A Isidre Ambrós (Barcelona, 1956) le duele la precariedad que vive el periodismo actual con unas corresponsalías cada vez más menguantes. Tuvo la suerte de ejercer esta profesión en una época mejor y en uno de los diarios, La Vanguardia, que más ha apostado por la información internacional. Fue corresponsal en Bruselas durante nueve años (1990-1999) y vivió como una gran decepción el fracaso de la Constitución Europea. En Berlín estuvo dos años (2006 a 2008) antes de dar el salto a Asia.

Trabajó como corresponsal en Pekín entre 2008 y 2015. Concluyó en Hong Kong en 2018 su trayectoria en La Vanguardia. Ahora colabora en Política Exterior, Alternativas Económicas y elabora informes en el Instituto de Estudios Estratégicos. Ha escrito La cara oculta de China. Una década en el corazón del gigante asiático (Editorial Diéresis), un libro que nos acerca a través de historias humanas una potencia tan renombrada como desconocida.

No sabemos cómo viven los chinos. Son unos grandes desconocidos para los occidentales»

«Quería contar historias de la gente de a pie. No sabemos cómo viven los chinos. Es el tema. Son grandes desconocidos para los occidentales. Ellos, por el Año Nuevo Lunar se regalan un sobre rojo con algo de dinero. Recuerdo que en una rueda de prensa al final nos dieron un sobre a todos y yo quería rechazarlo. Eran 500 yuanes (unos 60 euros al cambio actual). Era una tradición que se hace de buena fe en muestra de agradecimiento, pero para nosotros es corrupción», cuenta Ambrós.

Reconoce que la historia que más le impactó fue la de los niños ignorados de China, los hijos de convictos. «La mayoría eran niñas porque había una superpoblación de niñas. Los visitamos en un refugio y fuimos de excursión a un lago cercano. Primero no hablaban con nosotros. Un par de niñas se acercaron pero no hablaban. Te llega al corazón. Sobre todo, cuando te cuentan sus historias. Como esa niña que había servido a su padre un bol con arroz envenenado por la madre. El padre las maltrataba».

China no es un país amigo de los periodistas occidentales. Hay que lidiar con la vigilancia y con ese prejuicio de considerar a la prensa occidental como el enemigo. «Interpretan que solo vas a destacar los aspectos negativos y vas a dañar al país», señala Ambrós, que reconoce que hay días en que te invade el desánimo.

Ruptura generacional

Vemos en el libro cómo hay un choque de generaciones en China. Los jóvenes que han logrado ser independientes prefieren retrasar la hora de llegar al altar. Sin embargo, para los padres, una vez que han cursado estudios y tienen empleo, lo más importante es que se casen y tengan hijos. De ahí que muchos jóvenes alquilen compañía en las fiestas señaladas. Así acallan a los padres una temporada.

«Hay una ruptura que se entiende porque los treintañeros son la primera generación que vive en un país pacificado y en desarrollo. En realidad, hasta que llega Deng Xiaoping, en 1978, la vida de los chinos es un sinvivir, de guerra en guerra, invasiones, pobreza. Con Deng empieza la apertura y la sociedad china vive un periodo de paz y creciente prosperidad», relata Ambrós.

El consumismo les demuestra que son iguales a todo el mundo. Es una especie de nueva religión»

¿Es una sociedad muy consumista? «De alguna manera, el consumismo les demuestra que son iguales a todo el mundo. Es una especie de nueva religión. Por primera vez acceden a ese tipo de consumo. En broma a veces digo que los chinos van a Occidente a adquirir productos originales, y los occidentales buscan en China las copias».

Siguen las tendencias y están al tanto de todo. Bueno, de todo menos de la Historia de su país, apunta Ambrós. «Si les enseñas la foto del joven frente al tanque en Tiananmen, no saben qué es».

¿Cómo se explica? «Tienen grabado a sangre y fuego el siglo de humillación, desde las guerras del opio. Son muy nacionalistas. El Partido Comunista ha creado su propio universo, su propio Twitter (Weibo), su propio Google, Facebook… En su propio Google si demuestras que tienes conocimientos y das opiniones hay un sistema de puntos que te definen como experto. Son muy competitivos… A eso le sumas que los informativos chinos ofrecen diez minutos de logros nacionales, otros diez de lo mal que va el mundo, y el resto deportes», apunta el autor de La cara oculta de China.

