Hace 100 años las mujeres consiguieron el derecho al voto en Estados Unidos. Susan B. Anthony, la pionera del sufragio femenino, recibió en agosto el indulto póstumo del presidente Donald Trump justo cuando se celebra este centenario de la décimonovena enmienda. En un año electoral todo gesto hacia las mujeres es relevante. Anthony, que había cometido el delito de votar en Nueva York en 1872, cuando era ilegal, murió 14 años antes de que se aprobara el sufragio femenino.

«Nunca antes obtuvo el perdón. ¿Por qué llevó tanto tiempo?», se preguntó Trump al anunciar el indulto. «Las mujeres dominan Estados Unidos, creo que podemos decir eso con mucha fuerza», añadió. En boca de un presidente que presumía de poder agarrar a cualquier mujer por sus genitales, resulta sorprendente.

Cuando Trump fue elegido, las mujeres salieron a las calles en marchas multitudinarias en su contra. Fue hace cuatro años y movilizaciones anti Trump las ha habido de todos los colores. Pero él sigue fijando la agenda.

Trump sabe que el voto de las mujeres puede inclinar la balanza a su favor o en su contra en las presidenciales. En 2016, según el Pew Research Center, las mujeres votaron más por Clinton (un 54%) que por Trump (41%), pero no tan masivamente como se esperaba. Las que más respaldaron a Clinton fueron las menores de 50 años (63% frente al 43%). Las que menos, las mayores de 65, y las blancas sin formación universitaria.

Por raza fueron las afroamericanas quienes se inclinaron por la ex secretaria de Estado masivamente (98%). Las latinas lo hicieron también mayoritariamente (68% frente al 28% por Trump). Pero el presidente logró un 28% de apoyo entre los votantes latinos (mujeres y hombres), un factor clave en su victoria. Según los expertos, el aspirante republicano necesita acercarse a un tercio de los votos latinos para lograr la Presidencia. En 2016, Trump se quedó muy cerca. En los últimos sondeos ronda el 24%.

Hubo más mujeres blancas a favor de Trump (47%) que hombres blancos (45%). Donde el actual presidente dominó claramente hace cuatro años fue entre los blancos y blancas sin formación universitaria.

El hito de las ‘midterms’

En 2020 también se renueva una tercera parte del Senado, donde las mujeres tienen en sus papeletas la posibilidad de que los demócratas recuperen la mayoría. Y el Senado es la Cámara que ha de confirmar a la recién nominada juez Amy Coney Barrett al Tribunal Supremo. Barrett sustituiría a la emblemática juez Ruth Bader Ginsburg, recientemente fallecida.

Hace dos años, en las llamadas midterms (elecciones de mitad de mandato) fueron elegidas un total de 127 mujeres, 102 en la Cámara de Representantes y 25 en el Senado. Aún es menos del 25% del total de los miembros del Congreso.

Es posible que en 2020 se dé un ‘realineamiento de género’ y por primera vez las mujeres voten masivamente por un partido concreto

ana polo alonso

«Las mujeres son la clave este año. Desde 1992 se dice éste es el año de las mujeres: en esa fecha pasaron de dos a seis senadoras (de 100). Ese año accedieron dos decenas de mujeres. A partir de entonces todas las elecciones son el año de las mujeres. Pero ahora sí que es posible que se dé un realineamiento de género. Por primera vez las mujeres podrían votar masivamente por un partido determinado», explica Ana Polo Alonso, consultora política especializada en comunicación institucional.

«Las mujeres de minorías votaban por los demócratas. Las blancas sin formación universitaria siempre apoyaban a los republicanos. En 2016 votaron a Donald Trump. Pero estas mujeres blancas sin estudios universitarios se están yendo ahora al Partido Demócrata. Por primera vez es posible que las mujeres voten en bloque, como lo hacían los obreros», añade Ana Polo Alonso, fundadora de Courbett Magazine

Este fenómeno se está dando ya en dos estados de los llamados swing states: Wisconsin, donde ganó Trump pero ahora puede perder, y en Minnesota, que se decantó hacia los demócratas por pocos votos hace cuatro años.

También se aprecia la ventaja entre las mujeres en otros campos de batalla (battleground states) como Georgia, Iowa y Texas, que fueron en su día estados republicanos, según una reciente encuesta de The New York Times y el Siena College, citada por el diario con base en la Gran Manzana. Entre las mujeres Biden aventaja a Trump por 14 puntos en Iowa, por diez en Georgia y por ocho en Texas.

La bandera del feminismo

Según Ana Polo Alonso, quien ultima un libro sobre Jackie Kennedy, el Partido Demócrata ha llevado la bandera del feminismo en esta campaña, que, por otro lado, está teniendo un perfil muy bajo, algo que juega en contra de los intereses demócratas.

Los republicanos podrían presumir de su apoyo a la causa femenina: fue Ronald Reagan el primero en nombrar en 1981 a una mujer, Sandra Day O’Connor, para el Tribunal Supremo, por ejemplo. Con la juez Amy Coney Barrett ahora las mujeres serían la tercera parte (Sonia Sotomayor y Helena Kagan), tres de nueve miembros. Todas las aspirantes de Trump para sustituir a la juez Ruth Bader Ginsburg eran mujeres.

De hecho, en la Convención Republicana han rendido homenaje a quienes lucharon por la aprobación de la décimonovena enmienda, referida al sufragio femenino.

