Imagen del mapa de Afganistán con un talibán, la bandera de el Estado Islámico del Gran Jorasán, gente marchando y un soldado americano con un bebé en brazos

Carmen Vivas

Asia | Internacional

Juego de Tronos en el tablero afgano

El reto de los talibanes ahora es garantizar la seguridad y tener bajo control a los grupos yihadistas rivales

Los Stark, los Lannister, los Targaryien, los Baratheon, los Bolton, los Tyrell, los Caminantes Blancos, las Casas de la serie de Juego de Tronos simbolizan una lucha por el poder que también va a librarse en Afganistán una vez que se vayan definitivamente las tropas internacionales. Han sido 20 años en esta tierra inhóspita donde han vuelto al poder los talibanes, si bien quedan aún reductos de resistencia en el Panshjir, que ya están negociando la posibilidad de apoyar el gobierno inclusivo con los leales al mulá Baradar.

A ellos se suman los grupos yihadistas como Estado Islámico de Jorasán (ISIS-K), autor del atentado suicida que se ha cobrado la vida de 170 personas este jueves, entre ellos 13 soldados estadounidenses, que rivalizan con los talibanes. EEUU considera probable que haya más ataques y ha librado su primera operación contraterrorista en Nangarhar. El presidente de EEUU, Joe Biden, prometió vengar la acción de ISIS-K. El tablero afgano no es un reducto de paz y armonía, y también está disputado por poderes regionales e internacionales.

Los acontecimientos se han precipitado a una velocidad vertiginosa este mes de agosto en Afganistán. Mientras las fuerzas internacionales llevaban a cabo su retirada, que habría de culminarse antes del 11 de septiembre, 20 aniversario de los atentados contra las Torres Gemelas, los talibanes iban tomando posiciones en diferentes provincias. En apenas diez días llegaron a Kabul ante la sorpresa de la comunidad internacional. El presidente Ashraf Ghani abandonaba el país ese mismo día.

Los talibanes dieron muestra de haber aprendido en estas dos décadas. Su estrategia militar fue brillante y muy efectiva, como reconocía a El Independiente el periodista paquistaní, Ahmed Rashid, autor de Los Talibán, la obra en la que hace 20 años diseccionó a ese movimiento que tomó el poder en 1996 y se mantuvo hasta que el presiente Bush decidió invadir Afganistán tras el 11-S. Los talibanes habían dado cobijo al líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, cerebro de los atentados del 11-S.

A la par los talibanes saben que su mensaje ha de adaptarse al público. En Afganistán, donde tienen como rivales al Estados Islámico del Jorasán, más extremistas aún que ellos, han de cuidarse de parecer laxos en el cumplimiento del islam. Pero de cara a la comunidad internacional han de mostrar su rostro más amable para ganar la legitimidad que precisan para seguir recibiendo ayudas, de las que depende Afganistán para su superviviencia. Así han asegurado que las mujeres tendrán un papel relevante en la sociedad del Emirato Islámico de Afganistán, de acuerdo con la ley islámica. Sin concretar más. Y sus portavoces se han dejado entrevistar por mujeres periodistas y han contraatacado a los críticos con su forma de perseguir a los críticos con la censura que ejercen a su juicio plataformas como Facebook, que vetan sus contenidos.

Este viernes el portavoz Zabihullah Mujahid ha pedido a las mujeres empleadas en la sanidad pública que vuelvan a sus puestos de trabajo. A la vez los talibanes han dado una semana a los residentes en Kabul para entregar armas, bienes, equipamiento y vehículos a «los órganos relevantes del Emirato Islámico».

Una vez conquistado el poder, ahora el reto es garantizar la seguridad y gobernar. El propio mulá Baradar lo reconocía nada más recuperar Kabul. El mulá Baradar, cofundador de los talibanes con el mulá Omar, ha vuelto a Afganistán después de 20 años de exilio. Parte de ellos los pasó en una cárcel en Pakistán, pero los últimos tres años ha estado en Doha, capital de Qatar, y ha desempeñado un papel crucial en las negociaciones que han servido de plataforma para su vuelta al poder.

