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El Valle de la Muerte, un infierno a 54,4ºC a un paso de Las Vegas

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Como su propio nombre indica, el Valle de la Muerte no es un lugar apacible. Este territorio situado entre los estados norteamericanos de California y Nevada, tan cerca de grandes urbes como Las Vegas o Los Ángeles posee un clima desértico extremo que justifica los menos de 150 litros por metro cuadrado de lluvia que caen al año, y la temperatura récord de 54,4ºC que se registró hace tres días. «El Valle de la Muerte podría asemejarse en cuanto a temperaturas a regiones de Oriente Próximo, Australia o la India, donde se pueden alcanzar valores de 50ºC», cuenta a El Independiente la meteoróloga de eltiempo.es Mar Gómez.

La temperatura más alta en el hemisferio sur se registró en 1960, en la ciudad australiana de Oodnadatta, que alcanzó en el mes de enero (verano austral) los 50.7ºC. Otros datos de temperatura máxima corresponden a los 55ºC medidos en Kebili (Túnez) en 1931, los 53.9ºC de 2016 de Mitribah (Kuwait), o los 53.7ºC de 2017 en Turba (Pakistán), según informa la Organización Meteorológica Mundial.

Más allá de estos «terroríficos» números, ¿qué convierte al Valle de la Muerte en el lugar más caluroso del planeta? Mar Gómez señala que «las altas temperaturas que se registran aquí pueden atribuirse a un conjunto de factores geográficos y de orografía. La región del valle sufre un importante calentamiento solar, especialmente durante el verano, debido a la escasa cobertura vegetal y al predominio de tierra, roca o arena». Además, su localización geográfica fomenta la aparición del efecto Foehn.

Esto se traduce en que el aire que llega al Valle de la Muerte, que ha pasado previamente por cinco sistemas montañosos, alcanza temperaturas que rondan la cincuentena. «Cuando llega a la cúspide, el aire está frío y es húmedo. Pero, a medida que baja por la montaña, se va secando y se va calentando», explica en una entrevista el meteorólogo de tiempo.com José Antonio Maldonado. Esto explicaría por qué, en el mismo día, en lugares como Burgos hay máximas de 22, 23 y 24 grados y en Bilbao de 37. «El aire que viene del sur, pasa a estar frío cuando sube por la Cordillera Cantábrica. Sin embargo, cuando baja, se va secando y recalentando».

«Hay sitios donde no hay registros, pero la temperatura más alta alcanzada en el Valle de la Muerte fue el 10 de julio de 1913, en que los termómetros marcaron 56.7 grados. El observatorio que marcó 58 grados no es un dato homologado, pero se puede llegar a esas temperaturas fácilmente. El motivo es por el efecto de las cadenas montañosas», cuenta José Antonio Maldonado.

¿Es este lugar habitable?

El Valle de la Muerte es un Parque Nacional conocido por sus extremos, por ser uno de los lugares más calurosos de la Tierra, junto con Oriente Próximo. Tiene un clima desértico subtropical y cálido, con veranos extremadamente calurosos, inviernos cortos y suaves y escasas precipitaciones.

Las altas temperaturas han provocado, según los registros, hasta 31 eventos climáticos entre los años 1950 y 2010. «Las regiones sumamente secas del planeta cambian las características de su suelo, de modo que, cuando se dan precipitaciones intensas, el terreno no es capaz de drenar de forma adecuada y es más proclive a inundaciones», subraya Mar Gómez.

También han tenido lugar algunos terremotos de magnitud inferior a 5, el más intenso en el año 1967 con 4.6 de magnitud.

Sin embargo, a pesar del intenso calor y la escasez de lluvias, hay una considerable biodiversidad, ya que «las flores, regadas por el deshielo, cubren cada primavera el suelo de algunas regiones de este Parque Nacional», señala la meteoróloga.

También hay halcones y burros salvajes, y cuenta con algunos manantiales de agua. De hecho, una de las particularidades del Valle de la Muerte es que, en uno de sus lagos, «se alcanza el punto más bajo de toda Norteamérica», revela José Antonio Maldonado.

«En cuanto a seres humanos, viven 31 personas, según el censo de los Estados Unidos, la mayoría miembros de la tribu india de los tumbishas que trabajan en el complejo turístico del parque», explica Mar Gómez.

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