Ha pasado un año desde que se produjeran los atentados Barcelona y Cambrils los días 17 y 18 de agosto de 2017. Es momento de hacer un análisis de los mismos: a pesar del tiempo pasado, aún queda mucho por conocer sobre la célula terrorista islamista que los perpetró, su organización y ramificaciones, liderazgo, o las implicaciones de cada uno de sus miembros.

Un análisis sobre un atentado debe incluir a sus tres actores principales: los terroristas, las víctimas y el público objetivo. A ellos hay que añadir la actuación de los responsables de la lucha contra el terrorismo: el consejero de Interior de Cataluña, por entonces Joaquim Form, famoso por diferenciar entre víctimas catalanas y españolas, y los Mossos d’Esquadra que, según algunos medios intentaron destruir, en la incineradora del Besòs, la alerta que Estados Unidos les había proporcionado con antelación sobre un posible atentado en Barcelona, y a la que hicieron caso omiso.

Los Mossos d’Esquadra

Dado que la responsabilidad de la lucha contraterrorista en Cataluña recae -por decisión propia- en los Mossos d’Esquadra, la responsabilidad del fracaso policial y del inmenso fracaso de inteligencia que supuso la materialización del atentado, les corresponde igualmente a ellos: quien tiene la autoridad tiene también la responsabilidad. Quizás sus prioridades -entonces- eran otras.

La sucesión de fallos de Inteligencia se correspondería con un sketch de Gila, si no fuera por los 16 muertos y casi 140 heridos, que el Rey Felipe honró entonces y honrará de nuevo este año.

Había potentes indicadores, como las informaciones recibidas de servicios de Inteligencia, o la explosión en el chalé de Alcanar donde se habían localizado más de 120 bombonas de butano y explosivos de fabricación casera, y donde -como posteriormente se supo- había muerto Abdelbaki Es Satty, el presunto líder de la célula terrorista. ¿Nadie lo había verificado?

Investigar primero la hipótesis más peligrosa es el principio básico de la seguridad”

Por qué no se investigaron las hipótesis de la jueza de Amposta, que acudió a Alcanar tras la explosión, y que pensaba que podía estar relacionada con terrorismo, mucho más inteligentes que las de los Mossos que apuntaban a un laboratorio de drogas. Investigar primero la hipótesis más peligrosa es el principio básico de la seguridad. El imán de Ripoll se había relacionado con algunos detenidos por el 11M.

La deficiente coordinación de los Mossos con los fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado se ha apuntado en todos los medios de comunicación como una de las lecciones aprendidas, pero de qué sirven ofrecer lecciones a quien no quiere aprender.

El peor atentado de los últimos años se ha producido en Cataluña, la región española en que sus responsables antiterroristas coordinan menos con el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO).

Por último, los responsables de la lucha contra el terrorismo, no dejaron testigos directos, no se han mostrado evidencias claras y la información proporcionada hasta ahora ha sido escasa y confusa. La actuación ante el atentado, más que profesional, parecía sacada de un western de Hollywood, con sus persecuciones y ejecuciones. Y después… la omertá

Las víctimas y el público objetivo

Tampoco se adoptaron en Barcelona medidas disuasorias para evitar atentados al estilo del que tuvo lugar en Niza, el 14 de julio de 2016, o como el de Berlín, el 19 de diciembre de 2016. La presencia masiva de periodistas en Barcelona, atraídos por los ataques a turistas, la huelga salvaje de agentes de seguridad en los aeropuertos, y la crisis política iniciada por las autoridades autonómicas, unido a la presencia masiva de turistas en esta época del año, hacían de Barcelona un escenario idóneo.

Esta información llenaría las primeras páginas de los medios de comunicación de alcance global, y la publicidad es objetivo último de los atentados terroristas. Las víctimas potenciales, al menos las primeras, eran simples turistas, procedentes un amplio elenco de países, y si el número de fallecidos no fue mayor, probablemente por un cierto grado de improvisación, sobre todo patente en el caso de Cambrils.

Los terroristas

El factor clave en este atentado fueron los terroristas. Quién era su presunto líder, cómo se radicalizaron y cómo estaba organizada la célula. Los Mozos no tenían la menor idea sobre su existencia, lo que resulta frustrante tras la explosión en el chalé de Alcanar. Es allí muere el jeque de la célula, Abdelbaki Es Satty, un islamista radical que además había salido recientemente de prisión sin que nadie verificara sus actividades posteriores.

Es Satty había empleado varios años en un proceso de radicalización y pasó desapercibido a todos los servicios de inteligencia. El proceso por el que pasa el grupo -al parecer- fue clásico: reclutamiento en la mezquita, radicalización en el entorno del grupo y reclutamiento entre familiares y amigos, para posteriormente dar el salto a la violencia

Una parte de la narrativa policial posterior es difícil de entender. Si estaban preparando un atentado por atropellamiento, para qué fabricaban los explosivos. Era el atentado previsto, o simplemente una solución de compromiso ante el fracaso de los planes iniciales. Nunca lo sabremos, ya que todos los terroristas relevantes fueron eliminados durante la operación.

Lo que más desconcierta es la sorpresa que mostraron los Mossos cuando descubrieron la célula de Ripoll”

Pero lo que más desconcierta es la sorpresa que mostraron los Mossos d’Esquadra cuando descubrieron la célula de Ripoll: su radicalización fue clásica y predecible, nada de lobos solitarios, ni neotakfiri, radicalizados en la red. ¿Dónde estaban los Mossos? ¿Jugando a los soldaditos …de plomo?.. O quizá viendo Juego de Tronos

La réplica de Cambrils era de esperar, había que distraer a los Mossos, no se conocía el sitio concreto, pero si las características del mismo. En este caso tampoco podemos preguntar a los terroristas. De nuevo, falta de respuesta.

Las investigaciones académicas y los libros publicados en los últimos años sobre la radicalización en España ya señalaban a Cataluña como el principal foco de radicalización, como recogieron Fernando Reinares y Carola García-Calvo en su investigación sobre el Estado Islámico en España, o el periodista Ignacio Cembrero en su excelente libro La España de Alá. La actuación de los Mossos produce estupor.

No se han identificado las posibles conexiones internacionales de la célula de Ripoll, y ya será muy difícil hacerlo, pero parecía disponer de un nivel de organización avanzado, y -descartando el terrorismo como síndrome- actuaron de forma racional, es decir ya habían realizado varios reconocimientos de la zona objetivo, acumulado material para preparar explosivos y realizado actividades de proselitismo y reclutamiento. Todo ello ante la tierna mirada de los Mossos, y otras organizaciones de seguridad e inteligencia.

Dónde nos encontramos

Pasado un año, nos encontramos prácticamente en el mismo punto de partida. No sabemos muy bien si esta situación es debida a la incompetencia o a una especie de omertá siciliana, pero en cualquier caso la actuación de los responsables de la lucha contra el terrorismo en la región catalana antes, durante, y después de los atentados de Barcelona y Cambrils produce estupor a la población y escarnio a las víctimas.

Lecciones muchas… aprendidas pocas.


Emilio Sánchez de Rojas Díaz es Coronel de Artillaría DEM. Doctor en Derecho, Master en estudios relacionados con Terrorismo.