El mundo está lleno de cosas que resultaron ser mucho mejores para la salud de lo que nos habían contado: ahora resulta que el café alarga la vida, los videojuegos son buenos para el cerebro y la mala memoria facilita el aprendizaje.

Quién sabe cuál será el próximo mito que la ciencia absuelva de la mala prensa. Espero que descubran pronto las bondades de morderse las uñas. Y ojalá también de los torreznos.

No todo son buenas noticias. En el reverso tenebroso de las nuevas absoluciones van surgiendo nuevos pecados. Y muchas de las cosas que ahora disfrutamos sin remordimientos pasarán a estar proscritas en el voluble futuro de los placeres culpables.

Váyanse preparando para lo peor. Hank Greely, director del Centro de Biociencias de la Universidad de Stanford, vaticina que en un par de décadas dejaremos de tener sexo. Al menos, con la finalidad de procrear.

Defiende Greely que, a medida que la genética vaya avanzando, dejará de tener sentido hacer los hijos a la buena de Dios. Para 2050, lo de dejar que la Naturaleza decida qué embriones se abren paso sonará tremendamente burdo. Lo normal será crearlos a partir del ADN de los padres en un laboratorio. Esto ya sucede para la prevención de enfermedades, pero argumenta este doctor que se convertirá en la norma en cuanto la tecnología de células madre sea suficientemente barata y accesible.

Los padres tendrían entonces la opción de elegir los rasgos que quieren para sus hijos. Y lo mismo se podrán seleccionar los embriones que no tengan predisposición a desarrollar Alzheimer o cáncer de mama, que encargar un varón de ojos claros con buen oído para el violín.

Y a las pruebas de fuego parejil de elegir el menú de la boda y el orden de los apellidos, se sumará en el futuro la selección del ADN de los hijos a la carta. «Creo que una de las cosas más difíciles de esto serán todos los divorcios que se producirán cuando ella quiera el embrión número 15 y él el número 64», decía Greely en Quartz. «La toma de decisiones será un verdadero desafío para la gente. ¿Cuánto pesa una probabilidad ligeramente mayor de diabetes contra un riesgo ligeramente menor de esquizofrenia y de cáncer de colon? Buena suerte.»

Greely prevé un escenario en el que las generaciones futuras serán mucho más sanas y posiblemente un poco más altas y más inteligentes. ¿Pero qué pasará con el sexo? ¿Y los torreznos?