Ni Sánchez ha resuelto la cuestión de Gibraltar después de 300 años ni la UE ha tomado el pelo a España. Ni May es una brillante estratega ni Barnier nos intentó colar un gol por la escuadra.

En realidad, el Gobierno de Sánchez no ha logrado su objetivo de modificar el Acuerdo de Salida, pero ha salvado la credibilidad de España gracias al esfuerzo titánico de socios, funcionarios y diplomáticos europeos, empeñados en solventar a cualquier precio un patinazo (léase artículo 184), fruto de la diabólica carrera a contrarreloj para entregar un texto definitivo que May pudiera presentar en plazo a su gabinete.

La primera ministra btitánica estaba tan apurada, insegura y acorralada que ni siquiera contaba con que los suyos fueran a apoyarla. Resulta más que razonablemente dudoso que, en tales circunstancias, May maniobrara para incluir unas líneas que le dieran una ventaja con Gibraltar, cuando el meollo de la cuestión estaba (y sigue estando) en la frontera de Irlanda del Norte.

Bruselas siempre encuentra una solución”, afirmaba tras la cumbre un diplomático aliviado

“Bruselas siempre encuentra una solución”, afirmaba ayer un diplomático aliviado. Y es cierto. Tras aceptar el gobierno español la triple garantía europea, declarativa pero escrita y políticamente vinculante, de mantener la salvaguarda establecida por España en el mandato original a Barnier de abril de 2017 sobre el exclusivo tratamiento bilateral de la cuestión de Gibraltar, el compromiso de la UE de ofrecer “el mejor acuerdo posible” se completaba con un suspiro continental.

Ahora el Parlamento británico tiene que aprobar este acuerdo, y parece bastante improbable que esto ocurra. Además, los 27 gobiernos de la UE y el Parlamento Europeo también tienen que apoyarlo. ¿Qué hará May si no salva estos trámites, renegociar? ¿Dimitirá y convocará nuevas elecciones? ¿O someterá el acuerdo a un nuevo referéndum, en el que los europeístas consigamos que la alternativa al acuerdo sea revertir el proceso y continuar en la Unión? Yo reconozco que sigo confiando en que no llegue a producirse el Brexit. No porque el Acuerdo alcanzado hoy por la UE sea malo, sino porque no hay Brexit bueno.

Lo que no puede intentar hacernos creer nuestro gobierno es que la posición sobre Gibraltar es más fuerte que nunca”

Gibraltar es la última colonia de Europa y ha de someterse a un proceso de descolonización que deberá ser pactado entre dos países amigos e íntimamente vinculados como son España y Reino Unido. España no ha renunciado nunca a sus derechos ni lo va a hacer. Lo que no puede intentar hacernos creer nuestro gobierno es que nuestra posición es más fuerte que nunca, como ha afirmado el presidente Sánchez.

El Brexit sólo ha traído debilidad, vulnerabilidad e incertidumbre. De hecho, aunque ayer Sánchez se apuntaba triunfal a negociar la cosoberanía, hoy May le aguaba la fiesta anticipada reafirmando el intocable estatus constitucional de Gibraltar. Y que Moncloa afirme que, por primera vez, la UE expresa la obligación de respetar “la integridad territorial de la Unión” es, cuanto menos, descorazonador: a estas alturas deberían saber lo importantes y decisivas que han sido las referencias existentes en los Tratados para confrontar el proceso secesionista catalán.

“El Acuerdo que tenemos o el caos”. Tanto May como Barnier y los presidentes de las instituciones europeas han insistido en estos días en convencernos de ello con desesperada urgencia. ¿Es lo aprobado hoy por los 27 el mejor (el único) acuerdo posible? En realidad, es más probable que nunca que no se complete el Brexit y que Reino Unido no se vaya de la Unión.

Todas las ‘lineas rojas’ de Theresa May han ido desdibujándose por el camino. Todo a lo que dijo ‘jamás’ se ha convertido en ‘quizás'”

Todas las líneas rojas de May han ido desdibujándose por el camino. Todo a lo que dijo “jamás” se ha convertido en “quizás”: derechos de los ciudadanos, factura de salida, justicia europea vinculante… La cuestión de la frontera norirlandesa, y el Peñón emergiendo a posteriori como un auténtico iceberg, quizá nos haga perder de vista que el verdadero escollo no hace tanto era garantizar la salvaguarda de los derechos de los tres millones de ciudadanos europeos en Reino Unido y el millón de británicos en la UE, y que esta garantía se convirtiera en la primera condición sine qua non de todo el proceso posterior.

La Unión ha defendido sus propios intereses, como es lógico, y ha negociado con lealtad un acuerdo de enorme complejidad, en el que hay que destacar el esfuerzo del equipo de Barnier y el papel esencial que ha desempeñado el Parlamento Europeo, con el negociador Guy Verhofstadt en cabeza, y los eurodiputados que, junto a una vibrante y batalladora sociedad civil, llevamos dos años largos peleando por los derechos de los ciudadanos. De los gibraltareños también, por supuesto.


Beatriz Becerra es vicepresidenta de la subcomisión de Derechos Humanos en el Parlamento Europeo y eurodiputada del Grupo de la Alianza de Liberales y Demócratas por Europa (ALDE). Acaba de publicar Eres liberal y no lo sabes (Deusto).