En Dajla —la antigua Villa Cisneros del Sáhara Español— la conmemoración de la Marcha Verde se exhibió este año con un despliegue inédito. Una carrera atravesó el centro de la ciudad, ocupada por Marruecos, mientras las banderas tricolores ondeaban en cada esquina y pantallas gigantes repetían el relato del “avance irreverso” de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. Pero mientras los corredores cruzaron la meta, la iglesia de Dajla -legado de la presencia española- había sido cubierta por completo por el evento deportivo.

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“Nos dimos cuenta de que habían tapado la entrada”, denuncia a El Independiente un vecino de Dajla. El templo cristiano fue ocupado por los militares marroquíes después de que Mauritania se retirara del territorio en 1979. En 2004 la comunidad saharaui evitó que el inmueble fuese demolido. El sábado pasado los dos sacerdotes al cuidado del templo -de origen africano- quedaron encerrados en la vivienda contigua a la iglesia en la que residen. “Terminaron saliendo por el garaje”, explican.

La iglesia de Dajla, vinculada a la Prefectura Apostólica del Sáhara Occidental, depende del obispo con sede en El Aaiún. En ella residen dos sacerdotes, uno camerunés y otro senegalés, que mantienen un perfil discreto por miedo a represalias.

"Un acto deliberado"

Fuentes locales confirman que el cierre comenzó el sábado y se extendió hasta el domingo, día de misa para la pequeña comunidad cristiana residente, compuesta por trabajadores extranjeros del sector pesquero y turístico, y algunos empleados internacionales vinculados a la misión de la ONU. En palabras de algunos activistas saharauis consultados, se trató de “un acto deliberado” destinado a acompañar la narrativa oficial de las autoridades durante la celebración de la Marcha Verde y “evitar imágenes incómodas”.

Los hechos han encendido la preocupación dentro y fuera del territorio. El artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos garantiza la libertad de culto. Sin embargo, organizaciones saharauis señalan que el cierre “se inscribe en un patrón más amplio” de restricción de prácticas culturales y religiosas ajenas al discurso estatal. “La retórica de diversidad religiosa de Rabat no se corresponde con lo que ocurre en el terreno”, apunta un activista que prefiere no ser identificado.

La iglesia, levantada durante la última etapa del periodo colonial español, ha sobrevivido a décadas de abandono, intentos de demolición y ocupación militar. Es un vestigio material de la historia compartida entre España y el Sáhara, un episodio que continúa abierto medio siglo después.

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