Nueva York, la capital simbólica del mundo occidental y la cuna de Donald Trump, alberga este domingo la final de la Copa del Mundo 2026. Concluye la edición más ambiciosa jamás organizada por la FIFA: con sede por primera vez en tres países, Estados Unidos, México y Canadá. Nunca antes habían participado tantos equipos, en total, 48 selecciones nacionales. Y compiten por el trofeo un equipo europeo y uno americano: España y Argentina, dos naciones que mantienen una cordial rivalidad en el fútbol. En 2030 el torneo se repartirá entre Europa, África y Latinoamérica. Siempre que Trump no haga cambiar de opinión a Gianni Infantino, presidente de la FIFA.

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La Copa del Mundo arrancó en esta edición de forma anómala. Al partido inaugural, en el Estadio Ciudad de México, no asistieron ni la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ni el canadiense Mark Carney, ni Donald Trump. Sheinbaum, que había recibido el billete 001 para ese primer encuentro entre México y Sudáfrica, se lo regaló a una joven indígena del norte de Veracruz.

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Sheinbaum habló en Las Mañanitas del elevadísimo coste de las entradas y lo vio como los aficionados mexicanos en una de las pantallas instaladas por la ciudad. Esa denuncia, populista como gran parte de los mensajes de la presidenta mexicana, revela una realidad que en este torneo ha sido muy evidente: los estadios de la Copa del Mundo están reservado para los adinerados. Ese deporte, que en su base sigue siendo integrador de los más necesitados, como espectáculo está dirigido a los que pueden permitírselo. La desigualdad no queda fuera de este ámbito.

El palco de la final

En el palco del MetLife Stadium de Nueva Jersey sí habrá autoridades. Donald Trump ejercerá de anfitrión. No podrá comentar las jugadas con su querido Javier Milei, presidente de Argentina. Los argentinos son muy supersticiosos y nunca el presidente ha asistido a la final o partidos relevantes. La única excepción es el dictador Jorge Videla, en la final de 1978, que se jugó en Buenos Aires.

Para animar a la selección española estarán la Familia Real al completo, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien ha forzado al máximo su agenda. El lunes tiene previsto viajar a Argel. Trump ha reprendido a España en numerosas ocasiones: primero, por no comprometerse a elevar al 5% el gasto en defensa, y más recientemente, por no ceder el uso de las bases ni apoyar la operación contra Irán. En la reciente cumbre de la OTAN en Ankara llegó a decir que España era "un caso perdido". Será interesante ver cómo interactúa con Sánchez y los Reyes, sobre todo, si España, ese país de "mala gente", se impone a Argentina.

El Mundial 2026 ha sobrevivido a Donald Trump. Es el primer logro de este deporte que concentrará ante las pantallas de todo el planeta a una cuarta parte de la humanidad. El fútbol ha prevalecido, a pesar de los tejemanejes de Trump y Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, totalmente rendido al presidente de Estados Unidos. "El sueño americano se hizo realidad» en este Mundial y que fue no solo «el mejor Mundial de todos los tiempos", dijo Infantino, en la recepción del viernes en la Tump Tower de Manhattan. "Este Mundial no habría sido un éxito tan increíble sin usted", remarcó Infantino. Con tanto elogio, Trump se ofreció a que Estados Unidos volviera a ser anfitrión, pero sin Canadá y México.

Entre los dos han hecho que las teorías conspirativas florezcan en esta convocatoria, como señala Gideon Rachman en el Financial Times. "Cada Mundial tiene su propio carácter. En 2026, el tema principal parece ser las descabelladas acusaciones de conspiración y corrupción que se ciernen sobre el torneo", escribe Rachman. Tiene mucho que ver con el momento en que se vive en EEUU, donde cada quien es un teórico de la conspiración. Los ingleses, que han sufrido al verse apartados de la final por Argentina, señalan el favoritismo de esta selección por la FIFA. Siembran la sospecha de que a la FIFA le interesaba que Lionel Messi compitiera hasta el final. Algo que para cualquier argentino es equiparable a la difamación más salvaje.