Sobre las primeras damas, Polo Alonso señala que «deberían tener un papel importante. Eleanor Roosevelt era copresidente. Michelle Obama se convirtió en un icono cultural. Todo el mundo esperaba que Jackie Kennedy fuese una Eleanor Roosevelt, pero ella decidió romper todos los moldes y creó una nueva imagen como primera dama que todas las siguientes han intentado copiar». Entre ellas, Melania Trump.

Mayor participación femenina

A su vez, en un momento en que la movilización de los votantes va a ser determinante también es significativo destacar cómo las mujeres se inclinan más a acudir a las urnas (que en EEUU requiere registro previo) que los hombres).

«En Estados Unidos históricamente han votado más las mujeres que los hombres. En 2016, el voto femenino se situó cuatro puntos por encima. Es una tendencia que se repite en todos los grupos (blancas, afroamericanas y latinas)», afirma Alba Hahn, consultora política en Ideograma.

En 2016 a Hillary le perjudicó que no se segmentaran los mensajes y se apelara solo al género

alba hahn

Según Alba Hahn, es un error que los partidos conciban a las mujeres como un bloque. «Las mujeres somos diversas en nuestras ideas. Hay campañas que cometen el error de no segmentar bien los mensajes por apelar solo al género y no a la realidad socioeconómica, por ejemplo. En 2016 a Hillary le perjudicó centrar el mensaje solamente en la idea de votar a la primera mujer presidenta, sin hablar sobre temas que preocupaban a las mujeres blancas de los suburbios». 

Una mujer en el cartel demócrata

En este extraño 2020 hay una candidata a la vicepresidencia por el Partido Demócrata, Kamala Harris, hija de india y jamaicano. Kamala Harris se enfrenta esta noche, madrugada en España, al vicepresidente, Mike Pence, en el único debate que van a celebrar los compañeros de tándem electoral de Donald Trump y Joe Biden.

No es la primera vez que hay una candidata a la vicepresidencia. Ya lo intentó Geraldine Ferraro en 1984 como compañera de cartel con el demócrata Walter Mondale, y en 2008 la republicana Sarah Palin con el fallecido senador John McCain.

La primera mujer que aspiró a la Casa Blanca fue la sufragista Victoria Woodhull en 1872, pero no tenía ninguna posibilidad, ni siquiera la edad mínima requerida, 35 años, aunque fuera solo por unos meses.

En 2016 optó a la Presidencia la ex primera dama y ex secretaria de Estado Hillary Clinton y perdió frente a Donald Trump, si bien logró casi tres millones de votos populares más que el actual presidente. Al aceptar su derrota, Hillary Clinton aseguró que otras mujeres, jóvenes generaciones, romperían el techo de cristal.

En este 2020 la peculiaridad es que los vicepresidentes adquieren especial relevancia porque los primeros espadas son septuagenarios.

Donald Trump, que se recupera en la Casa Blanca del coronavirus, cumplió 74 años el pasado 14 de junio. Joe Biden, si ganara el 3 de noviembre, juraría el cargo en enero con 78 años. De hecho, ha insinuado que no aspiraría a un segundo mandato.

Como heredera de Donald Trump se perfila su hija Ivanka, quien junto a su marido Jared Kushner, forman parte del núcleo duro de asesores presidenciales. Ivanka cumple este mes de octubre 39 años y muchos creen que aspirará a la Presidencia en un futuro cercano.

El verdadero primer debate

Si Biden ganara y no optara a la reelección, Kamala Harris podría ser la primera presidenta de Estados Unidos. «Tiene mucho potencial de movilizar a las bases demócratas. Ahora los electores saben que el vicepresidente puede ser presidente. Kamala Harris va a ganar muchos puntos en el debate. Ha demostrado que es muy buena oradora. Tiene un estilo más cercano y más juvenil», afirma Alba Hahn.

Es una situación curiosa porque serán los vicepresidentes quienes situarán en el debate las propuestas políticas

alba hahn

Después del primer combate entre Donald Trump y Joe Biden, que se enzarzaron en una pelea callejera frustrante para cualquier elector, hay expectación en los medios sobre este segundo debate, el único entre los números dos. Aún está por ver si se celebra el segundo debate entre Trump y Biden el 15 de octubre, en Florida, por la enfermedad del presidente.

«Asistimos a una situación curiosa porque serán los aspirantes a vicepresidentes quienes situarán las propuestas políticas. Kamala apelará a su experiencia personal para apelar al voto afroamericano, y a las minorías», apunta Hahn.

A juicio de Ana Polo Alonso, este debate es la oportunidad para los demócratas de defender sus temas. «Están apostando demasiado al hartazgo de Trump y eso no es suficiente para llegar a la Casa Blanca. Han de defender claramente sus propuestas porque Trump sigue marcando la agenda con gran habilidad en comunicación. Hasta ahora Kamala Harris ha estado desaparecida de la campaña».

El reto de Kamala Harris esta noche será que el debate sea un debate, que las bases demócratas se movilicen y que algunos republicanos, sobre todo republicanas, hartas de Trump, se decanten por los demócratas y pasen a la acción, es decir, voten.

Como lo hizo Susan B. Anthony, aunque sabía que sería castigada. Ahora el castigo por no votar dura cuatro largos años.