Asistimos estos días a un espectáculo bochornoso con las primarias del PP. Lo que debía ser un impulso hacia la regeneración de un viejo partido, lo que en apariencia significaba savia nueva para olvidar el pasado, se convierte una y otra vez en más de lo mismo: el dedazo.

Vivimos impávidos como la Secretaria General se presenta como candidata, pero calla ante el caos en el censo de militantes del partido que ella ha dirigido durante los últimos 10 años. Convención Nacional del PP, año 2014, María Dolores de Cospedal en su discurso dice: “El Partido Popular no ha dejado de crecer ni un solo momento y hoy, gracias a más de 800.000 militantes, somos el partido que tiene una mayor base social en Europa”.

Hoy sabemos que ni siquiera un 10% de esas cifras son ciertas, tan solo un 7,6 por ciento. De los 800.000 hemos pasado a 66.000. En las municipales del 2015 fueron candidatos 64.000 militantes, es decir, casi todos los que militan se presentan a candidatos. ¿No tiene entonces base social el PP? Posiblemente sería más justo decir que tiene muchos simpatizantes y pocos afiliados.
Pero vayamos más allá. Los militantes que ahora quieren pagar los 20€ de cuota para poder votar tampoco lo tienen fácil. Se encuentran sedes del partido cerradas durante días como la de Orihuela en Alicante, o militantes al corriente de pago que reciben una carta conforme no están registrados como tal y no pueden participar en las primarias. Y Cospedal sin responder a tanto caos.

Pero algo más subyace en la decisión de muchos militantes de base del PP para no participar en estas primarias, y es la sensación de que todo esto sucede porque así lo quieren algunos dirigentes del partido.

Lo que va a suceder en la práctica es que un militante que en primera vuelta vote a Pablo Casado, se encontrará en segunda vuelta votando a Cospedal gracias a la decisión de su compromisario

En estas primarias y según los estatutos, los militantes podrán votar directamente solo en una primera vuelta. Según el resultado y por número de votos, siempre que ningún candidato supere el 50%, quedarán dos candidatos seleccionados, que lucharán por la presidencia del partido. Y en esa decisión final y crucial los militantes ya no votan. Serán los compromisarios de cada demarcación los que finalmente decidan. Es decir, el resultado final depende de aquellos que acuden a los Congresos Nacionales en representación de los afiliados, los que pisan a menudo la moqueta de Génova, los que están cerca del poder en el partido.

Lo que va a suceder en la práctica es que un militante que en primera vuelta vote a Pablo Casado, se encontrará en segunda vuelta votando a Cospedal gracias a la decisión de su compromisario.
Dicen que ahora no pueden cambiar las normas, que saben que no es justo pero que debía haberse reformado antes y no a mitad de partido. Lo cierto es que solo dos de los candidatos han denunciado este abuso: José Ramón García Hernández “Joserra” y Pablo Casado. Buenos colaboradores entre ellos y posiblemente en breve Casado absorberá la candidatura de Joserra en sus filas.

Muchos militantes aseguran que el resto no protestan ante este espectáculo de primarias bochornoso, porque quien lo haga no tendrá un sillón en la próxima Ejecutiva Nacional. Es como si el dedazo lo hubiesen disfrazado de primarias.

Cuando Cospedal se enteró del pacto para hacer presidenta a Soraya presionó a Rajoy a no dimitir de ninguna manera, aun a riesgo de perder el Gobierno

Cospedal parte con ventaja, ella maneja los hilos, el censo y los compromisarios. Quienes voten por Casado buscando la regeneración temen que en unas futuras elecciones los votantes elijan antes “el original que la copia”, Rivera antes que Casado. Aunque si les conocen sus diferencias son más que notables.

Al bueno de García Margallo, el único intelectual que se presenta, le afean la edad y en el partido le llaman “El yayo Margallo”. La otra candidata con muchas posibilidades es Soraya Sáenz de Santamaría, que recibiría el voto de los que consideran que puede hacer sombra a Albert Rivera en las próximas generales, a pesar de su fracaso en política territorial en Cataluña.

La mayoría de militantes están de acuerdo en algo: que presentar por primera vez en la historia de España a una mujer como candidata a la Presidencia del Gobierno es un golpe de efecto que hay que aprovechar. Y que quien primero lo haga sea un partido de derechas y no de izquierdas, debería avergonzar a algunos.

Pero todo puede pasar, como sucedió en la moción de censura. Les hago una confidencia: Rajoy ya tenía hablado con Ciudadanos la posibilidad de dimitir antes de que la moción de Pedro Sánchez le echara de la Moncloa. Entre ambos partidos se escogió a Soraya Sáenz de Santamaría como presidenta en funciones hasta celebrar nuevas elecciones. Cuando Cospedal se enteró del pacto presionó a Rajoy a no dimitir de ninguna manera, aun a riesgo de perder el Gobierno, como así sucedió al día siguiente.

Si algunos por evitar dar el poder al enemigo son capaces de sacrificar un Gobierno, qué no puede pasar en estas primarias.