El Emirato Islámico de Afganistán enfrentará muchas dificultades para gobernar, empezando por garantizar la seguridad. El Estado Islámico del Jorasán plantea un desafío también para Pakistán»

mariano aguirre, chatham house

«El Emirato Islámico de Afganistán enfrentará muchas dificultades para gobernar, empezando por garantizar la seguridad. El Estado Islámico de Jorasán planteará serios obstáculos. Este grupo cuenta con unos 2.500 combatientes altamente radicalizados. Es el grupo yijadista más violento entre los que operan en Afganistán y Pakistán. También será un desafío para Pakistán», afirma Mariano Aguirre, associate fellow en Chatham House.

A lo primero que se han enfrentado los talibanes es a su propio pasado. El recuerdo de su régimen, especialmente castrante con las mujeres, ha llevado a miles de afganos a querer salir del país de forma desesperada. A su vez, nunca han ocultado en estos años que su enemigo era Estados Unidos y sus aliados, de modo que los colaboradores afganos de las potencias internacionales también estaban en su objetivo. Ahora han prometido amnistía pero pocos los creen.

Estados Unidos se hizo con el control del aeropuerto de Kabul para garantizar la evacuación y los talibanes aceptaron que se llevara a cabo siempre que se mantenga la línea roja del 31 de agosto. Este viernes 27 han acabado las salidas entre ellas las organizadas por los militares y diplomáticos españoles. Solo salen vuelos ya de EEUU y el Reino Unido. Los talibanes están recuperando el control del aeropuerto, aunque han pedido ayuda a Qatar para llevar a cabo esta misión. Solo si pueden gestionarlo seguirán saliendo vuelos con la gente que aún se ha quedado en Afganistán y quiere salir.

Las luchas fratricidas entre yihadistas

El atentado del jueves prueba cómo los talibanes no controlan la seguridad ni siquiera en la ciudad donde tienen concentradas más tropas, Kabul. «El Estado Islámico del Jorasán no ha esperado siquiera a que estuvieran las tropas internacionales fuera. Los talibanes tendrán ahora unos 10.000 efectivos en Kabul, de un total de unos 60.000 en todo el país. Aún así han podido penetrar y cometer este atentado con tantísimas bajas», señala Bachir Mohamed Lashen, investigador en propaganda yihadista.

Señala el investigador cómo este atentado pone en evidencia la debilidad de los talibanes y siembra la duda sobre su capacidad para operar el aeropuerto. «¿Cómo nos vamos a fiar de los aviones que entren en nuestro espacio aéreo desde Kabul después de este atentado en la ciudad que más controlan en teoría?», se pregunta Lahsen.

Los talibanes han probado su propia medicina [con el atentado en la Abbey Gate del aeropuerto de Kabul]»

bachir mohamed lahsen, investigador

Los talibanes llevaban años castigando a las tropas internacionales y a los afganos con atentados similares al registrado en Kabul este jueves. Ultimamente también hubo ataques del Estados Islámico del Jorasán, pero no había tropas internacionales cerca ni Afganistán estaba en el foco informativo. En sus primeras intervenciones, sus portavoces aseguraban que iban a garantizar la seguridad. Lo tendrían más fácil que el gobierno saliente ya que ellos no atentarían contra sí mismos. «Los talibanes han probado su propia medicina», apunta Lahsen.

Hay que tener en cuenta que los talibanes no son un grupo homogéneo. Incluso hay clanes poderosos como los Haqqani, que operan como facciones. «Cuando están en el poder estos grupos, como ocurre con las guerrillas, experimentan fracturas. Ahora están los de Kandahar y los de Jalalabad, por ejemplo. Habrá una pugna, como pasa con otros gobiernos, pero aquí la pugna puede ir más allá del campo político», afirma Hamad Ahmadzada, ex diplomático afgano. Ahmadzada sospecha incluso que células de los talibanes han podido participar de alguna manera en el atentado de Kabul. «Ni siquiera dejan a la gente soñar en medio de la basura».

