El nacionalismo produce monstruos. En el Reino Unido ha gestado el Brexit y de ese demonio ha surgido ahora el riesgo de ruptura con Escocia. En España ha sido el independentismo en Cataluña el que en su última derivada puede alentar que un país modelo de europeísmo se pregunte si vale la pena seguir en la UE. ¿Es el Spexit algo más que una tendencia en las redes sociales?

España era el país vacunado contra cualquier veleidad euroescéptica. El Brexit florece en un país que siempre tuvo sus más y sus menos con la Unión Europea. El Frexit y el Italexit están alentados por los ultranacionalistas Marine Le Pen y Matteo Salvini, formados en los pasillos el Parlamento Europeo. Pero España era diferente. Hasta ahora. Y la mayoría cree que así seguirá ocurriendo.

Pero vivimos en tiempos líquidos en los que aquello que jamás podríamos imaginar sucede. Un millonario excéntrico es el presidente de la mayor potencia del mundo, un periodista mentiroso gobierna en el Reino Unido y lo va a conducir fuera de la UE a riesgo de desintegración, y donde el nacionalismo forofo se impone en uno de los territorios más cultos y prósperos de España.

También parecía imposible que un partido más a la derecha del Partido Popular tuviera éxito en España y Vox cuenta con 52 diputados en esta legislatura en ciernes. La decisión de Alemania sobre la euroorden ya abrió la caja de Pandora.

El tribunal de Schleswig-Holstein dictaminó en julio de 2018 que Carles Puigdemont, ex presidente de la Generalitat, no sería extraditable por rebelión, solo por malversación. Muchos no entendieron entonces porque un euro valía lo mismo en Alemania que en España pero los jueces opinaban diferente.

La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que indica que Oriol Junqueras, líder de Esquerra Republicana en la cárcel por sedición y malversación debió ser considerado diputado desde que ganó su escaño el 26 de mayo pasado, ha provocado una oleada en las redes sociales, donde el hashtag #Spexit fue trending topic el jueves.

Incluso ha empezado su trayectoria una autodenominada Plataforma Spexit, creada en noviembre pero que ha arrancado su actividad el 19 de diciembre con el siguiente mensaje: «Ante este nuevo ataque a nuestra soberanía, nacemos para decir que esto se ha acabado, que queremos ser un país libre y no una colonia de los Merkel, Macron y cía».

Ilustra uno de sus tuits con un mapa de la Unión Europea, bajo dominio de Alemania, el IV Reich, lo denomina.

Forma parte de un fenómeno que Hughes denomina en su blog en ABC la Spanish Alt-Right, aunque sea un movimiento residual, no como el estadounidense. «Es una nueva generación que se maneja en Internet de un modo distinto. Que se maneja políticamente… Suelen ser jóvenes, inteligentes y con propensión a la sátira… Son de derechas y forman algo alternativo, un poco underground», escribe.

Desde Vox su presidente, Santiago Abascal, ha anunciado que, «llegado el caso, llamaremos a una gran movilización nacional contra un ataque a nuestra soberanía, nuestra Constitución y el fundamento de la misma que es la indisoluble unidad de la nación».

Añadía Abascal: «Los eurosumisos nos pedirán ahora que acatemos y respetemos en silencio esta nueva humillación a España». El líder de Vox ha instado a no acatar la decisión. Y se ha calificado como una bofetada el hecho de que Puigdemont ahora haya recibido la acreditación de eurodiputado. Iván Espinosa de los Monteros tiene claro que la UE no actuaría así con Alemania.

En Bruselas, el eurodiputado Hermann Tertsch señalaba que «o se cambia la UE o se hunde» y su compañero de bancada, Jorge Buxadé, recordaba su apuesta firme por la vuelta «a los orígenes de la UE», la defensa de los Estados nación.

«Nosotros no tenemos nada que ver con la campaña sobre el Spexit ni pedimos la salida de España de la Unión Europea. Seguimos manteniendo lo que hemos dicho siempre: que la UE debe respetar nuestra soberanía y no limitar nuestra capacidad de actuar en aplicación de nuestras leyes», aseguran a EL INDEPENDIENTE fuentes de Vox.

También hay destacados miembros del Partido Popular, como el ex ministro Jorge Fernández Díaz, que señalan: «Si la justicia europea no defiende (a los Estados-nación) de sus agresores, el Brexit es un precedente». En un artículo en La Razón sentenciaba: «Ha nacido el Spexit».

Campeona de europeísmo

España es una campeona del europeísmo. En la transición la Unión Europea era sinónimo de democracia y progreso. Cuando España ingresó en la Unión Europea, los ciudadanos lo celebraron como una gran avance político, social y económico.

«La eurofilia de los españoles está por encima de la media de la UE. La decisión del Tribunal de Justicia de la UE no se ha recibido con agrado, no es una buena noticia, pero creo que tendrá poco efecto a medio plazo», afirma Carmen Gómez Enríquez, investigadora en el Real Instituto Elcano y directora del estudio Europa vista desde Alemania, España, Francia e Italia.

