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La otra amenaza de Irán en Ormuz que puede afectar a la economía global

Cable Transoceánico Submarino Fiable
Cable Transoceánico Submarino

Teherán planea expandir su pulso geopolítico al plano digital. En X, cuentas vinculadas a la Guardia Revolucionaria, legisladores y medios oficiales iraníes, como las agencias Tasnim y Fars, han exigido a los gigantes tecnológicos mundiales el pago de tarifas y licencias por el tránsito de sus datos digitales que circulan bajo las aguas del Golfo Pérsico, a través de los cables submarinos de conexión a la red. En caso de no pagar, se amenaza con restringir o interrumpir el tráfico cibernético, afectando potencialmente la conectividad entre Europa, Asia y los países de Oriente Medio. 

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La autopista del petróleo e Internet

Por el cableado que transcurre por el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz se estima que fluye entre el 15% y el 20% del tráfico global de datos y comunicaciones financieras que conectan a Europa con Asia y Oriente Medio. Transacciones que pueden alcanzar los 10 billones de dólares diarios según datos de la consultora con sede en EEUU TeleGeography, tras analizar los flujos de la red global de pagos SWIFT (que procesa decenas de millones de mensajes financieros interbancarios cada día) y sumarle el resto de redes financieras globales.

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Estos cables submarinos están fabricados de fibra óptica y están instalados en el lecho marino para transmitir datos y energía. Según la UIT, el organismo especializado de las Naciones Unidas para las tecnologías digitales, transportan alrededor del 99 % del tráfico mundial de internet, una cifra imposible de cubrir por los satélites inalámbricos. También transportan telecomunicaciones y electricidad entre países, y son esenciales para los servicios en la nube y las comunicaciones en línea.

La amenaza para la economía global

Las redes submarinas que cruzan Ormuz incluyen sistemas neurálgicos como el Asia-Africa-Europe 1 (AAE-1), el tendido FALCON y el Gulf Bridge International (GBI). Un sabotaje o desconexión coordinada en estos puntos vitales podría provocar interrupciones masivas en el comercio electrónico, retrasos en transacciones bancarias intercontinentales y caídas de los servicios de almacenamiento en la nube e infraestructuras de Inteligencia Artificial que abastecen a la región del Golfo Pérsico y sus alrededores.

Además, la velocidad de internet sufriría una degradación notable en la conexión intercontinental al ser forzosamente redirigida por rutas alternativas más largas, con costes que acabarían trasladándose al usuario. Es decir, el encarecimiento de los costes operativos para las Big Tech podría terminar repercutiendo directamente en los bolsillos de los consumidores a través de suscripciones de servicios más caras.

Un plan con fisuras

A pesar todo, medios como la CNN coinciden en que el plan de Irán se enfrenta a barreras legales, geográficas y políticas que hacen de la amenaza de un "peaje digital" algo sumamente difícil de ejecutar. 

Si se llevara a cabo esta medida por parte de Teherán, las empresas tecnológicas se encontrarían ante una encrucijada imposible. Google, Meta, Microsoft o Amazon están sujetas a las leyes de Estados Unidos, de forma que tienen estrictamente prohibido realizar transferencias financieras a entidades del gobierno de Irán o a la Guardia Revolucionaria. 

Además, el diseño de la red global ya anticipaba este escenario. Por ello, la gran mayoría de los grandes cables intercontinentales se han instalado de forma estratégica concentrándose en el corredor que pertenece a las aguas territoriales de Omán. Solo unos pocos sistemas específicos (como Falcon y Gulf Bridge International) cruzan directamente por zonas bajo jurisdicción de Teherán, lo que limita de manera notable el alcance real iraní a las estructuras.

Por encima de todo, el cortar el flujo digital en la zona sería también dañino para el propio Irán. Interrumpir el flujo de datos no solo afectaría a las economías occidentales, sino que desconectaría los servicios en la nube y las redes comerciales de socios estratégicos vitales para Teherán, como China e India. Un ataque directo a la infraestructura global de internet se traduciría de inmediato en un aislamiento internacional total y, llevada la situación al límite, en un potencial casus belli para el resto de países afectados por este apagón de la red.

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