El sociólogo y ensayista argentino Pablo Alabarces subraya que ha sido "un Mundial interesante, celebrado en tres países, en los que dos no tienen cultura futbolística. Les salió bien. Ha sido un éxito de audiencia y muy apasionante desde el punto de vista fubolístico". Coincide con esta visión el consultor político Martín Szulman, argentino residente desde hace diez años en Barcelona, en que ha sorprendido "la coordinación entre EEUU, Canadá y México, a pesar de las diferencias entre sus líderes". Szulman fue testigo en Qatar de la victoria de Argentina en la final.

Si traspasamos los resultados futbolísticos, podemos analizar esta Copa del Mundo desde el punto de vista de la comunicación política y la geopolítica. Desde esa atalaya, reflexionamos sobre los vencedores y los vencidos de este torneo.

Trump pierde a pesar de ser anfitrión

Pablo Alabarces, autor de Historia mínima del fútbol en América Latina, sostiene que no hay relato entre éxito deportivo y político. "Nuestros políticos no lo saben y el mejor ejemplo lo hemos visto con Donald Trump. La última jugada con la tarjeta roja a Balogun lo dejó en un ridículo pavoroso. El público global interpretó ese gesto como un nuevo fracaso de Trump", apunta Alabarces.

Trump, sin embargo, sigue presumiendo de lo que hizo. Al enterarse de que Balogun, el jugador estrella de Estados Unidos, no podría jugar contra Bélgica al haber recibido una tarjeta roja en el partido contra Bosnia-Hercegovina, llamó a Infantino. Y el presidente de la FIFA movió los hilos para que Balogun pudiera participar. Lo hizo, pero no sirvió de nada porque EEUU fue eliminado. Trump ha reconocido en público lo que hizo y además ha felicitado a Infantino por su decisión. Una vez más, el presidente de EEUU ha demostrado que, a su juicio, las reglas internacionales están para saltárselas.

"El presidente Trump no entiende el fenómeno del fútbol, incluso lo ha admitido. Y va en la línea de lo que le sucede la sociedad estadounidense. Creo que en eso también se ve reflejado el resultado del equipo de EEUU. Han crecido en los últimos años pero no hay correlación entre la inversión y los resultados deportivos", señala Martín Szulman. 

La FIFA gana dinero pero sin honra

La FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) proyecta ingresos de 13.000 millones de dólares para el ciclo 2023-2026. Es un 72% más que en el cuatrienio anterior y 2.000 millones por encima del presupuesto inicial aprobado en 2023. La mayor parte de esos ingresos provienen de la venta de entradas y derechos audiovisuales para el mercado de EEUU. Los ingresos por derechos de transmisión televisiva rondarán los 4.000 millones en todo 2026. En el Mundial de Qatar rondaron los 3.000 millones.

El negocio va a más. "El fútbol se ha transformado en una mercancía global exitosa. Por un lado, en la Copa del Mundo como espectáculo hasta los hinchas de Senegal parece blancos. A los estadios acuden clases medias altas blancas, poderosas. Pero, como hemos visto en México, donde las alcaldías colocaron pantallas en las calles, sigue habiendo transversalidad entre los aficionados, de clase, etnia y de genéro", indica Pablo Alabarces. "Eso sí, la FIFA es el organismo internacional más corrupto sobre la tierra y ahí está Infantino para confirmarlo. Cosecha un repudio global. No es del gusto del público futbolero, como sus innovaciones como las pausas de hidratación", añade el sociólogo. Pero el dinero manda.

Las selecciones, ejemplo de integración

Las palabras de Mariano Rajoy sobre la selección francesa antes de su partido con España tuvieron mucho eco a uno y otro lado de los Pirineos. El ex presidente del gobierno español dijo que Francia tenía una buena selección, pero "sin franceses". la embajada francesa en España le contestó que 23 de los 26 integrantes de Les Bleus habían nacido en Francia. No se puede decir lo mismo de Marruecos, donde casi todos han nacido fuera. La mejor contestación la dio Lamine Yamal, nacido en Esplugues de Llobregat, de madre ecuatoguineana y padre marroquí. "Tanto la selección francesa como la española son ejemplos de integración", dijo Yamal. Sería lo que nos gustaría que pasara en la sociedad francesa y la española.