Los momentos más críticos de la relación entre España y la UE tuvieron su razón de ser en la crisis económica y financiera de 2008, cuando los países del Sur eran retratados por los del Norte como despilfarradores.

Las medidas de austeridad impuestas por Bruselas y Berlín alentaron el crecimiento de un descontento que en todo caso nunca prendió del todo en forma de eurofobia. Podemos en principio era euroescéptico, incluso no descartaba la salida de la UE, pero luego transformó su discurso para demandar una Europa más social.

En 2012 el consultor de Strategy Economics Matthew Lynn argumentaba en las páginas de The Wall Street Journal a favor de la salida de España del euro. «España es demasiado grande para rescatarla, no tiene complejos políticos para romper las relaciones con la UE y los españoles están hartos de la austeridad. Además, hay un mundo hispanoparlante por donde pueden crecer», escribía Lynn.

Concluía su reflexión: «España es la nación que dentro de la moneda única podría concluir en primer lugar que una salida negociada del euro es un paso lógico». Erraba, sobre todo, al no entender los profundos lazos que unen a España con la Unión Europea.

España es demasiado grande para rescatarla, no tiene complejos políticos para romper las relaciones con la UE y los españoles están hartos de la austeridad», decía Lynn, consultor financiero en 2012

Según el último eurobarómetro de primavera, el 75% de los españoles encuestados piensa que le ha beneficiado la pertenencia a la UE, si bien solo el 42% cree que su voz cuenta en la UE, cuando la media está en el 61%. La participación en las últimas elecciones europeas, en mayo pasado, subió unos 20 puntos, especialmente por los jóvenes.

Pero la confianza en la UE bajó ocho puntos en ese eurobarómetro de primavera, aunque España siga siendo el segundo país más europeísta de la UE, de acuerdo con esa encuesta.

El informe Europa vista desde Alemania, España, Francia e Italia, elaborado por el Real Instituto Elcano en mayo pasado, destacaba cómo «para italianos y españoles lo más importante de la UE es la movilidad, mientras que para alemanes y franceses, actores en dos guerras mundiales, el mayor logro es la paz».

Quizá lo menos positivo es cómo los españoles dan más credibilidad a las instituciones europeas, al menos hasta ahora, en contraste con la confianza que les inspiran las nacionales. En el resto de los países de la UE, sucede al contrario.

«La opinión pública española sigue siendo bastante europeísta, igual que los partidos políticos en general. El propio Vox no ha planteado salir de la UE. Podemos, al principio, pero luego hablaba de otra Europa, menos austera», explica Miguel Ángel Benedicto, miembro del equipo de dirección del Movimiento Europeo Internacional.

Hay que aprender a respetar estas instituciones como nuestras. La punta de la pirámide son los Tratados. El Tribunal de Justicia de la UE es también nuestro ordenamiento jurídico», señala Benedicto

«Hay que aprender a respetar estas instituciones como nuestras. La punta de la pirámide de nuestro ordenamiento jurídico son los Tratados. El Tribunal de Justicia de la UE es también nuestro ordenamiento jurídico. Ha faltado pedagogía. Es fácil que se manipulen este tipo de resoluciones porque son temas complejos. Los partidos populistas lo hacen», añade Benedicto.

Es precisamente esa dificultad para explicar bien lo que ha sucedido lo que ha generado el espejismo del Spexit, a juicio de Carlos Campillos, analista de relaciones internacionales. En Twitter ha marcado tendencia, pero no cree que marque la actitudes de los españoles en un futuro inmediato.

«No veo un riesgo real de que en España crezca el euroescepticismo por esto. Sí hay riesgo de que no se entienda bien lo que hacen las instituciones. Todo esto viene porque el Supremo ha pedido una clarificación del Tribunal de Justicia de la UE. Solo ha dicho cómo se adquiere la condición de eurodiputado. No valora el juicio al procés ni los hechos. Pero partes interesadas han vendido el relato sobre la sentencia. Si damos relevancia social a ese marco hacemos que llegue a mucha más gente», señala Campillos.

Prueba del oscilante europeísmo de Carles Puigdemont es como cuando el Parlamento Europeo reafirma su apoyo a España como Estado de Derecho se desmarca de las instituciones de Bruselas, pero luego las ensalza si interpreta que toman una decisión que le favorece.

Europa como solución ha sido la percepción en España durante años. Sin embargo, para los más jóvenes Europa es oportunidad, de educación, laboral, de conocimiento… «El fin del roaming o el Erasmus hacen más identidad de lo que parece», concluye.

Pío Baroja creía que el nacionalismo se curaba viajando. Los milenial españoles han disfrutado de la libertad de movimiento desde que nacieron y en su mayoría saben que no lleva a ningún lado creer en que uno es de donde se hace y de donde echa raíces, y que ser europeo quiere decir también sentirse español y catalán.