A cuatro días de la jornada electoral en Francia, asistimos al Debate. Con mayúsculas. Cinco años después de su primera vez, Marine Le Pen y Emmanuel Macron han medido sus fuerzas en el único cara a cara televisivo de esta segunda vuelta de las presidenciales francesas durante dos horas y media. El presidente francés ha desmontado el programa de la candidata de Reagrupamiento Nacional, pero ella se ha defendido bien recurriendo a guiños populistas, como la realización de referendos o bajadas de impuestos, dirigidos a sus fieles y a los mélenchonistas.

Macron, mejor en el manejo de los temas, ha pecado en las formas de prepotencia con una mirada de descrédito y una actitud de primero de la clase, que genera más rechazo del que el presidente imagina. El presidente ha acusado de «cinismo» a su rival mientras que ella le tildaba de «deshonesto» cuando sus argumentos dejaban al descubierto algún hecho incómodo para la líder nacionalpopulista. «Usted no es como yo», le ha espetado Le Pen. «Es cierto», asentía Macron. Según el primer sondeo de BFMTV, el 59% considera más convincente a Macron, mientras un 39% opta por Le Pen.

El Debate, como se ha llamado la emisión, que ha durado dos horas y media, ha sido presentado por los periodistas Léa Salamé y Gilles Bouleau. Por primera vez se han sentado en mesas separadas. Los indecisos, un 25% según Kantar, están en el punto de mira de los dos aspirantes al Elíseo. Queda la duda de si la impecable argumentación del presidente es suficiente para convencer a quienes dudan, sobre todo a los más de siete millones de franceses que votaron por Jean-Luc Mélenchon, el líder de Francia Insumisa. Es probable que la abstención sea histórica.

El tema principal ha sido la economía, y el presidente ha defendido su gestión con solvencia, a la vez que ha demostrado las incoherencias del programa de la candidata de Reagrupación Nacional. Macron se ha presentado como un presidente que gestiona crisis excepcionales y conoce los temas, un convencido defensor de una Francia sólida en una Unión Europea fuerte. Marine Le Pen, serena y firme, ha culminado su desdiabolización con una puesta en escena en la que ha primado la moderación.

La patria de la luz no puede ser el primer país que prohíba el velo en los lugares públicos… Eso creará la guerra civil en las ciudades»

emmanuel macron

Su rostro más ultraderechista se ha visto cuando ha hablado de la seguridad, en concreto, al exponer su propuesta de referéndum sobre la inmigración. «Hay que regular la inmigración anárquica y masiva que agrava la seguridad. Nos enfrentamos a la barbarie», ha dicho Le Pen. A su vez ha abogado por la expulsión de los islamistas radicales y el cierre de mezquitas fundamentalistas. Ha confirmado que está a favor de prohibir el velo en lugares públicos. «Debemos liberar a estas mujeres», ha señalado.

Macron le ha reprochado cómo vincula inmigración, con seguridad, islamismo y fundamentalismo, y de ahí al terrorismo. El presidente ha reivindicado la laicidad y le ha reprochado que creará «la guerra civil» en las ciudades. «La patria de la luz no puede ser el primer país que prohíba el velo en lugares públicos», ha remarcado el presidente, en uno de los encontronazos del debate.

Todo por el «pueblo»

La palabra que con más placer repite Marine Le Pen es «pueblo». Así ha empezado con alusiones insistentes al «pueblo». «Es nuestro gran valor en Francia. Nuestro pueblo. Veo a nuestro pueblo preocuparse desde hace cinco años por una especie de precariedad generalizada y veo a nuestro pueblo dudar», ha dicho al exponer cómo sería su Presidencia.

Yo seré la presidenta del renacimiento democrático, de la protección colectiva y de la seguridad… Seré la presidenta de la concordia restaurada entre los franceses y de la paz civil»

marine Le pen

«Si me hacen el honor los franceses el domingo, yo seré la presidenta del renacimiento democrático, de la protección colectiva, de la soberanía y de la seguridad. También seré la presidenta volcada en la mejora del poder adquisitivo, de la sanidad para todos, de la asimilación republicana y de la promoción social. Y sobre todo seré la presidenta de la concordia restaurada entre los franceses. Seré la presidenta de la paz civil», ha añadido.

En su saludo, Macron ha reconocido que Francia ha abordado un periodo de crisis sin precedentes, primero una pandemia y luego una guerra. «He dirigido nuestro país tomando decisiones y así seguiré haciéndolo. Lo que podemos hacer es que nuestro país sea más fuerte y más independiente… Hemos de mejorar la vida diaria, la escuela, la sanidad… Y nuestra Francia será más fuerte si nos convertimos en una gran potencia ecológica», ha dicho el presidente, que ha sacado en los últimos días de campaña electoral su vena más verde para seducir a los izquierdistas más preocupados por el medio ambiente.

