Algunos, como Pablo Iglesias, creen que hay que «politizar el dolor». Es decir, que hay una forma de gestionar la pandemia «de izquierdas», y otra, que es la peor, por supuesto, «de derechas».

Pero no. No es así. Aunque sí hay dos formas de gestionar esta crisis del coronavirus: una eficiente, eficaz; y otra, ineficaz, chapucera, que es, mal que le pese al vicepresidente tercero, la que está llevando a cabo el Gobierno.

Los resultados de España no pueden ser más desalentadores. Más de 100.000 contagiados, más de 9.000 muertos, unos 13.000 sanitarios contagiados, etc.

Y eso que ya veníamos aleccionados de lo que estaba ocurriendo en otros países como China (la lejana China) e Italia (la próxima y querida Italia).

En Corea, por ejemplo, las cosas se han hecho bastante bien. A nadie le importa mucho si el Gobierno del país asiático es de derechas o de izquierdas pero, con la experiencia del SARS de 2003, Corea sabía que una epidemia como el Covid-19 no podía tomarse a broma: hicieron test masivos, recomendaron el uso de mascarillas (mientras que la OMS decía que eso no era tan importante), etc. Los datos están ahí (9.887 contagios, 165 muertes). Corea tiene 51,5 millones de habitantes y está mucho más cerca del primer foco de contagio que España, por ejemplo. Por cierto, el presidente de Corea del Sur se llama Moon Jae-in y es liberal. Pero eso no debería importar.

Aunque Podemos, secundado de forma vergonzante por el PSOE y sus medios afines, quiera convertir el fracaso en la lucha contra el coronavirus en una demostración de lo nocivos que se han demostrado para la salud los recortes en la etapa de Rajoy, la verdad es que hay que estar muy imbuido de ideología para reducirlo todo a ese discurso tan pobre de argumentos como falaz por lo que respecta a la determinación de las verdaderas responsabilidades. No obstante, esa mercancía tiene su público. No importa que hasta hace dos meses presumiéramos de tener uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, ahora podemos decir que es uno de los peores… por los recortes del PP.

Los recortes, desde luego, no explicarían por sí solos el desastre de gestión que se ha hecho. No es que el Gobierno haya actuado con mala fe, desde luego, sino que ha pecado de imprevisión, fruto de la falta de experiencia.

Aunque Fernando Simón no lo crea, saber dónde se ha producido el contagio sí es importante. Si no, que miren cómo están afrontando la crisis en Israel

Una muestra clara, meridiana, de esa forma poco profesional de encarar una crisis sanitaria que va a colocar a España a la cabeza del mundo por número de víctimas, es la manera peculiar, por decirlo de una forma no ofensiva, en la que Fernando Simón (director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias) da su versión «científica» sobre la evolución de la enfermedad.

Dejemos al margen cuando decía que esto era como una gripe o cuando no puso pegas para la asistencia a la manifestación del 8-M. Es agua pasada.

Lo que quiero comentar ocurrió este miércoles mismo, en su comparecencia televisiva desde su domicilio, donde permanece convaleciente al haber dado positivo por coronavirus (le deseo una rápida recuperación). Un periodista -no recuerdo ahora el medio- le preguntó si se había contagiado en Moncloa. La pregunta tenía toda la lógica. Irene Montero (ministra de Igualdad); Carmen Calvo (vicepresidenta primera del Gobierno); Carolina Darias (ministra de Política Territorial); Begoña Gómez (esposa del presidente Sánchez); el responsable de Coordinación Territorial y de las relaciones Gobierno/PSOE, Santos Cerdán; Magdalena Pérez-Castejón (madre del presidente); el asistente diplomático del presidente; uno de los escoltas del presidente; el director del Gabinete Médico del complejo de la Moncloa,… todos ellos han caído contagiados por el coronavirus.

En los últimos días, aparte del doctor Simón, han resultado contagiados José Ángel González (DAO de la Policía) y portavoz del cuerpo en las ruedas de prensa diarias del Comité Técnico; y el pasado 25 de marzo resultó infectado el teniente general de la Guardia Civil Laurentino Ceña, que compartía con González la portavocía de las fuerzas de seguridad del Estado. En resumen, que, hasta ahora, lo únicos que no han sido contagiados del Comité Técnico son: María José Rallo (secretaria general de Transportes) y el JEMAD Miguel Ángel Villarroya.

La pregunta, insisto, era completamente pertinente. Toda vez que, además, sabemos que un par de edificios del complejo de Moncloa han sido desinfectados hace una semana y que hay un bueno número de conductores que trabajan allí con coronavirus.

Pues bien, la respuesta de Simón no pudo ser menos científica. Dijo que era difícil de determinar el lugar del contagio, pero que, en todo caso, de haber sido en Moncloa, sería «IRRELEVANTE». Sí, como lo oyen, «irrelevante».

Si esta es la cara científica del Gobierno, por favor ¿es que no hay alguien más?

Me explico. Uno de los países que mejor lo está haciendo contra el coronavirus es Israel (sí, ese país presidido por Benjamin Netanyahu, a quien Iglesias no dudaría en calificar de fascista).

En Israel una de las herramientas que mejor resultado ha dado en la lucha contra el virus es una aplicación de móvil que establece la geolocalización. Porque saber los lugares en los que ha estado una persona que ha dado positivo sí es importante. Entre otras cosas para informar a los que han tenido contacto con el infectado que deben hacerse de forma urgente un test porque podrían haber sido contagiados sin saberlo.

Podemos despreciar, como hace Simón, la importancia del lugar donde se producen los contagios, pero eso no es científico. No sé si será de izquierdas o de derechas, pero, desde luego, dice muy poco de la profesionalidad de una de las personas que dirigen el Equipo Técnico y que, en teoría, da las instrucciones al Gobierno sobre cómo combatir esta pandemia.