Los independentistas ordenan y el Gobierno de España obedece. Dicho así resulta muy duro de tragar pero esto es lo que ha pasado, ni más ni menos, con motivo del Consejo de Ministros que va a celebrarse el viernes 21 en Barcelona. Lo que ha pasado es que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, ha conseguido lo que nunca había dejado de exigir: celebrar una cumbre bilateral Gobierno-Generalitat porque eso le coloca simbólicamente a la misma altura institucional que el Gobierno de España y hace que parezca a los suyos, y al mundo, que lo de la independencia de Cataluña todavía no es una realidad pero, como se puede demostrar, es algo que se va acercando.

Tanto se acerca, que los dos gobiernos se reúnen en una minicumbre, como si fueran entes paralelos. Todo esto es un disparate inaceptable, pero Pedro Sánchez se ha plegado a semejante  exigencia que, mírese como se mire, es una humillación en toda la cara al Gobierno que representa a todos los españoles. Es decir, que la bofetada la recibimos cada uno de nosotros en nuestras respectivas caras.

«Necesitamos tender todos los puentes y dejar de cavar trincheras» dijo este miércoles el siempre pastelero Miquel Iceta. Pero se le olvidó decir que llevamos demasiados años ya tendiendo puentes desde este lado de la Constitución en dirección a unos señores que no tienen otro objetivo que dinamitarlos sistemáticamente, como hacen una y otra vez.

Llevamos demasiado tiempo tendiendo puentes desde este lado de la Constitución

Para no hacer una relación demasiado larga de las ofensas, ataques y violaciones de la legalidad a que han sometido a quienes, como buenos demócratas, se atienen al cumplimiento de la ley para abordar cualquier conflicto, cualquier enfrentamiento, sólo cabe recordar que la última propuesta de Torra el Deseado -el deseado por Pedro Sánchez, no por los demás- para alcanzar para Cataluña su inalcanzable independencia ha sido ir de cara hacia una guerra civil, que no otra cosa fue lo que precedió a la independencia de Eslovenia y que fue el comienzo de las atroces guerras que desmembraron la antigua Yugoslavia, causando centeneras de miles de muertos y un genocidio que pesará en la conciencia de la Unión Europea por no haber sido capaz ni de preverlo ni de evitarlo.

Este señor es el que le ha impuesto al presidente del Gobierno el formato de un encuentro que sólo les favorece a ellos y perjudica muy gravemente al Ejecutivo, que va a tener que soportar que el señor Torra le imponga el temario de asuntos a tratar y que según ha enumerado él mismo, «aspira a poder discutir con el señor Sánchez que en Cataluña no consideramos la Monarquía una institución propia, que no aceptamos la represión, [hablar] de nuestra voluntad de ejercer el derecho a la autodeterminación, de la inmersión lingüística en la escuela catalana y de no volver a aplicar el 155«.

Torra ha impuesto al Gobierno un encuentro que sólo favorece a ellos y perjudica a Sánchez

En definitiva, lo que él ha calificado de «los grandes consensos de la sociedad catalana». Eso sí, de «Govern a Gobierno».  Lo ha dejado muy claro y ya puede la vicepresidenta Carmen Calvo argumentar que «lo que no va a haber es una reunión de dos gobiernos», porque eso es exactamente lo que va a haber. Es más, según las últimas noticias,  lo que se va a producir es un primer encuentro entre Sánchez y Torra de unos minutos de conversación y después una reunión con los ministros y consejeros catalanes a la que asistirán ambos, el presidente del Gobierno y el autonómico. A ver qué es eso, si no es una  reunión al mismo nivel.

Pero ése es un temario inadmisible que, además, va a ser utilizado por el xenófobo y belicoso líder independentista como un triunfo que exhibir de mañana en adelante ante sus desmoralizadas y debilitadas huestes. No es concebible que el presidente del Gobierno ceda hasta ese punto su liderazgo de la nación y permita que se aborde en su presencia ese tipo de asuntos, que son los únicos que justifican la existencia de esa ideología tóxica que es el secesionismo. No se les pueden dar estas bazas sin incurrir en muy graves responsabilidades políticas. Nada justifica ese encuentro en los términos en que Torra -y detrás de él el fugado Puigdemont– ha logrado imponerlo.

Lo tremendo es que todo esto se hace para tratar de convencer a los independentistas de que voten a favor de la senda de déficit que se va a presentar en la mañana de este jueves, y a continuación le proporcionen al presidente la posibilidad de mantenerse en el poder gracias a unos Presupuestos aprobados por lo que Pablo Iglesias ha calificado como el «bloque de la moción de censura«. Esto es lo que va a pagar el Gobierno, un pago por anticipado, por cierto, porque a saber si al final los secesionistas no le vuelven a torear como siempre y le dejan con los Presupuestos colgando.

La reunión tiene como objetivo que los independentistas voten a favor la senda de déficit

Porque eso es lo que se está negociando aquí, la continuidad del Ejecutivo de Pedro Sánchez que, aunque dice a todo el que le quiera oír que puede sobrevivir con los presupuestos del gobierno de Mariano Rajoy y a base de aprobar decretos para liberar partidas de gasto concretas, en privado reconoce que, sin unos nuevos Presupuestos aprobados, no podría sostenerse.

Demasiado caro para los españoles, demasiado imperdonable esta cesión que no se justifica más que por las necesidades particulares de un Gobierno en minoría. Esto le pasará factura a Pedro Sánchez porque, como presidente de todos los españoles que es, no puede alegremente conducirnos a todos a una humillación como ésta, una humillación a la que la inmensa mayoría jamás estaría dispuesta a someterse.