Jesús Silva Fernández (Sevilla, 1962) sabe sobre Venezuela mucho más de lo que cuenta en una entrevista formal. Era una de las personas mejor informadas del país durante su etapa como embajador desde marzo de 2017 a noviembre de 2020. En la legación española, durante su estancia, se celebraron conversaciones secretas entre el chavismo y la oposición, con la mediación de José Luis Rodríguez Zapatero en 2017. Y también estuvo acogido a Leopoldo López, el disidente al que más teme Nicolás Maduro. Tiene para escribir un libro, algo que no descarta. Su próximo destino es Sudáfrica. Curiosamente no será embajador allí.

Llegó a Caracas un día después de la sentencia del Tribunal Supremo chavista que se consideró un atentado contra la Asamblea Nacional. En ese momento se arrogó las competencias legislativas, tras declararla en desacato. Según la Constitución chavista de 1999, se establecía que toda concesión de los recursos naturales del país tenía que ser aprobada por la Asamblea Nacional. Y estaba en manos opositoras así que la intentaron suplantar. Hubo protestas en las calles.

Cuatro meses después asisió en la Asamblea Nacional a una sesión en la que reclamaron la liberación de Leopoldo López. Estuvo allí porque el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, temía que le detuvieran y por ello invitó a los embajadores para protegerles. Apenas unas horas más tarde colocaron varias bombas caseras en la embajada española. Y después del levantamiento fallido del 30 de abril de 2019 tuvo acogido al disidente en la embajada española. Así que no se aburrió.

Silva es, stricto sensu, el último embajador de España en Venezuela, ya que Juan Fernández Trigo, su sucesor, es encargado de negocios. No ha presentado sus credenciales a Nicolás Maduro porque la UE consideró que las elecciones en las que fue reelegido en mayo de 2018 fueron fraudulentas.

En Venezuela te das cuenta de que puedes ayudar a gente a que salga de la cárcel o evitar que vaya. Es una enorme responsabilidad»

«Fue una experiencia muy intensa y muy difícil. Es el destino diplomático más complicado que existe hoy en día para la diplomacia española. Había mucha tensión por la situación que te rodeaba allí y por España. Pero la sensación es que era importante y útil lo que estabas haciendo. Lo que me sorprendió fue la parte humana: te das cuenta de que puedes ayudar a gente a que salga de la cárcel o evitar que vaya a la cárcel. Allí te necesitan para que no le metan preso o no le maten. Eso es una responsabilidad enorme», afirma Jesús Silva en una entrevista en la sede de El Independiente en Madrid.

Confiesa Jesús Silva que en Venezuela se reconcilió con la diplomacia. En Caracas el embajador de España tiene muchísimo peso. «Allí te das cuenta de que somos muy necesarios en el mundo, aunque hay sitios donde es más visible y en otros menos. En este mundo global el diplomático es cada vez más necesario. Hay situaciones límite que existían desde la época de Ángel Sanz Briz cuando salvó a judíos en Hungría«, cuenta el diplomático.

Ha lidiado con habilidad con el poder en Venezuela, un país donde son muy sensibles al nacionalismo a la defensa del principio de soberanismo. Durante su estancia mantuvo una relación muy intensa con el gobierno. «Había un diálogo muy franco. No siempre estábamos de acuerdo. La diplomacia no es ponerse de perfil. En diplomacia se puede decir mucho en privado. Y en ese sentido había mucho que hacer», relata.

Como embajador tenía que hacer un juego de equilibrios. Trataba especialmente con Jorge Arreaza, ministro de Exteriores; también Delcy Rodríguez, vicepresidenta, y con su hermano, Jorge Rodríguez, peso pesado del régimen, así como con los sectores disidentes del chavismo. Y por supuesto, con la oposición.

En Venezuela no funciona el Estado de derecho y no hay seguridad jurídica»

¿Qué tipo de sistema político hay en Venezuela realmente? «Lo que sí es verdad es que en Venezuela no funciona el Estado de derecho: no hay libertad de prensa ni tutela efectiva de los tribunales, tampoco la oposición puede acceder a los medios públicos, ni criticar al gobierno. Eso se demuestra en la falta de seguridad jurídica para los inversores extranjeros. Venezuela es un país muy atractivo para la inversión pero no hay garantías para que se animen a invertir», dice Silva.

España, referente para chavismo y oposición

Reconoce que en España a veces se utiliza Venezuela para fines de política interna. «En todo caso, lo que se dice y hace en España de Venezuela tiene gran importancia. Tanto para los chavistas y maduristas como para la oposición, que tiene su gran aliado en España», señala Jesús Silva, que reconoce que incluso a veces se enteraba por el gobierno de Maduro de algo que había sucedido en España o que se difundía en redes sociales aquí porque lo seguían todo al dedillo.

En 2017 fue testigo de unas negociaciones secretas en las que el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero actuaba como mediador. Las reuniones se llevaban a cabo en la embajada española y Jesús Silva se encargaba de las viandas. Jamón para que la conversación se prolongara lo más posible. No participaba pero las partes acababan contándole sus posiciones.

