Nos despertamos los europeos con la sensación de que nos ha alcanzado una lanza y que la tenemos clavada en nuestro corazón europeo. El que el Reino Unido haya dado el primer paso ayer para irse de la Unión Europea sin duda nos toca el corazón. Estamos tristes.

Es verdad que el Reino Unido ha mantenido siempre una manera particular de pertenecer a la Unión Europea, pero son parte del corazón de la UE y han luchado por la paz en Europa, por eso, hoy los ciudadanos europeos, notamos una lanza en nuestro sentimiento común.

La piedra en el zapato de España es Gibraltar, esa piedra, esa roca, importante, y valiosa para nuestra política y para nuestra estrategia geopolítica, la tenemos presente, y mucho, los españoles y los británicos. Los otros Estados miembros por supuesto que han seguido el trascurso de los acontecimientos estos días y han mostrado su “solidaridad” con España, pero lo que buscaban de manera prioritaria era conseguir un Acuerdo entre el Reino Unido y la Unión Europea.

La palabra solidaridad, fundamental entre los valores europeos y su acción política, en el caso de Gibraltar nos da una señal, que se solidarizan con España porque ven que no hemos salido ganando en lo acordado en la cumbre extraordinaria de ayer. Nosotros, los españoles, somos y seguiremos perteneciendo a la Unión Europea y la sensación es que no hemos tenido el apoyo fuerte de nuestros socios europeos. Pero, no hay duda, España era la que tenía que haber trabajado cada segundo y vigilado desde hace tiempo cómo iba a quedar recogida la colonia británica de Gibraltar en España y tener la posibilidad de que dejase de ser colonia.

Hoy los españoles nos levantamos sabiendo que lo que se ha conseguido respecto a Gibraltar no tiene el peso jurídico del que podamos presumir”

Por esto, hoy los españoles nos levantamos sabiendo que lo que se ha conseguido respecto a Gibraltar no tiene el peso jurídico del que podamos presumir y sabiendo también que el Reino Unido avanza en su camino de no quedarse en la UE. El siguiente escalón, difícil, en la salida del Reino Unido de la UE es el Parlamento británico, después la voz, y el voto, del Parlamento Europeo.

Podrían incluso darse las carambolas políticas que llevasen a un segundo referéndum. Una oportunidad que la mayoría quiere y que cambiaría la historia de perder a un Estado miembro y que el Estado miembro nos pierda a nosotros, la Unión Europea. Es muy difícil pero, en estos planos de negociaciones, podemos ver un atisbo de esperanza pensando sobre todo en la juventud británica que quiere seguir siendo europea. Espero que la visión y la lucha de la mayoría de los jóvenes británicos no se olvide ni un instante.

Estos días, como todos los que nos dedicamos a analizar lo que sucede en la Unión Europea y creemos en ella, he leído, tomado notas y reflexionado mucho. También he preguntado a amigos de ámbitos empresariales y profesionales distintos y a jóvenes de diferentes carreras universitarias. Lo que prevalece en la respuesta rápida y clara de todos es que es una pena y que produce un gran impacto que el Reino Unido comience a irse. También responden de manera directa que las cartas y la Declaración no tienen valor jurídico y que el gobierno español no ha logrado que su influencia permanente y su capacidad de poder en Gibraltar esté incluida en el Acuerdo.

Es cierto que el Gobierno ha conseguido mejorar la posición en lo que queda escrito en relación a Gibraltar pero, cuando se mejora hay que mirar respecto a qué y cuándo. La secuencia temporal es importante. Mejora si comparamos con lo que había el jueves, pero no si volvemos a leer el texto jurídico del 2017.

El triple blindaje histórico del que habló Pedro Sánchez el domingo no constituye una garantía, o unas garantías, ancladas al Acuerdo por lo que no puede ser blindaje como tal. En el terreno jurídico, sólo se consigue un blindaje si se da una vinculación jurídica y esta validez, la habría dado el que las frases sobre España y Gibraltar estuviesen incluidas en el Acuerdo, en el Tratado, y no en las cartas y en la Declaración. Por supuesto que es más que lo que teníamos el jueves pero casi nada respecto a lo volcado con rango jurídico, y por tanto vinculante, en el 2017.

En la política, son necesarias voluntad y frases en textos con solidez jurídica que en una mesa de negociación posterior nadie pueda discutir. Es importante crear tendencia e intención para así favorecer que quede recogida una frase en un Acuerdo o en un Tratado. Eso es lo inamovible. Para que esto suceda, los políticos tienen que estar con continuidad escuchando, leyendo y negociando cada día, cada hora, al lado de, en este caso, la primera ministra británicaTheresa May, y de todo el equipo negociador del Brexit por parte de la Unión Europea, insistir, revisar, trabajar, comprobar, asegurarse de cada coma, palabra o frase cuando se está fraguando el Acuerdo. Porque la política es continua, tiene que observar y vigilar, se hace en cada momento.

Las cartas y la Declaración tienen relevancia política, la tienen, pero no están amarradas en el Acuerdo”

Con la Declaración, España consigue que se reconozca su posición negociadora bilateral con el Reino Unido en la relación futura con Gibraltar. Es importante, sí, pero no importante y con peso jurídico. No con el poder de lo conseguido en el 2017. Los artículos 3 y 184 son los que tienen fuerza política y jurídica; las cartas y la Declaración tienen relevancia política, la tienen, pero no están amarradas al Acuerdo.

Con una Declaración política, la voluntad, la intención, están ahí. Por lo menos están, el jueves no lo estaban. Pero la intención y la voluntad política no bastan en un tema de tanta envergadura histórica como es la posibilidad, y la oportunidad, de cosoberanía. Soberanía compartida. Esa palabra en el Acuerdo, o alguna frase que la pudiese hacer posible, sí que supondría un hito histórico en el recorrido desde el Tratado de Utrecht, 1713-1715, y resalto, Tratado.


Susana Del Río Villar es doctora en Ciencias Políticas, profesora del Máster Unión Europea del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.