Los presos conocidos como el grupo de Gdeim Izik saben bien lo que es el sufrimiento. Detenidos hace dieciséis años, durante todo este tiempo han soportado unas condiciones durísimas en prisión, en cárceles a cientos de kilómetros de sus seres queridos. Su delito, denunciar la ocupación del Sáhara Occidental por parte de Marruecos. Para denunciar su penosa situación, el pasado 23 de septiembre iniciaron una huelga de hambre que algunos mantienen hasta el día de hoy. Tres semanas después, sus familias han alzado la voz para exigir su liberación.

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El relato de sus familiares arroja serias preocupaciones sobre la integridad de los prisioneros políticos. Aseguran que, desde que iniciaron su protesta, los presos han sido víctimas de "torturas" y "aislamiento" por parte de Marruecos, además de un importante deterioro de su estado de salud. Su inquietud es tal que temen "seriamente" por la vida de sus familiares.

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A esto se añade que las autoridades marroquíes no les permiten visitar a algunos de los detenidos. "No sabemos nada de ellos", denuncian las familias. En el caso de Ahmed Sbaai, su hermana asegura haberlo conseguido visitarlo en "pocas ocasiones" desde el comienzo de la huelga. En estos encuentros, lo vio "muy debilitado y con una importante pérdida de fuerzas". Sin embargo, cuando el miércoles acudió nuevamente a la prisión, las autoridades le informaron de que habían trasladado a su hermano al hospital, pero se niegan a darle el nombre del centro para que pueda comprobar personalmente cómo se encuentra.

Batalla de estómagos vacíos

Marruecos nunca ha tratado bien a los presos de Gdeim Izik. Las autoridades de Rabat desmantelaron brutalmente este campamento a las afueras de El Aaiún ocupado en noviembre de 2010. Allí se habían concentrado miles de activistas saharauis para protestar contra la ocupación alauí. A los que fueron detenidos y condenados a duras penas de prisión, les esperaban años de maltrato en las cárceles marroquíes.

Las huelgas de hambre son recurrentes entre los presos de este grupo. En esta ocasión, los presos han iniciado la "batalla de estómagos vacíos" por lo que consideran una detención "ilegal e injusta" de dieciséis años. Grupos como la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH) y la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT) están siguiendo "con profunda preocupación" la evolución de la protesta.

Como era de esperar, la administración carcelaria no ha reaccionado bien a las demandas de los presos saharauis. Sus familias han denunciado que, desde el inicio de la huelga, se han producido "nuevos traslados, restricciones de visitas, interrupciones de comunicaciones y un preocupante deterioro del estado de salud de varios presos". De hecho, de los nueve presos que se sumaron a la protesta –Mohamed Bachir Boutanguiza, Ahmed Sbai, Abdallah Abbah, Hussein Zaoui, Hassan Dah, Nama Asfari, Mohamed Lamin Hadi, Mohamed Bani y Bachir Khada–, cuatro se han visto obligados a suspenderla por el deterioro de su salud.

Los presos denuncian torturas

Los testimonios de los presos saharauis desde dentro de las prisiones son alarmantes. Hassan Dah fue trasladado de la prisión en la que se encontraba sin que las autoridades penitenciarias informasen a la familia. Durante varios días, sus allegados preguntaron por su paradero, sin obtener respuestas. Cuando finalmente consiguieron visitarlo, sus familiares lo encontraron "en un estado de salud extremadamente delicado".

Sin embargo, los hechos más graves fueron denunciados por el propio recluso. Hassan les relató a sus familiares que "fue trasladado desnudo y sometido a torturas y malos tratos durante su desplazamiento a la nueva cárcel".

En el caso de Mohamed Bachir Boutenguiza, su madre –una mujer de edad muy avanzada– y sus hermanas consiguieron visitarle tras varias jornadas frente a las puertas de la cárcel. Lo que presenciaron aumentó todavía más su angustia. "Estaba tan debilitado que no podía caminar por sus propios medios y, durante el encuentro, vomitó sangre delante de ellas", relatan con pesar las familias.

Al deterioro por la huelga de hambre se suma que muchos de los presos sufrían problemas de salud previos. Así le sucede a Hussein Zaoui, que padece problemas renales, asma e hipertensión arterial, agravados durante sus años de encarcelamiento. Sus hijas llevan varios días esperando a la entrada de prisión, con la esperanza de ver a su padre, sin recibir ningún tipo de respuesta a sus peticiones. Han llegado a expresar que no saben si su padre sigue vivo o ha muerto.

Detenciones cuestionadas por la ONU

"La gravedad de la situación actual exige pasar de las declaraciones a las actuaciones urgentes de protección", demandan las familias de los nueve presos saharauis. La realidad es que muchos de estos hombres ni siquiera deberían estar entre rejas.

En noviembre de 2023, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Detención Arbitraria emitió una resolución en la que concluía que la privación de libertad del grupo de Gdeim Izik era arbitraria. Por ello, el organismo solicitó la excarcelación inmediata de los prisioneros saharauis. Tres años después, las autoridades marroquíes no han movido un dedo para asegurar el cumplimiento del dictamen.

También se ha pronunciado sobre este caso el Comité contra la Tortura de la ONU, que ha dictaminado en varias ocasiones que las confesiones que se usaron para meter a los presos del grupo de Gdeim Izik en la cárcel fueron obtenidas bajo tortura. Marruecos no ha investigado ninguna de estas denuncias, a pesar de que así se lo ha instado Naciones Unidas.

Marruecos reprime también a las familias

En los últimos días, las familias han intensificado la presión sobre las autoridades marroquíes. Este lunes, una concentración frente a la Delegación General de la Administración Penitenciaria en Rabat exigió la liberación de los presos. Según el periódico Le360, propiedad del secretario personal de Mohamed VI, "elementos separatistas" causaron "un caos generalizado" al izar la bandera de la "república imaginaria" –en referencia a la República Árabe Saharaui Democrática– y corear consignas en contra de Marruecos.

La concentración, muy incómoda para las autoridades marroquíes, poco acostumbradas a este tipo de reivindicaciones en la capital, se saldó con varios detenidos. La organización Front Line Defenders ya ha pedido la liberación inmediata del defensor de derechos humanos saharaui Hassana Eddouihi y seis estudiantes, arrestados después de que la policía disolviese "de forma violenta" una protesta pacífica.

Desde la Liga para la Protección de los Presos Saharauis en las Cárceles Marroquíes han denunciado lo que consideran "una grave violación de los derechos y libertades fundamentales". Además, aseguran que esta situación agrava el sufrimiento de las familias de los presos, "que se enfrentan a condiciones psicológicas y humanas particularmente difíciles".

Además, las autoridades alauís han prohibido la entrada a su territorio a la activista francesa Claude Mangin, esposa de uno de los presos de Gdeim Izik. Su marido, Naama Asfari, es uno de los cuatro reclusos que han abandonado la huelga de hambre. No es la primera vez que sucede. El año pasado, Marruecos le impidió desembarcar en Tánger cuando trataba de llegar a suelo marroquí para reunirse con su esposo, tras una campaña de vigilancia y acoso que comenzó en territorio español.