Después de 11 días de bombardeos, el gobierno israelí y Hamás, que controla la franja de Gaza, han acordado, gracias la mediación internacional, un alto el fuego. El gobierno israelí lo ha aprobado tras una reunión de emergencia del consejo de seguridad este jueves. Ha entrado en vigor a las dos de la mañana, hora local, y de momento se respeta.

Los gazatíes han celebrado el acuerdo con gritos de «Alá es grande». La vida volvía poco a poco a un territorio que ha sufrido especialmente esta operación militar. En Israel los más extremistas consideran esta tregua una claudicación.

En una declaración institucional, el presidente de EEUU, Joe Biden, ha dicho que Netanyahu le había informado de este alto el fuego incondicional. Biden ha confirmado que su diplomacia ha trabajado sin descanso para lograr esta tregua.

«Estas hostilidades han desembocado en la muerte trágica de numerosos civiles, incluidos niños. Envío mis más sinceras condolencia a todas las familias, israelíes y palestinas, de aquellos que han perdido a sus seres amados y confío en la recuperación de los heridos», ha señalado.

Los negociadores estadounidenses han dejado claro que la ayuda a la reconstrucción está vinculada a la destrucción de los arsenales de cohetes y de los túneles en la franja de Gaza.

Biden había pedido este miércoles a su aliado, el primer ministro, Benjamin Netanyahu, que iniciara la desescalada que desembocara en una tregua. En uno de los más graves enfrentamientos desde la ofensiva de 2014, han muerto 232 personas en Gaza, entre ellas 65 niños, y 12 en Israel. Hay unos 90.000 desplazados por la destrucción de sus viviendas y 1.800 heridos.

El gobierno israelí, en funciones todavía, ha celebrado este jueves una reunión de emergencia de su consejo de seguridad para estudiar las condiciones de este alto el fuego. Egipto ha actuado como mediador, ya que Israel no trata directamente con Hamas, por considerarla una organización terrorista. Este jueves Biden ha conversado con el presidente egipcio, Abdelfatah Al Sisi, sobre los esfuerzos para que cesen las hostilidades. Finalmente, esa negociación ha dado sus frutos.

El primer ministro israelí en funciones, Benjamin Netanyahu, dijo que Israel iba a seguir con los bombardeos hasta que estuviera garantizada la seguridad de sus ciudadanos. Sin embargo, el mensaje de Biden, que ha reconocido el derecho de Israel a defenderse, era claro.

Si los bombardeos se prolongaban, no podría mantener su respaldo. Por ello, este miércoles Biden ya no hablaba del derecho de Israel a defenderse sino de «desescalada».

La izquierda del Partido Demócrata ha sido muy crítica con Biden en esta crisis. La relación con Israel es vital para EEUU y es política de Estado. Pero hay una facción de los demócratas, en las que se integran las congresistas conocidas como el Escuadrón, que ven a Israel como una potencia ocupante.

Once días de muerte y destrucción

Israel mantiene que una parte de las víctimas en la franja de Gaza han muerto por cohetes de Hamás, a quien acusa de utilizar a la población como «escudos humanos». Más de 60 niños han perdido la vida en esta ofensiva. Los palestinos argumentan que Israel usa todo su extraordinario poder militar contra la franja sin tener en cuenta que es una de las zonas del mundo más densamente pobladas.

Israel ha llevado a cabo cientos de bombardeos aéreos y ataques de artillería desde la frontera con Gaza. Hamás ha lanzado unos 4.000 cohetes sobre el centro y el sur de Israel. El 90% de estos cohetes son interceptados por la llamada cúpula de hierro, el escudo antimisiles que ayuda a que los daños en Israel sean mucho menores.

La crisis estalló el lunes 10 de mayo cuando las fuerzas de seguridad israelíes impidieron el acceso a la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén oriental, a los palestinos. La tensión ya venía de los días previos, los últimos del Ramadán.

Esa jornada del 10 de mayo era el Día de la Bandera, una fiesta en la que Israel conmemora el Día de Jerusalén, cuando celebra su victoria en la Guerra de los Seis Días que le permitió controlar Jerusalén.

Hamás entró en acción con un lanzamiento de cohetes sobre Jerusalén, lo que Israel consideró una línea roja. Respondió de inmediato con bombardeos sobre Gaza. La operación más intensa de Israel se denominó Guardián de las Murallas. Consistió en bombardear la red de túneles construida por Hamás. Israel considera un éxito esta operación.

La situación política en Israel es muy frágil. Netanyahu, tras más de una década en el poder, no logró forjar una coalición de gobierno con suficientes apoyos en la Knesset (Parlamento israelí). Cuando estalló la crisis, Yair Lapid intentaba buscar apoyos para gobernar. Pero esta operación puede haber cambiado el tablero político. Ahora Netanyahu vuelve a tener posibilidades porque el conservador Naftali Bennett ahora se inclina a apoyarle. Si no hay acuerdo de gobierno, Israel está abocada a celebrar sus quintas elecciones en poco más de un año.

A su vez, la Autoridad Nacional Palestina no ha convocado elecciones por no poder hacerlas en Jerusalén Este, y su fuerza está muy tocada. Hamás sacará réditos de esta operación militar.

El alto el fuego permite un respiro a la golpeada población palestina en la franja de Gaza. Sin embargo, esta tregua no deja de ser una pausa en un conflicto que sigue cobrándose vidas y lastrando a árabes y judíos en la zona. Por primera vez en esta crisis se han dado linchamientos y escenas de violencia en ciudades donde conviven judíos y árabes. Es otra muestra más de la necesidad de que la paz no sea un mera interrupción de los ataques.