovación de Ainia

El primer paso consiste en introducir las mascarillas utilizadas en una bolsa de aluminio individual resistente a los tratamientos térmicos, con cierre hermético y con un etiquetado. Después, se introducen las bolsas en una cesta de autoclave y se someten a 120 grados durante 20 minutos. Y por último, una vez enfriada, se devuelve desinfectada a cada sanitario.

Según explica Andrés Pascual, las pruebas se han realizado con mascarillas infectadas previamente con la bacteria E. coli. «Esta bacteria tiene una resistencia incluso mayor al coronavirus a ser destruida térmicamente», indica el jefe de innovación de Ainia. «Y hemos conseguido reducir la contaminación más del 99,999 por ciento».

Se mantiene la eficacia de filtrado

Una de las preocupaciones que había era que la mascarilla perdiera capacidad de filtrado después de pasar por el proceso de desinfección. «Los ensayos realizados mostraron que las mascarillas tratadas térmicamente mantenían su eficacia filtrante por encima del 95%, incluso, tras tres ciclos de descontaminación», señala Andrés Pascual.

El instituto tecnológico ha contado con la colaboración del departamento de salud Xàtiva-Ontinyent de la provincia de Valencia a través de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana (Fisabio). La investigación ha tenido financiación del Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial (Ivace).

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