Marine Le Pen se ha presentado como «la portavoz de los franceses» al hablar del aumento del poder adquisitivo, su tema estrella en campaña. «Siete de cada diez franceses han perdido poder adquisitivo en cinco años. Ha aumentado el impuesto al carbono y ha disminuido ayudas como la vivienda. Quiero hacer del poder adquisitivo la prioridad de mi próximo quinquenio: por medio de una bajada de la fiscalidad de forma perenne. Bajaré el IVA sobre la energía», ha expuesto Marine Le Pen, que ha enumerado todas las ventajas que tendrán los franceses si ella es presidenta. En total, recuperarían 500 euros por mes y hogar. A muchos les habrá sonado a música celestial.

El presidente ha presumido entonces de haber creado empleo en su mandato y ha defendido la necesidad del bloquear el precio de la energía, electricidad y gas, en lugar de la bajada del IVA que propone Le Pen. «Para ganar más poder adquisitivo hay que acabar con el paro y es lo que hemos hecho. Ha aumentado el salario mínimo 34 euros al mes y las pensiones se han revalorizado. Las más pequeñas superan los 1.1o0 euros», ha presumido Macron, a la vez que desmontaba las promesas de Le Pen por su falta de solvencia financiera.

Europea frente al eurocéntrico

La líder de Reagrupamiento Nacional quiere sacar a Francia del mercado energético europeo, mientras que Macron quiere, como España, reformar el mercado europeo para que el gas no marque el precio de la electricidad. «La Unión Europea se mete en todo», ha dicho en varias ocasiones Le Pen.

A su vez, Macron ha reprochado a Le Pen que prometa subidas de sueldos a los empleados, algo que solo compete a las empresas. «El presidente no puede decidir los salarios», le ha dicho Macron con retintín.

Sobre la Unión Europea, Macron ha tratado de demostrar cómo Le Pen, aunque dice que no quiere salir de la Unión Europea, en realidad vende una quimera, una reforma de la UE desde dentro, pero sin decir con quiénes se aliaría. Frente a ello, Macron ha defendido el eje franco-alemán, con ejemplos concretos como la lucha contra el coronavirus, con avances médicos como las vacunas a velocidad antes impensable.

«Es un inmenso error lo que usted quiere: salir del mercado europeo, porque en realidad es lo que defiende. Y además no quiere que haya libre circulación de personas y bienes. Desea que los franceses vayan a Alemania a trabajar pero que no vengan aquí los búlgaros». Pero Le Pen lo soluciona diciendo que no quiere salir de la UE sino reformarla y decir a Macron que él confunde Europa con la Unión Europea. «Yo me siento europea pero la UE es una institución», ha dicho Le Pen, que ha calificado a Macron de «eurocentrismo».

Le Pen y Putin, golpe de efecto

El golpe de efecto que tenía ganas de asestar Macron tiene nombre: Vladimir Putin. Y Marine Le Pen lo sabía así que ha tomado distancias del líder ruso y ha defendido la lucha de los ucranianos.

«Ha vuelto la guerra a nuestro continente. Rusia ha decidido que volvamos a la guerra. El papel de Francia y de Europa, como hemos hecho desde el principio, es apoyar a Ucrania con armas defensivas y para luchar. Hemos de evitar que Kiev caiga. Hemos de reforzar la tenaza con Europa y los aliados, y también hablar con China y los países del Golfo. Por eso Europa es tan importante. Hemos de hacer que Rusia entre en razón y detenga el fuego», ha dicho el presidente.

Usted depende del poder ruso y de Putin. No puede defender los intereses de Francia. Sus intereses están muy vinculados a los de Rusia»

emmanuel macron

Marine Le Pen ha mostrado su solidaridad con el pueblo ucraniano. «La agresión en Ucrania no es admisible y confieso que los esfuerzos de Macron merecen ser apoyados. Apoyamos todas las sanciones, salvo las sanciones sobre la energía», ha dicho.

Macron le ha echado en cara que Le Pen fue de las primeras figuras europeas en reconocer la anexión de Crimea en 2014. Y ha recordado cómo su partido se endeudó con bancos rusos ligados al Kremlin. «Usted depende del poder ruso y del señor Putin. No puede defender los intereses de Francia. Sus intereses están muy vinculados a los de Rusia», ha señalado. Le Pen le ha dicho a Macron que él también se ha visto varias veces con Putin. «Como presidente, no como banquero», ha replicado el presidente.

La líder de Reagrupamiento Nacional ha defendido que después de la guerra se busquen puentes con Rusia, para evitar que Moscú se alíe con Pekín. Esta alianza política, económica y militar sería, a su juicio, un riesgo enorme que hay que evitar.