"Destacaría de esta Copa del Mundo la globalización y multiculturalidad de los equipos. Ahora puedes nacer en un país, y vivir en otro y representarlo. Lo hemos visto con Marruecos. O con individualidades como Erling Haaland, nacido en Inglaterra y en la selección noruega. Se ha puesto sobre la mesa este debate", afirma Gabriela Ortega, vicepresidenta de la Institución Educativa ALEPH y portera de la selección ecuatoriana de fútbol (2004-2009).

Vencedores como marca país

Una competición deportiva de las características de la Copa del Mundo, un espectáculo global transmitido por las televisiones a todo el planeta, es una oportunidad para que los países muestren su soft power, su capacidad de incidir en los demás, de influir, sin recurrir a la fuerza. La marca país mejora por una buena actuación o por una buena comunicación.

"Sobre la marca país, lo que se exhibe de cada selección y cómo se percibe en la opinión pública, la gran ganadora es España como configuración de equipo. No se resaltan las individualidades estrellas. Es un fútbol colectivo. La selección genera cohesión social. En este sentido, ha sido un acierto la presencia de los Reyes en la Final", señala Gabriela Ortega. Como ex portera de la selección ecuatoriana, incide en cómo la selección femenina de España también es referente: ganaron el último Mundial y son favoritas para el próximo.

Martín Szulman destaca que "España ha recuperado su esencia, un reflejo de la inversión del Estado español en el deporte. Hay relación entre lo invertido y el resultado. En Argentina es un milagro". 

A juicio de Gabriela Ortega, otros ganadores serían países que han ganado visibilidad por su actuación en el campo. "Por ejemplo, sería el caso de Paraguay, que venció a Alemania y tuvo un buen partido contra Francia; o Cabo Verde, que ahora es uno de los destinos más buscados en Internet", señala la consultora. Por el contrario, han decepcionado Brasil o Alemania, que hace años eran seguros en los cuartos.

El caso de Noruega y Haaland

Una de las estrellas mediáticas de esta Copa del Mundo ha sido el delantero noruego Erling Haaland. Nacido en Leeds, donde entonces jugaba su padre, también futbolista, ha atraído las miradas de todo el mundo por su juego y por su forma de estar en el campo y fuera de él. La campaña de comunicación del equipo también ha ayudado. Los noruegos se han presentado como vikingos, que reman todos a una. De esta manera, el equipo de una nación de cinco millones y medio de habitantes se ha ganado las simpatías de los aficionados más exquisitos.

"Noruega invirtió en formación de jugadores. Hacen 25 años, eran fanáticos del fútbol inglés, pero no existía el fútbol noruego. Hoy exportan jugadores. Haaland juega en el Manchester. Fue una decisión político-deportiva", remarca Pablo Alabarces, autor de Fútbol y Patria. El fútbol y las narrativas de la nación en la Argentina.

Un mundial inclusivo con final clásica

Con más equipos que ninguna otra edición, ha sido una Copa del Mundo en la que se ha visto brillar más que antes a selecciones africanas como Cabo Verde. Los capos de la FIFA saben que dónde pueden crecer en espectadores es ahí. También se han visto las ganas de Marruecos o Egipto por figurar entre los grandes. En la próxima edición, con sedes en Marruecos, habrá más sorpresas.

Sin embargo, la final es un clásico: un equipo europeo, donde está gran parte del dinero de los clubes, y uno latinoamericano, donde hay todavía mucha cantera. "Me encanta que llegue a la final un equipo sudamericano y uno europeo. La potencia económica del fútbol europeo le permite saquear a las divisiones inferiores del fútbol latinoamericano. Los grandes exportadores de jugadores son Brasil, Francia y Argentina. Suministran jugadores a todas las ligas del planeta", señala Alabarces.

Para Szulman, es un sueño. Otra final para Argentina. "Este equipo argentino entra en la cancha con cinco números diez y por eso está muy conectado con la esencia futbolera argentina. La esencia del equipo español es el tiki taka. Van a las raíces los dos", afirma Szulman, quien recuerda que los argentinos no se dan nunca por vencidos. "Está en nuestro ADN. Y lo expresa bien Messi a sus 39 años". Pero tendrá enfrente a la España del "vamossssss", la España que no sale a perder, aunque el rival pueda ganar.