El gran atasco que se produjo el pasado 6 de enero por la tarde en plena operación retorno hacia Madrid ha puesto de relieve fallos de coordinación y mala gestión en un triple plano: fracaso a la hora de impedir el colapso mucho antes de que se produjera un tapón en la AP-6 de varios kilómetros; tardanza injustificable en la atención a los miles de conductores atrapados; graves errores en la política de comunicación tanto de Interior como del Ministerio de Fomento.

La reacción tanto del director general de Tráfico, Gregorio Serrano, como del ministro de Fomento, Íñigo de la Serna (casi 24 horas después de que comenzaran las retenciones) fueron todo un ejemplo de elusión de responsabilidades (una constante que se ha mantenido tras la reunión del Comité Estatal de Coordinación). El primero cargó contra los conductores; el segundo contra la concesionaria de la autopista. El hecho de que cada uno de ellos intervinera por su lado, sin una mínima coordinación en sus mensajes, evidencia la improvisación con la que se abordó el problema.

Sin duda, no hay un único responsable, pero, desde luego, los conductores sólo contribuyeron en una mínima parte a generar una situación de la que fueron sus principales víctimas.

Iberpistas (la empresa concesionaria de la AP-6) no valoró adecuadamente las consecuencias de una gran nevada que estaba prevista y en medio de una operación de regreso de vacaciones en la que la afluencia de vehículos sobrepasa con mucho la media de tráfico normal durante un fin de semana. La decisión del cierre -que le corresponde a la empresa- se adoptó tarde y, peor aún, se optó por volver a abrir la autopista a las 20 horas del día 6, lo que provocó que muchos coches que habían desistido de utilizarla volvieran a ella pensando que ya se podía circular con normalidad.

Gregorio Serrano no dio la información adecuada al ministro Zoido, que se fue al partido Sevilla-Betis pensando que la AP-6 volvía a la normalidad

No sabemos todavía en qué consistía el Plan Operativo de Vialidad que, según Iberpistas, se puso en marcha el sábado en coordinación y bajo la supervisión de la DGT.

En todo caso, Iberpistas no ha estado a la altura de una empresa que pretende ser líder del sector y que ha naufragado a la hora de dar un servicio por el que cobra un elevado precio.

El director general de la DGT es tal vez el máximo responsable de lo ocurrido. Sabemos que se encontraba en Sevilla en la tarde noche del 6 de enero. Esa circunstancia no sería relevante si su gestión hubiera sido la adecuada. No apareció públicamente para dar explicaciones hasta pasadas las 14 horas del domingo, cuando algunos conductores llevaban 19 horas atrapados en la nieve. Su enfado con los conductores (a los que acusó de no haberse enterado de los avisos realizados por la DGT o de no haber tomado decisiones adecuadas) no ha servido para ocultar su propia incompetencia. De hecho, fue uno de sus tuits (enviado a las 20 horas del sábado) en el que informaba de la apertura de la AP-6 el que agravó aún más el atasco.

Si el director general de Tráfico dio por hecho a las 20 horas del sábado que las dificultades de tránsito estaban solventadas, es normal que el ministro Juan Ignacio Zoido se fuera al estadio del Sevilla a ver el partido contra el Betis. Pero, como evidentemente no fue así, Serrano no cumplió con su obligación de advertir a su jefe del estado real de la cuestión. De haberlo sopesado con información precisa, ambos podían haber decidido volver esa misma noche a Madrid para ponerse al frente del operativo.

La broma que corre por los pasillos de Interior es que, cuando no se sabe dónde está el ministro, “es que está viajando en el AVE”

No se nos escapa que un hombre del olfato político de Zoido, si hubiera sido consciente de la situación, hubiera acudido en persona a consolar a las familias atrapadas. Ahora se estará lamentando de haber perdido esa oportunidad de haber mejorado su propia imagen.

Zoido, que ha salido tocado de la gestión del 1-O, debe cuidar un poco más su propensión a viajar a Sevilla. La broma que corre por los pasillos de Interior es que, cuando no se sabe dónde está el ministro, “es que está viajando en el AVE”.

Tampoco podemos dejar de lado al ministro de Fomento, que ha recurrido a Iberpistas como chivo expiatorio de una crisis que también le afecta a él como principal gestor de las infraestructuras del país. Es verdad que la concesionaria es responsable de las decisiones que se adoptan sobre la apertura o cierre de las autopistas que gestiona y que está obligada a dotarse de los medios adecuados para asegurar la seguridad del tráfico, pero las autopistas de gestión privada no forman parte de ninguna república independiente. Es Fomento quien debe supervisar en todo momento que cumplen con los requisitos mínimos para que se hagan acreedoras de la concesión pública por la que cobran un sustancioso peaje.

De la Serna no ha asumido la más mínima responsabilidad por lo ocurrido durante la noche del día 6 y la madrugada del día 7 de enero. Ser ministro es algo más que asistir a inauguraciones.