Una crisis es, por definición, una situación grave. Los efectos de la irrupción del coronavirus en la economía española van a ser algo más que graves, terribles. Incluso en el escenario más positivo de los tres que maneja el Banco de España en su último informe estaríamos hablando de una caída del PIB en 2020 superior al 6%, lo que elevará el desempleo por encima del 20%.

Como diría Winston Churchill son tiempos de «sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas». Quien piensa que vamos a vivir tiempos en los que el Estado va a hacer el milagro de evitar los sacrificios, se equivoca; o bien, quiere engañar a la gente.

Oigo repetidamente estos días, sobre todo a dirigentes de Podemos, pero también del PSOE, afirmaciones como que «esta crisis no será como la del 2009, entonces se salvaron bancos, ahora salvaremos familias»; o bien «en esta crisis nadie va a quedar atrás».

Este gobierno está lleno de buenos propagandistas pero mediocres políticos. Porque lo peor que se puede hacer en un momento como este es levantar falsas expectativas. Si no, que se lo digan a los miles de personas que aún no han empezado a cobrar el dinero de los ERTE.

La gran ficción es que habrá mucho dinero que, como llovido del cielo, como el maná que salvó a los israelitas de morir en el desierto según el Antiguo Testamento, servirá ahora para dar subsidios, ayudas a pymes y autónomos e incluso para crear una nueva Renta Mínima.

Hoy se celebra la cuarta Cumbre Europea de jefes de Estado y de Gobierno desde que comenzó la pandemia. Como ocurre siempre que hay este tipo de cumbres, los ojos de muchos europeos están puestos en la reunión (por videoconferencia, naturalmente) para ver si Europa se digna a regar con dinero público a los países más necesitados, entre ellos España.

Pedro Sánchez pretende que su llamado Plan Marshall sea financiado con un fondo europeo de 1,5 billones de euros que sería financiado con deuda perpetua. Es decir, que cada país sólo pagaría los intereses del dinero dispuesto de ese fondo.

La propuesta de la Comisión implica que el dinero que se disponga del Fondo tendrá que ser reembolsado

Deuda perpetua. Suena bien. Como cuando los bancos centrales, antes de la aparición del Banco Central Europeo, le daban a la máquina de hacer billetes. Con lo fácil que es eso, verdad. Si tenemos la máquina, por qué no hacer más dinero. Pero, claro, luego se despertaba un monstruo llamado inflación que incluso devoraba los billetes a mayor velocidad de la que eran fabricados por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

Populismo y deuda perpetua van de la mano como los huevos y el jamón. Miren si no a los países latinoamericanos que han sido asesorados por los líderes de Podemos.

Cada vez que a un alemán le hablan de deuda perpetua le vienen a la mente las imágenes de la miseria que se generó durante la República de Weimar precisamente por la inflación, y que, entre otras cosas, ayudó a parir al partido nacionalsocialista de Adolf Hitler.

La deuda perpetua significa, por principio, dar luz verde a la indisciplina. Que te den dinero que no tienes que devolver. Estupendo.

Pero, además de que a Angela Merkel y a los ciudadanos de Alemania eso les suene a broma macabra, hay un pequeño problema para llevar adelante tan peregrina idea. Esa deuda, como si fueran los billetitos del Monopoly, tendría que ser comprada por el Banco Central Europeo, que, ¡oh maldición!, no puede hacerlo ya que estatutariamente tiene limitado a 30 años el tiempo máximo de vencimiento de los préstamos que tiene en su balance.

Estaturariamente, el Banco Central Europeo, que financiaría la mayor parte del Fondo, tiene prohibido comprar deuda perpetua

Pero, queridos amigos, las cifras tienen una magia especial, provocan en nosotros un efecto imnótico. Les explico. Ayer se supo que la Comisión Europea presentará al Consejo un plan para poner en marcha un Fondo de Reconstrucción de más de 1,5 billones. Mira, como España. Pero cuando uno lee la letra pequeña de esa propuesta se da cuenta de que la semejanza no va más más allá de la cifra. Lo que propone Ursula von der Leyen es aumentar el presupuesto de la UE a casi el doble. Ese aumento (que es dinerito que pone cada país en función de su tamaño) serviría para financiar, junto con deuda, ese Fondo de más de 1,5 billones. Pero esa deuda, como quiere Alemania, sería reintegrable. Es decir, que habría que devolverla. Nada de deuda perpetua, amigos.

A lo que sí estaría dispuesta la Comisión, y ya veremos si el Consejo, es a que una parte de ese Fondo pudiera servir para financiar directamente -como la PAC o los Fondos Estructurales- políticas de lucha contra el coronavirus ¿Cuanto dinero se entregaría a fondo perdido? Eso ya se verá.

Desde luego, de lo que nadie o casi nadie habla ya es de los eurobonos o coronabonos, como pedían Italia, Francia o España.

Hoy viviremos una jornada como tantas otras. La cumbre no será un fracaso, pero tampoco un éxito. Que nadie espere un gran acuerdo. Como máximo, que se instruya al Eurogrupo para que detalle las cantidades y condiciones de ese Fondo. Es decir, habrá acuerdo de mínimos para la creación del Fondo pero poco más.

Para saberlo, habrá que esperar al mes de junio, como pronto.