La cuenta atrás hacia el decisivo 12-D en el Reino Unido avanza inexorable. Boris Johnson, actual primer ministro conservador, y Jeremy Corbyn, líder laborista se han enfrentado en el último debate en televisión antes de las decisivas elecciones legislativas que definirán si el Brexit se ejecuta el 31 de enero o sigue la incertidumbre con la perspectiva de que finalmente no se haga realidad finalmente. Boris Johnson lo presenta de manera más efectista: o mi «fantástico» Brexit o el caos. Necesita la mayoría absoluta y no parece seguro de lograrla.

Boris Johnson insiste en que es el único garante de que se hará realidad el Brexit y que será posible el 31 de enero de 2020. Corbyn asegura que solo con los laboristas en el poder habrá más justicia social y los ciudadanos podrán unirse de nuevo y tener la oportunidad de decidir sobre un nuevo acuerdo más social en otro referéndum.

En su último combate en la BBC, ha quedado claro que su visión del Reino Unido es francamente dispar. Boris Johnson presenta un país próspero que si supera el obstáculo del Brexit, como si en el mejor de los casos después del 31 de enero quedara despejado todo el horizonte, podrá destinar más fondos a reforzar su policía y a mejorar su maltrecho sistema sanitario.

Ninguno de los dos ganó claramente. Pero tampoco Jeremy Corbyn, el aspirante, más flojo sobre el papel, quedó derrotado en la lona. Según la encuesta de YouGov, el líder conservador habría ganado por un 52% frente a un 48% de Jeremy Corbyn. De nuevo el mismo resultado que las urnas arrojaron el 23 de junio de 2016, cuando los británicos votaron a favor del Brexit.

El Reino Unido de Jeremy Corbyn es un país que fue rico y que ahora tiene cuatro millones de niños en la pobreza, de los que, a su juicio, Johnson no quiere saber nada. Corbyn aboga por mejorar la distribución de la riqueza.

Y asegura que Boris Johnson no dice toda la verdad sobre su Brexit, porque implica que Irlanda del Norte tendrá un trato diferente al resto del Reino Unido, y además oculta que se acercará más a su amigo Donald Trump e incluso dará vía libre a la privatización de la sanidad pública a la que tendrán acceso empresas estadounidenses.

El primer ministro negó categóricamente que vaya a poner en marcha nada similar. Corbyn sabe que sembrar la duda sobre lo que afirma Johnson no es ninguna barbaridad.

Corbyn sigue sin definir si es favorable o no a permanecer en la Unión Europea. Tanto es así que no mencionó el Brexit ni en el arranque ni en su minuto de oro.

Cuando el presentador le ha preguntado directamente qué problema tiene para decir claramente si defiende seguir o no en la UE, ha replicado que su prioridad es unir al país y que sean los ciudadanos los que se decanten con claridad por dejar la UE o no.

Ha ironizado Boris Johnson sobre ese deseo de unidad de Corbyn cuando en el pasado llegó incluso a defender a los terroristas del IRA. El dirigente laborista ha recordado cómo fue un gobierno laborista el que fue artífice del proceso de paz de Irlanda del Norte.

El primer ministro conservador ha repetido con insistencia que esta posición de Corbyn solo crea más incertidumbre. «Haremos realidad el Brexit», ha sido la frase más repetida por Boris Johnson.

Capitalismo o socialismo

Los dos líderes con más opciones de ser inquilinos del 10 de Downing Street después del 12-D han respondido a preguntas del presentador y del público. Han tenido que decantarse sobre qué sistema es mejor, capitalismo o socialismo. Corbyn ha reconocido los méritos del socialismo.

Johnson ha acusado a los laboristas de querer desbaratar el capitalismo y de encarnar el caos mientras Corbyn ha asegurado que si Johnson es primer ministro favorecerá a los ricos y pactará con Trump a quien pondrá en bandeja de plata el acceso a la privatización de la sanidad.

En su minuto de oro final, Corbyn ha hecho un llamamiento al voto laborista en nombre de la unidad del país: «No creas que no puedes cambiar nada con tu voto. Puedes hacerlo. Hemos de permanecer unidos. El jueves puedes elegir esperanza y auténtico cambio».

El actual primer ministro conservador ha vuelto a aludir a cómo solo con una mayoría absoluta de su partido habrá posibilidad de que el país siga avanzando. «Este jueves podéis elegir entre un parlamento inestable con Corbyn y Sturgeon al alza, o que se haga realidad el Brexit y evitar así dos referéndum, uno sobre la UE y otro sobre la independencia de Escocia».

Quizá la pregunta más ingeniosa del debate haya sido la que les pedía que señalaran un castigo para quienes no cumplan sus promesas. Boris Johnson ha dado una respuesta muy etoniana: ir de rodillas por los pasillos de Westminster.

A Boris Johnson le está haciendo pasar un mal rato en este último tramo de campaña un periodista conocido por sus incisivas preguntas. Andrew Neil, de la BBC, ha entrevistado al resto de los líderes británicos, pero ha declarado que el primer ministro le ha dado plantón. No quiere arriesgar el líder conservador pero ha quedado francamente en evidencia.

El 12-D será una jornada de infarto. En la última encuesta de Ipsos los conservadores está a 12 puntos de los laboristas, que habían recuperado cuatro puntos. Boris Johnson se la juega: con mayoría absoluta podrá gobernar, pero si gana sin mayoría absoluta volverá a lidiar con un parlamento incómodo e ingobernable. El Partido del Brexit le ha echado una mano al no plantar cara. Pero el país está muy dividido.