A Donald Trump se le puede reprochar casi todo menos ser fiel a sí mismo. Y no ocultar sus intenciones. Lleva meses en modo ataque y derribo contra los demócratas. En la campaña electoral dijo que los demócratas solo ganarían si cometían fraude. Y los dirigentes republicanos le dejaron hablar. Porque saben de su rentabilidad en las urnas, aunque sea el incendiario-en-jefe. Ahora muchos de ellos se echan las manos a la cabeza y saltan del barco.

El asalto al Capitolio del que fuimos testigos el día de Reyes es la historia de una vergüenza anunciada. Donald Trump basó sus demandas sobre los resultados electorales en la diferencia entre votos «legales» y voto «ilegales».

El voto por correo y adelantado, que superó los cien millones este año por la pandemia del coronavirus, era un voto fraudulento para Trump. ¿Por qué? Sabía que gran parte de los demócratas iban a votar así por temor a contagiarse.

Sus seguidores son más escépticos sobre esta enfermedad que ya se ha cobrado en EEUU la vida de más de 363.000 estadounidenses, según la Universidad Johns Hopkins. Hay jornadas en las que han muerto más personas que en el mayor ataque terrorista sufrido en territorio estadounidense, el 11-S.

Trump, al contrario que otros antecesores que cuestionaron los resultados como el demócrata Al Gore, no reconoció los resultados, aunque los tribunales estatales y el Supremo descartaron cualquier fraude. Y emprendió una campaña de recaudación de fondos para acometer esta misión. Pocos fueron los republicanos que en toda esta trayectoria le contradijeron.

Mitt Romney, el disidente

Quien más se ha encarado con Donald Trump en sus cuatro años de mandato ha sido Mitt Romney (Detroit, 1947), quien fuera candidato presidencial frente a Obama en 2012 y ahora es senador por Utah. Fue el único senador republicano que votó a favor de la destitución de Trump en el impeachment de principios de 2020. Trump siempre le ha tildado de «perdedor», un insulto de alto voltaje en boca del presidente.

Lo que ha pasado es una insurrección, alentada por el presidente de los Estados Unidos»

mitt romney, senador por utah

En su intervención en el Congreso, en la sesión conjunta en la que por fin se ha confirmado la victoria de Joe Biden, tras el asalto al Capitolio, el senador Mitt Romney ha sido muy claro. «Nos hemos reunido por el orgullo herido de un hombre egoísta y la rabia de sus seguidores que han sido manipulados deliberadamente en los dos últimos meses y alentados a la acción esta mañana. Lo que ha pasado aquí ha sido una insurrección, alentada por el presidente de Estados Unidos. Todos aquellos que elijan continuar apoyando este juego peligroso y rechazar los resultados de unas elecciones democráticas y legítimas serán considerados como cómplices de un ataque sin precedentes contra la democracia. Serán recordados por este papel en un episodio vergonzoso de la Historia Americana. Será su legado».

Son palabras que había suscrito el senador John McCain, quien en vida siempre marcó distancias con Donald Trump. McCain, que también fue candidato presidencial contra Obama en 2008, estrechó su amistad con Joe Biden, a quien conocía del Senado, desde que supo que tenía un tumor cerebral. Biden había perdido a su hijo Beau a los 47 años por la misma dolencia.

Hasta que perdió las elecciones Donald Trump imponía su desgobierno en el Partido Republicano. En 2020 ha conseguido 74 millones de votos, casi diez más que hace cuatro años. Son menos que los 81 millones de Joe Biden, pero son muchos más votos que los logrados antes por ningún candidato republicano en la Historia.

En las últimas semanas, cuando Trump buscaba a la desesperada como revertir el resultado, sí hubo voces discordantes entre los republicanos. El secretario de estado de Georgia, Brad Raffensperger, resistió a las presiones de Trump, que le pedía encontrar 11.870 votos para revertir el resultado en Georgia. Desde 1992 no ganaba en este estado sureño un demócrata.

Los conversos de última hora

Tampoco le hizo caso el vicepresidente, Mike Pence, a quien Donald Trump instó a que revirtiera la confirmación en el Congreso. Pence le dejó claro que no era su papel y se declaró fiel a la Constitución.

En la manifestación previa al asalto, este miércoles Trump dijo que aún confiaba en que el vicepresidente evitara que se proclamara la victoria de Biden. No lo hizo. Y tras el asalto fue rotundo: «La violencia no gana. La democracia gana. Esta es la casa del pueblo».