El control de Afganistán no a resultar sencillo a los talibanes que, no olvidemos, son una confederación de grupos islamistas leales a sus jefes particulares y no a una idea u objetivo de Estado»

rafael calduch

Coincide Rafael Calduch, catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, en que «controlar Kabul es necesario pero no suficiente para gobernar Afganistán». Y añade: «La evolución de la rivalidad entre el ISIS-K y el régimen talibán constituye una de las principales incógnitas de la evolución interna de Afganistán junto con la guerra civil con la Alianza del Note en el Valle del Panshjir y la variable fidelidad de los diversos clanes y grupos tribales que dividen el país. El control de Afganistán no va a resultar sencillo a los talibanes que, no olvidemos, son una confederación de grupos islamistas leales a sus jefes particulares y no a una idea u objetivo de Estado».

Y si logran garantizar la seguridad aún les quedará ser capaces de gestionar. Para ello han de contar con funcionarios del gobierno saliente. De hecho, están negociando con el ex presidente Hamid Karzai y el ex vicepresidente Abdullah Abudullah porque conocen sus limitaciones y necesitan sumar fuerzas. Lograr un gobierno en el que estén representados otros sectores de la sociedad les daría credibilidad de cara al exterior.

Según Rafael, Calduch «el reconocimiento de ese nuevo régimen talibán, sea cual sea su denominación final, dependerá de tres variables: qué nivel de represión y violación de derechos humanos se produzca tras la retirada de EEUU y durante os primeros meses del nuevo régimen, y esto incluye el problema de los refugiados; del apoyo o resistencia que el régimen talibán conceda a los grupos terroristas yihadistas; y de la evolución de las relaciones del régimen talibán con Rusia y China, fundamentalmente».

¿Una nueva Siria?

Si la situación es incierta en el interior del país, ya que los talibanes aún han de garantizar que están realmente al mando y que saben cómo ejercer el poder, en la región esta movimiento del tablero, con la salida de Estados Unidos del primera plano también tiene consecuencias.

«La región va a ser la nueva Siria. Por un lado, va a ser un Juego de Tronos yihadista. A su vez, veremos a Turquía e Irán enfrentados, en detrimento de Arabia Saudí, que estaba en el conflicto talibán en 1996 cuando financió mezquitas o apoyó a Al Qaeda. Ahora queda relegada a un segundo plano», dice Amin Lejarza, analista internacional.  

Quien gana relevancia en la zona es Qatar. «Los talibanes se han instruido en Qatar. Allí han recibido adoctrinamiento. Les dieron un lugar donde resguardarse al tiempo que se decían actores neutrales», apunta Lejarza.

La paciencia ha ayudado a Qatar a convertirse en un actor relevante del mundo árabe… Los qataríes han reciclado a los talibanes»

amin lejarza, analista internacional

«La paciencia ha ayudado a Qatar a convertirse en un actor relevante del mundo árabe. No hace falta tener un gran terreno y un gran ejército para ser un actor relevante en un conflicto. Los qataríes han reciclado a los talibanes. Los han profesionalizado. De ellos han aprendido la relevancia del marketing político. Pero a los qataríes les interesa mantener un perfil bajo y dar un golpe en la mesa de ven en cuando», añade el analista.

Hay que tener en cuenta a un poderoso vecino con el que comparte 900 kilómetros de fronteras: Irán. Según Bachir Mohamed Lahsen, Irán teme, sobre todo, por qué potencia ocuparé el papel de Estados Unidos en Afganistán. «Además, Irán quiere proteger a los hazaras, chiíes, a los que los talibanes no aprecian especialmente. Han sido víctimas de atentados, muchos del Estado Islámico del Jorasán, que los considera enemigos. Irán puede financiar milicias prochiíes para defenderlos o enviar drones», añade Lahsen.