La prueba de la pandemia

Y la reciente vivencia de la pandemia del Covid-19 les reafirma como potencia. La enfermedad surgió en un mercado de Wuhan y durante tres semanas las autoridades locales trataron de ocultar lo que pasaba. Cuando fue evidente, la reacción fue meteórica. China es uno de los pocos países del mundo que terminó 2020 con un último trimestre en números negros, con PIB en positivo. Prevé crecer un 6% este año.

«El coronavirus les ha confirmado la victoria de su sistema sobre el sistema de democracias occidentales. Ellos lo han controlado. Han dado la vuelta al tema. Las críticas de Occidente y de la OMS al principio de la epidemia por su opacidad han quedado solapadas por su eficacia. Han aplicado un sistema draconiano de control de la epidemia, basado en confinamientos masivos y rastreos, y han utilizado la tecnología para controlar la epidemia. Han respondido con una vacuna equiparable a las occidentales que les ha dado un plus de éxito», afirma Ambrós. «Está claro su éxito, sobre todo, en comparación con Europa».

El Partido Comunista hizo un pacto no escrito con la sociedad china después de Tiananmen: os garantizo crecimiento y estabilidad a cambio de estabilidad social»

¿Por qué los chinos aceptan tal grado de control sin rechistar? «El Partido Comunista hizo un pacto no escrito con la sociedad china después de Tiananmen: os garantizo crecimiento económico y estabilidad y seguridad a cambio de estabilidad social. Es un pacto tácito entre partido y sociedad», cuenta el periodista.

«También juega un papel relevante la historia. La sociedad china estaba exhausta de un siglo de desórdenes (guerras del opio, invasión extranjera, caída del imperio, luchas entre señores de la guerra, guerra civil entre nacionalistas y comunistas, invasión japonesa, hambruna, revolución cultural)… Son 100 años en los que China pierde el tren del desarrollo industrial y la sociedad se ve muy empobrecida. Mao llega con mano de hierro y les garantiza el bol de arroz. Primero comían una vez al día caliente, luego tres veces al día… podían moverse, consiguieron televisión, un coche… hasta convertirse en potencia. La lectura es: por fin somos un país normal y eso lo ha hecho el Partido Comunista», añade Ambrós, quien remarca cómo cada ciudadano chino vive en una burbuja formada por su entorno más cercano, su familia. Están concentrados en el progreso de sus más cercanos.

Los mandatarios chinos saben, además, que cuentan con una fuerza muy importante: el Partido Comunista Chino, al que están afiliados unos 92 millones de ciudadanos. Con sus familias, son unos 300 millones de seguidores dispuestos a defender al Partido. Y si se cuenta a las generaciones anteriores, los padres, unos 600 millones de fieles.

«Cuando ven que algo puede provocar malestar social o desórdenes lo atajan radicalmente. Tienen claro que hay que evitar una sublevación de las masas contra el Partido. Eso les aterroriza. Hace un par de años se decía que Xi Jinping quería jubilar a miles de manos militares y los militares se manifestaron porque les iba a quedar una pensión baja… El Partido les aumentó la paga y se acabó el problema. Los chinos tienen interioridad el pánico al desorden social. Hacen cualquier cosa para evitar un desorden social», relata el periodista. 

Xi Jinping y el Imperio del Centro

Al frente de China figura Xi Jinping desde 2013 y parece que seguirá al mando muchos años más. ¿Cómo es realmente? «Cuando aún no era el líder, muchos corresponsales pensábamos que continuaría la línea de apertura que habían marcado sus antecesores. Pronto vimos que no. Un funcionario europeo, un alto cargo, me dijo que en los encuentros no hablaba mucho, que escucha mucho, y dicta sentencias», relata.

Xi Jinping, de la generación de los ‘príncipes rojos’, se volvió más maoísta que Mao después de estar rehabilitándose en un campo»

«Pertenece a la generación de los príncipes rojos, herederos de quienes hicieron la Revolución con Mao. Se volvió más maoísta que Mao, después de estar rehabilitándose en el campo. Su padre fue juzgado. Tomó nota de todo. Es más ortodoxo. Se ha visto en sus primeros ocho años en el poder cómo quiere hacer realidad el sueño chino de volver a ser el Imperio del Centro. Así está recuperando las rutas de la seda, que viene a ser una globalización con características chinas, y ha establecido nexos con África, Oriente Medio, y Europa para consolidar su proyección a través del comercio y la cultura», añade.