Pero antes había dejado que Trump llegara muy lejos. Como casi todos.

El senador Mitch McConnell, el líder de los republicanos en la Cámara, también marcó distancias claras con Trump en la votación en el Congreso. Justificó que antes hubiera dejado a Trump ir a los tribunales, ya que dijo que era un procedimiento adecuado en caso de dudas serias, pero que una vez que se pronunciaron los tribunales estatales y el Supremo ya no había lugar a más objeciones. Así lo dejó claro en el Congreso.

Ha sido Elaine Chao, secretaria de Transportes, esposa de McConnell, la primera persona del gabinete de Trump que ha dimitido. También ha dejado su cargo la titular de Educación, Betsy DeVos, entre otros asesores y funcionarios.

Ted Cruz y los «sediciosos»

«Nuestra democracia entrará en una espiral mortal», había dicho McConnell. Pero sus palabras no hicieron mella en senadores como el senador Ted Cruz (Calgary, 1970), de origen cubano. Cruz ha sido el abanderado de quienes pretendían impedir que el Congreso confirmara a Joe Biden como presidente de EEUU. Cruz tiene en mente, al igual que Trump, las elecciones de 2024.

Hubo algunos congresistas y senadores que pretendían secundar las objeciones a los resultados pero que tras ver a los hinchas de Trump campar a sus anchas por el Capitolio se retractaron. No es el caso de Ted Cruz, si bien, como hizo el presidente, una vez que vio el vandalismo de los seguidores de Trump expresó su condena a la violencia, «venga de donde venga».

En una columna en The Washington Post, el columnista conservador George F. Will, apunta contra quienes cree que son los instigadores del asalto al Capitolio Trump, Hawley y Cruz llevarán la S escarlata de sediciosos se titular el artículo.

Los tres repulsivos arquitectos del lamentable espectáculo del Capitolio deben conocerse y condenarse: Trump, Hawley y Cruz»

george f. will

«Los tres repulsivos arquitectos del lamentable espectáculo del miércoles, turbas violando el edificio más sagrado de la República para evitar que se completara el proceso constitucional, deben conocerse y condenarse. Son Donald Trump, y los senadores Josh Hawley y Ted Cruz», escribe Will.

Josh Hawley (Springdale, 1979) es senador por Missouri. Fue quien anunció su intención de rechazar los resultados por la gran cantidad de «demandas» de irregularidades, todas presentadas por el perdedor.

Ted Cruz, senador por Texas fue quien se encargó de buscar apoyos entre los republicanos para ese movimiento en el Congreso. Logró que le secundaran los senadores Ron Johnson de Wisconsin, James Lankford de Oklahoma, Steve Daines de Montana, John Kennedy de Luisiana, Marsha Blackburn, de Tennessee, y Mike Braun, de Indiana.

A Cruz le guía una ambición desmedida. Aspira a heredar los votantes de Trump. Vio antes que Trump el filón de ser antiestablishment, pero no tiene el atractivo popular del magnate, ni ha logrado meterse en muchos hogares estadounidenses gracias a ser la estrella de un reality.

Fiel al guion de Trump, y sobre todo a sus millones de votantes, Cruz sostuvo hasta el final que las elecciones habían sido «robadas». Donald Trump ya ha anunciado que seguirá con su objetivo de «hacer América grande de nuevo». Un 45% de los votantes republicanos apoyan el asalto al Senado, mientras que un 43% lo rechaza, según un sondeo de YouGov. Cruz, licenciado en Derecho por Harvard, sabe bien que las demandas de Trump no tienen recorrido pero también es consciente del capital electoral del presidente.

Como argumento a favor de la tesis del fraude, Cruz dijo en el Congreso que un 39% de los estadounidenses cree que las elecciones fueron fraudulentas. «Puede que no estén de acuerdo con esta idea pero es una realidad para casi la mitad del país… Aunque no compartan esta convicción, es responsabilidad de esta Cámara reconocer que es una amenaza para el país y para la legitimidad de cualquier gobierno en el futuro», dijo Cruz. Obvió que el presidente, y los medios afines, sobre todo alternativos, lleva meses difundiendo esta tesis del fraude. Tampoco analizó cómo el presidente pone en peligro los pilares democráticos con esos mensajes.

A Trump le quedan 14 días en la Presidencia, o menos si se aplica la vigésimo quinta enmienda. Deja el Partido Republicano hecho jirones.