En suma, Afganistán seguirá siendo un puente entre varios países. «Continuará la tensión entre Pakistán e India por su control, y entre China y Pakistán. Será fuente de preocupación para los Estados de Asia central y China por la posible exportación o apoyo a insurgentes islamistas propios. Y será un problema para Irán que recibirá más presión migratoria, sumada a os tres millones de refugiados afganos que hay en el país», explica Mariano Aguirre.

Gran angular internacional

Los acontecimientos en Afganistán son el reflejo de un cambio de época. Para Estados Unidos hay un punto de inflexión tras esta retirada tan desastrosa como humillante. El presidente, Joe Biden, recordará el 26 de agosto durante mucho tiempo. En esa jornada perdieron la vida 13 marines de EEUU que organizaban la entrada de afganos por la Abbey Gate en el aeropuerto de Kabul. Es el peor atentado contra tropas de EEUU en una década. Biden está en caída libre en las encuestas.

Según Calduch, «existirá un antes y un después de la retirada de Afganistán , como lo hubo en el caso de Vietnam y de Irak. El pensamiento estratégico de Estados Unidos sufrirá una revisión en los próximos años que afectará tanto a la estrategia como a la logística de las Fuerzas Armadas de EEUU… Pero en realidad, desde la perspectiva de las prioridades de la política exterior y de defensa de EEUU, el cambio ya se había producido al situar la rivalidad con China y Rusia como un objetivo más importante que la lucha contra el terrorismo yihadista y, sobre todo, por delante del interés estratégico por Oriente Próximo-Medio atribuido desde la Administración de George Bush».

China ha tomado posiciones y, como Rusia, ha decidido mantener su representación diplomática en Kabul. A China le interesa, sobre todo, asegurarse que los terroristas uigures no tienen respaldo de los talibanes y que sus inversiones en la Ruta de la Seda están protegidas.

Hay quienes ven probable que sea Al Qaeda quien amenace a China al crecer su relevancia global. Así opina Amin Lejarza que destaca como, si bien a los talibanes no les interesa ir contra China. «Al Qaeda puede verse fuerte y buscar repercusión mediática al moverse contra China, que se está afianzando como potencia y cuenta con musulmanes en su territorio».

El fracaso en Afganistán tiene tres efectos en la UE: una profunda crisis de autoridad, la discrepancia entre los que quieren más integración y los que no, y una revisión del vínculo euroatlántico»

rafael calduch, catedrático RRII

Otro actor relevante que ha de hacer una lectura inmediata de la retirada de Afganistán es la Unión Europea. En palabras de Calduch, «el fracaso de la comunidad internacional tiene tres efectos en la UE: a) una profunda crisis de autoridad interna que está afectando a la confianza de los países miembros y las sociedades en las instituciones, paralizando su funcionamiento en un proceso de crisis interna que ya se había iniciado durante la pandemia COVID-19; b) la creciente discrepancia entre los países que respaldan un avance en la integración, y los países que se oponen abiertamente a nuevos avances, con Polonia, Hungría y Austria entre ellos; c) una revisión de las bases políticas, estratégicas y económicas del vínculo euroatlántico, especialmente con Estados Unidos».

Pero, según apunta el catedrático, «el impulso a la autonomía estratégica de la UE ya está en marcha desde que se avanzó el Brexit del Reino Unido. Es un impulso lanzado por Francia desde 2016 y ampliamente respaldado por Alemania, España e Italia, que son los cuatro países con auténticas capacidades militares de proyección de fuerza internacional».

No ve Calduch necesario un Ejército europeo, sino «contar con la posibilidad de una fuerza militar con mando europeo, bajo directrices políticas del Consejo, y con plena operatividad a partir de unidades combinadas y conjuntas que aportan los países miembros».

Si en Invernalia se libraron batallas de las Casas de Juego de Tronos, también en Afganistán aún hay muchas guerras por librar.

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