«Es un líder fuerte, autoritario y ha roto con ese acuerdo tácito de los dos mandatos. Está aún por ver porque terminaría en otoño de 2022 y este otoño debería dar a conocer a su sucesor, pero todo indica que se mantendrá en el poder hasta que se canse o cumpla sus proyectos», explica el ex corresponsal en Asia de La Vanguardia.

«Su objetivo es que Occidente le reconozca el papel central en el desarrollo político, social y cultural del mundo. En eso hay que decir que Trump le ayudó mucho. Durante los cuatro años de Trump, cada vez que soltaba un exabrupto, China quedaba como la campeona de la globalización, del cambio climático… Xi Jinping como gran adalid de la globalización y el liberalismo mundial. Todo lo que pregonó en Davos, sobre estas cuestiones, no lo cumple en China. Las empresas extranjeras no gozan de las mismas oportunidades», subraya.

La relación con Biden y con la UE

¿Habrá grandes cambios en la relación con Biden? «Van a cambiar las formas. Biden va a mantener la misma firmeza pero con formas más suaves. China y EEUU están condenados a entenderse. Hay multitud de asuntos que les unen y que les fuerzan a colaborar. Lo harán en temas como el cambio climático o sobre Corea del Norte, por ejemplo, pero seguirán enfrentados en comercio o tecnología, donde se libra la gran batalla por la supremacía internacional… En otras cuestiones como Hong Kong o Taiwán se tirarán los trastos a la cabeza».

En relación con Hong Kong, Isidre Ambrós es pesimista. El tiempo juega a favor de China, ya que en 2047 pasaría al control de China. «Son medidas decisivas para acabar con las voces críticas hacia Pekín. El establishment hongkonés siempre ha sido favorable a Pekín. Si puede mantener el estatus de región autónoma, ya sería un éxito». 

Sobre derechos humanos no hay manera de que haya un diálogo entre China y Occidente. «China nos tiene cogida al medida, sabe modular bien lo que queremos escuchar y ver. Pero aquí no hemos encontrado el tono para poder hablar de tú a tú a China y que China nos escuche y se establezca un diálogo franco. China tiene la sensación de que Occidente les ha expoliado en el pasado. Pesan décadas de afrenta. Nos humillaron pero ahora somos iguales, es el punto de vista chino».

A la UE, ¿le conviene acercarse a China o a EEUU? «Lo primero que debería hacer la UE es hablar con una sola voz y forzar a Pekín a mantener un diálogo transversal con Bruselas. Hasta ahora en las agendas del presidente chino cuando viaja a Europa hace escala en Berlín, París, Roma… pero no en Bruselas.. El tema de Bruselas se circunscribe a cumbres anuales China/UE», dice Ambrós.

China siempre ha apostado por dividir a la UE… La UE debería intentar hacer un frente común con EEUU para establecer un diálogo franco con China»

«China siempre ha apostado por dividir a la UE. Habla con los países de Visegrado, con los del norte de Europa. Evita hablar con los Veintisiete. La UE debería intentar hacer frente común con EEUU para establecer un diálogo franco con China. Europa tiene capacidad para constituirse como gran potencia internacional que trate de tú a tú a EEUU y a China. No puede quedarse descolgada, y más en la batalla por el liderazgo tecnológico».

¿Y cómo nos ven a los españoles? «Como parte de Europa, eso es importante. Nos consideran un país serio, trabajador y una oportunidad para invertir y sobre todo como una potencia agroalimentaria. Nos quieren copiar, les gustan nuestros productos y nuestra manera de ser. Recuerdo a un empresario que quería importar cerdos para hacer jamón. Le aclaré que necesitaba la tierra para que el producto fuera igual. Y me contestó que haría un producto más competitivo y los españoles le irían a comprar. No me extrañaría que así fuera».

¿Es el siglo XXI el siglo de China? «Es el siglo de China y de Asia en general. No confundamos China como sinónimo de Asia. En el ASEAN se congregan diez países del Sudeste Asiático con un proyecto parecido a de la UE. Es un mercado único de 600 millones de potenciales consumidores. Ahí están Corea del Sur o Japón. Son grandes colosos económicos y políticos. Pecamos de eurocentrismo y de eurooccidentalismo».