Empleo, pero ‘uberizado’

El presidente francés ha insistido en su gran logro sobre el empleo, y ha prometido que acelerará su política contra el cambio climático. Le Pen ha puesto en duda los datos de paro, y sobre todo se ha referido a los 400.000 pobres. Según Le Pen, el empleo en Francia está uberizado, es decir, es precario. Nuevo guiño de la líder nacionalpopulista a los chalecos amarillos y los descontentos.

Otra cuestión clave en Francia, la jubilación. Le Pen insiste en que se podrá mantener entre los 60 y los 62 años, mientras que Macron ha explicado cómo se irá retrasando progresivamente hasta llegar a 65 años en 2031. Le Pen se ha permitido el lujo de poner en duda los datos del «Mozart de las finanzas» por el excesivo endeudamiento del país: 600.000 millones de euros, en gran parte por medidas relacionadas con la crisis del coronavirus. Macron ha presumido de su gestión. «Si comparamos con otros países, lo hicimos bien», ha dicho. Pero Le Pen le ha contestado que solo gestiona a golpe de crisis.

Sobre los sanitarios, se ha acordado Le Pen de los 15.000 sanitarios que despidieron por no aceptar la vacuna. Y en otra ocasión ha vuelto a defender a los antivacunas: «¿Cuántos policías pondría a vigilar si se lleva velo o no?», le preguntaba Macron. «Tantos como había en la pandemia vigilando si llevábamos mascarilla».

Lección aprendida por Le Pen

Marine Le Pen ha llegado al debate con el nefasto recuerdo de su actuación hace cinco años. En mayo de 2017 estuvo peor que mediocre y se desplomó en los sondeos. En ningún momento pareció presidenciable y eso se reflejó en los resultados: Macron se convirtió en presidente con un 66% de los votos frente a un 34% de Le Pen. Este domingo el margen será mucho más estrecho. 

Es la tercera vez que Marine Le Pen aspira a la Presidencia y está más cerca que nunca de la Presidencia. Por ello, no podía permitirse fallos. El martes ya despejó su agenda, después de una campaña intensa en la segunda vuelta. 

El domingo 10 de abril, en la primera vuelta, Marine Le Pen lograba un 23,1% de los votos, más de ocho millones de papeletas, mientras el actual presidente conseguía un 27,8%, 9,7 millones. En los últimos sondeos, Macron aventaja a su rival por diez puntos (55%-45%), según Ipsos, y llega a los 12 puntos en Ipsos (56%-44%). 

Marine Le Pen estaba forzada a estar a la altura en este debate. De otra manera, habría sido su final. El presidente francés, a quien le gustan los desafíos intelectuales pero peca de excesiva confianza para muchos, no lo tenía tampoco fácil. Ya no representa la novedad ni el cambio, que siempre son atractivos, sobre todo cuando los descontentos gritan tan fuerte.

Macron ha buscado estos últimos días la cercanía del pueblo en sus mítines y se ha dejado fotografiar descamisado y pelo en pecho por su fotógrafa de cabecera, Soazig de la Moissonnière. Ha tratado de romper ese estigma de “presidente de los ricos” que a Marine Le Pen le gusta tanto repetir. 

El tercero en liza en el debate ha sido Jean-Luc Mélenchon, quien se quedó a tan solo 400.000 votos de Marine Le Pen, en la segunda vuelta. Sus votantes, uno de cada cinco de los que acudieron a las urnas el 10 de abril, son objeto de deseo de Macron y de Marine Le Pen.

El líder de Francia Insumisa descarta el voto a Le Pen pero no llega a recomendar a sus seguidores que den su confianza al presidente, según ha dicho en su última entrevista en BFMTV. Y mucho dependerá de la movilización este domingo, sobre todo, de la participación de quienes creen que hay que levantar el frente republicano frente a la aspirante nacionalpopulista. El resto del espectro político, salvo el ultramontano Eric Zemmour y algún que otro conservador, ha apoyado al presidente para evitar que llegue al poder la líder nacionalpopulista. 

Desde 1974 el debate presidencial es una tradición en Francia. Quedan en el recuerdo pulsos memorables como el de Giscard D’Estaing y François Mitterrand, cuando el conservador le dijo al socialista que “no tenía el monopolio de los corazones”, en 1974. Hace 20 años no hubo porque el candidato de la derecha tradicional, Jacques Chirac, se negó a medirse con el padre de Marine Le Pen, Jean-Marie. 

En la segunda vuelta Chirac arrasó a Jean Marie Le Pen. En 2022 seria impensable que Macron se hubiera negado a debatir con Marine Le Pen. Aquel fracaso hace cinco años enseñó a Marine Le Pen todo lo que tenía que rectificar en su puesta en escena si quería tener opciones de llegar al Elíseo. Le Pen ha evocado la soberanía del pueblo para que «ese pueblo» vote el domingo por ella. Ha asegurado que se dirige a «todos» los franceses. Macron ha recordado: «Esta elección es un referéndum sobre la UE, sobre nuestra laicidad, sobre de dónde venimos y a dónde vamos».