«Cuando me entregué sabía que la verdad iba a prevalecer. Así ha sido». Lula da Silva ha comparecido en público por primera vez desde que un juez brasileño anuló las condenas contra el ex presidente. El ex presidente brasileño se ha presentado como víctima de «la mayor mentira jurídica en 500 años». Y ha anunciado que trabajará para crear una alianza para desbancar al presidente Bolsonaro en 2022. Sin embargo, no ha dicho que sea él quien encabece ese frente político cuyo objetivo sería la recuperación de Brasil.

En tono presidencial, ha dicho que «Brasil tiene que volver a soñar» y dejar de lado el mandato de Bolsonaro. «Para la construcción de ese sueño me siento joven. Nunca desistiré. No existe en mi diccionario… Quiero ayudar a construir un mundo justo». Y se ha declarado dispuesto a «defender al pueblo brasileño».

Con 75 años cumplidos, la semana que viene tomará la vacuna. «No importa de qué país», ha dicho solemne Lula da Silva que ha marcado distancias con la forma en que quita importancia el presidente Bolsonaro a la pandemia del coronavirus.

«El arte de gobernar es el arte de saber tomar decisiones. En marzo debería haber formado un comité de crisis», ha dicho en la sede del Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, desde donde partió a entregarse a finales de 2018.

El magistrado ha declarado no competente al tribunal que condenó a Lula da Silva pero no ha entrado a estudiar las investigaciones de corrupción. Aún tiene causas pendientes, y el plenario del Supremo ha de pronunciarse por la intervención de la Fiscalía. Lula ha insistido en su inocencia una y otra vez.

Lula ha asegurado que «Lava Jato ha desaparecido de mi vida», en alusión a los casos por corrupción. Se presenta como un líder sin rencor. «No tengan nunca miedo de mí», ha remarcado.

Las muertes que se podrían haber evitado

Rodeado de acólitos, Lula da Silva ha realizado un recorrido por su trayectoria, ligada al Sindicato de Metalúrgicos y al Partido de los Trabajadores (PT). Ha descrito un panorama sombrío del Brasil actual, que ha dado pasos atrás en la lucha contra la desigualdad y que sufre los embates de la pandemia del coronavirus. El promedio de muertos diarios sobrepasa los 1.500.

Este país está en el caos. No tiene gobierno, no tiene ministro de Economía, no tiene ministro de Sanidad..»

«Muchas muertes podrían haberse evitado en Brasil», ha repetido Lula da Silva, quien ha reprochado a Bolsonaro su irresponsabilidad en la gestión del coronavirus. «Este país está en el caos porque no tiene gobierno. No tiene ministro de Economía, ni de Sanidad… No cuida de la economía, del empleo, del salario, de la salud, de la educación, de los jóvenes…» Y ha añadido: «No haga caso a las tonterías que dice el presidente de la República y del ministro de Sanidad. Vácunense».

A su vez, ha culpado a Bolsonaro de la polarización actual. «Nunca había visto tanto odio, ni tanta polarización».

Gracias al Papa, a Sanders y a Zapatero

Ha agradecido a diversos políticos brasileños y varios internacionales su apoyo cuando estaba en prisión, acusado de corrupción. Ha empezado sus elogios con el presidente de Argentina, Alberto Fernández, y ha seguido con el Papa Francisco. Ha revelado que con el Pontífice argentino conversó sobre la desigualdad.

Ha destacado el apoyo de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, del senador estadounidense, Bernie Sanders, el ex presidente de Bolivia Evo Morales y el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, entre otros.

Lula ha arremetido contra el juez Moro, que lo condenó. «No pararemos hasta que no sea considerado el mayor mentiroso de la historia de Brasil. Está sufriendo más de lo que yo sufrí, porque él sabe que mintió», ha dicho. Moro afronta ahora en el Supremo una causa por su actuación.

Ha vuelto. El sindicalista que se convirtió en presidente de Brasil para sorpresa de muchos no se rinde. Va a plantarse contra Bolsonaro. De una u otra forma estará entre quienes abanderen el frene para desbancar al actual presidente. La batalla ha empezado.