Vuelve el PSOE al Campo de las Naciones de Madrid cuando todavía no han pasado ni tres meses de aquel acto multitudinario (más de 7.000 personas) en el que Susana Díaz, rodeada de ex presidentes, ex ministros, barones, líderes provinciales y regionales y al son de las palmas proclamó su candidatura a las primarias para liderar un “PSOE ganador”.

Es como si hubiera pasado un siglo de aquello. Incluso el Comité Federal del 1 de octubre parece más un mal sueño, una pesadilla, que un hecho real que avergonzó a todo el partido.

Este 39º Congreso se celebra en mucho mejores condiciones del que Pedro Sánchez reclamaba en aquel Comité Federal que provocó su dimisión. La legitimidad que le ha proporcionado su clara victoria en las primarias (más del 50% de los votos) le permite afrontarlo con un amplio margen de maniobra.

El miedo, expandido como arma de defensa del susanismo, a que un triunfo de Sánchez provocara un cisma interno se ha disipado por completo. Fernández Vara, que ha aceptado entrar en la Ejecutiva como responsable del Consejo Federal, tendrá que reformular su agorero pronóstico: “Si gana Sánchez, el partido puede acabar en la irrelevancia”.

Habrá euforia, ilusión y ganas de recuperar la fortaleza que debería convertir al PSOE en una alternativa real de gobierno no para la próxima década, sino para la próxima legislatura.

Pero, para el Congreso sea un éxito, Sánchez tendrá que dar respuesta a tres grandes cuestiones:

1º Definición concreta y meridiana sobre la postura del PSOE respecto a Cataluña.

En las enmiendas presentadas para este Congreso, el secretario general salido de las primarias defiende promover una reforma constitucional que reconozca el “carácter plurinacional del Estado”, manteniendo que la “soberanía reside en el conjunto del pueblo español”. Ello implica que en ningún caso el PSOE defenderá la convocatoria de un referéndum que afecte a la unidad de España sin que se consulte al conjunto de los españoles. Al mismo tiempo, la reforma constitucional exige la negociación con el PP, lo que aleja cualquier posibilidad de ruptura.

Sánchez tiene margen de maniobra suficiente como para marcar las líneas rojas

Ahora bien, el 39º Congreso debe dar una respuesta inequívoca al desafío que ha planteado el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, al convocar un referéndum ilegal sobre la independencia de Cataluña para el próximo 1 de octubre. No debe quedar ni un resquicio de duda sobre la posición firme del PSOE en defensa de la Constitución. La llamada de Sánchez a Rajoy para expresarle su respaldo a las medidas que el gobierno piense adoptar para evitar que se consume la consulta es un signo esperanzador que debe corroborarse explícitamente.

2º Establecer las líneas rojas de posibles pactos con Podemos.

En las enmiendas planteadas, Sánchez sólo hace referencia a Podemos una vez y es para explicar el declive del Partido Socialista que tuvo lugar a partir de 2011. Cuando se habla de las “alianzas estratégicas básicas” sólo se menciona a “las organizaciones de los trabajadores y los sectores de la sociedad que impulsan políticas de progreso”. El objetivo del PSOE es “volver a ser la primera fuerza política en nuestro país”. Y se añade: “Lo haremos como un partido autónomo y lo haremos recuperando el espacio que nunca debimos perder, la izquierda, y planteando una alternativa de mayoría social”.

A pesar de los apretones de manos en el debate de la moción de censura, no es en absoluto probable que el PSOE se deje llevar por los cantos de sirena de Pablo Iglesias. Es verdad, como dice Pablo Echenique que Rajoy sólo consiguió 170 votos para rechazar la moción, pero tanto él como el secretario general de Podemos saben que el PSOE nunca se sumará a una iniciativa que, necesariamente, tiene que contar con el respaldo de los independentistas vascos y catalanes para derribar al gobierno.

Una coalición PSOE/Podemos no suma 176 escaños. Sánchez debe dejar claro que el objetivo del PSOE tiene que ser recuperar una hegemonía clara en la izquierda, para que Podemos pueda ser una opción, pero no la única opción para conformar una mayoría de gobierno.

3º Cerrar las heridas abiertas en el partido.

En frase antológica, José Bono dijo unos días antes de la celebración de las primarias que para “coser” al partido Sánchez “tiene aguja, pero le falta hilo”.

Es difícil, por no decir imposible, que el secretario general pueda olvidar lo ocurrido inmediatamente antes y después del 1 de octubre. Dice el texto que se presenta al 39º Congreso: “Los acontecimientos que culminaron en las reuniones del Comité Federal de octubre de 2016, y la extralimitación en sus funciones de una Gestora nombrada y mandatada de un modo que no se corresponde ni con las reglas, ni con la cultura socialista, ni con los criterios democráticos básicos habituales, han agravado una crisis interna que hay que cerrar cuanto antes”.

El hilo -para seguir el símil de Bono- de Sánchez se atisbó en la intervención de Ábalos en la sesión de investidura, al recurrir a personas tan significadas como José Enrique Serrano y Antonio Hernando para la elaboración de su discurso. Y luego lo hemos vuelto a ver en la integración en la Ejecutiva de Patxi López y de Guillermo Fernández Vara.

Pero es dudoso que haya carrete suficiente como para coser las costuras rotas por Susana Díaz. Y mientras siga gobernando en Andalucía y en el PSOE andaluz, la brecha seguirá abierta.

En ese sentido, este 39º Congreso no puede compararse, como algunos pretenden, con Suresnes. El nuevo pacto del Betis tendrá que esperar.