Una constante de la política española es que queremos que haya un acuerdo pacífico que conduzca a la democratización del país

«Entonces Zapatero tenía pleno apoyo del gobierno de Rajoy y del ministro de Exteriores, Alfonso Dastis. Una constante de la política española en Venezuela es que queremos que haya un acuerdo pacífico que conduzca a la democratización del país. No hay alternativas. Nada que no sea negociado es una alternativa. Nadie defiende la opción violenta. Defendemos que sea un proceso pacífico y democrático. Luego es un problema de voluntad y de voluntad de aceptar la alternancia en el poder. Y ahora Maduro no la acepta. Lo ha dicho directamente. Que nunca más gobernará la oposición en el país», apunta el diplomático.

Tiene un buen concepto sobre la labor de Zapatero en 2017 y 2018. Ayudó a la liberación de presos y logró avances. Pero después ya no podía seguir porque no le acepta la oposición.

Un ‘huésped’ especial

La embajada y la residencia española estaba muy vigilada por los servicios secretos (Sebin), debido a la presencia de Leopoldo López allí. En ocasiones, según relata, aportaban información falsa porque si cometían fallos daban datos erróneos.

«La fuga de Leopoldo me la atribuyeron a mí cuando yo no tenía medios materiales ni humanos para sacarlo del país. Como había sido un error, buscaron un culpable, pero fue un fallo del Sebin», señala Silva. Fue el gobierno español el que aceptó dar refugio a Leopoldo López.

Leopoldo López era un huésped y se podía ir cuando quisiera. El Sebin cometió un fallo. No tengo constancia de que hubiera una conspiración por parte del Sebin»

«Era un huésped y se podía ir cuando quisiera. El Sebin cometió un fallo. No tengo constancia de que hubiera una conspiración por parte del Sebin. Si bien es cierto que dentro del propio gobierno hay gente muy crítica con el régimen; las lealtades del régimen son muy frágiles», afirma Silva. La relación con Leopoldo López era fluida, según cuenta el diplomático. Hacía su vida y había días que no coincidían. A pesar de que el embajador hizo todo lo posible para que la embajada siguiera sus funciones, su vida resultó afectada.

«No podíamos convertir la embajada en una plataforma de activismo político. Queríamos hacer vida normal y tener relación con las autoridades políticas, económicas y culturales del país. Se hacía difícil por las limitaciones que imponía el Sebin que a veces no respetaban las normas de la Convención de Viena. No hicimos nada público para no dañar las relaciones. Partimos de la base de que es muy importante mantener esas relaciones: quedan unos 150.000 españoles allá, inversiones, y ahora hay aquí medio millón de venezolanos. Ese puente de interlocución no se podía romper y por eso teníamos que tener en cuenta los límites», añade.

Siempre intentó mantener la relación con el chavismo, que tiene el control del territorio y el gobierno, y con la oposición y Juan Guaidó, reconocido como presidente encargado por la Unión Europea, con la autoridad moral. Era un equilibrio complejo, pero necesario.

Renace la esperanza negociadora

Hasta ahora cree que las negociaciones de 2017, con la mediación de Zapatero, fueron las que llegaron más lejos. En ellas se habló de elecciones presidenciales, un proceso electoral limpio… pero no se llegó a un acuerdo. En la República Dominicana participó la comunidad internacional y el tercer intento con la mediación noruega que tampoco fructificó.

«Todos saben lo que hay que hacer pero una parte considera que la negociación es un fin en sí mismo, como muestra de magnanimidad, y otra parte que considera que es un instrumento para llegar a acuerdos, que haya elecciones con garantías democráticas. Lo que se necesita es voluntad para llegar a acuerdos», dice Silva.

Ahora hay un acuerdo sobre los mediadores, los noruegos, y Estados Unidos, Canadá y la UE quieren impulsar la negociación. Pero Maduro ha de aceptar la alternancia en el poder. Hay quienes piensan que mientras tanto se puede lograr que haya ayuda humanitaria, liberar a los presos y conseguir logros concretos.

Solo si la UE se involucra en una observación electoral exhaustiva se pueden garantizar elecciones libres»

Silva reconoce que trabajó muy bien con Josep Borrell, cuando era ministro de Exteriores. Y sigue como Alto Representante de Política Exterior y Seguridad siendo interlocutor en el tema venezolano. «Solo si la UE se involucra en una observación electoral seria y exhaustiva se pueden garantizar unas elecciones libres y democráticas. En eso coincide la oposición», señala.

Pero son los venezolanos quienes han de dar el paso decisivo. «La comunidad internacional se tiene que involucrar necesariamente. Supone un factor de inestabilización fuerte en América Latina. Y hay muchos países afectados por la emigración. Al final, son los venezolanos los que tienen que llegar a acuerdos. Pueden hacerlo. Lo que hace falta es voluntad».