Sir James Paul McCartney (18 de junio de 1942) es el número uno. No hay que explicarlo.

Se crió a ritmo del jazz de su padre y con los cuidados de su «mother Mary», hasta que cuando cumplió 14 le cayó de regalo una trompeta. El momento que cambió para siempre la música fue un año después, el sábado 6 de julio de 1957. En una feria local y junto a una exposición canina, estaba previsto que tocasen los Quarrymen Skiffle Group de otro chaval llamado John Lennon. Paul se subió a ese pequeño escenario y, 295 canciones juntos después, el resto es Historia de la Música.

El libro de los Récord Guinness le define como el ‘músico y compositor más exitoso en la historia de la música popular'»

El libro de los Récord Guinness le define como el «músico y compositor más exitoso en la historia de la música popular». No es suficiente. No es medible que sus canciones sean parte de la vida de todos. En siete años, Lennon y McCartney cambiaron la música con 14 discos llenos de joyas. Ese es el gran dato. Pero, ¿qué más da si durante y después de The Beatles ha sido nominado a 78 premios Grammy y se ha llevado 18? ¿Y sus 29 números uno en Estados Unidos? Es solamente información. No es computable la emoción al escuchar las primeras notas de Yesterday (Scrambled Eggs, como le vino en un sueño a Paul). Sí, a Paul. Seguro que una emoción muy distinta a la nuestra sintió el Mozart de nuestro tiempo en un momento de su luna de miel con su polémica segunda esposa. El pianista del bar del hotel la tocó asegurando que había sido «maravillosamente compuesta por el desaparecido John Lennon«. No hubo manera legal de cambiar el orden en los créditos.

Hablamos de un detective honorario de la Policía de Nueva York por su apoyo a las víctimas del 11-S -lo vio desde un avión en NYC-, que ha sido prisionero en varias ocasiones: por drogas en Japón, y en Alemania por riesgo de incendio al quemar un condón «como lámpara».

Este nombrado Sir por la Reina de Inglaterra tiene, entre otros reconocimientos, su «cameo» en Los Simpson. Pues hay quien dice que él no es «él». La afirmación «Paul is dead» ha dado para varios libros. Quien quiera entretenerse leerá que por lo visto el 9 de noviembre de 1966 el verdadero McCartney se dejó la vida en un accidente de coche. Según esta teoría, este señor se llamaría William Campbell y además de haber heredado su identidad, también milagrosamente le ha sido transferido su extraordinario talento musical y carisma.

Con enorme sentido del humor respondió el músico en 1993 a golpe de disco en directo llamándolo «Paul is Live». ¡Ah, sus conciertos! Ahí está su aparición en el mítico Live Aid con acople, sin ensayar y sin banda, o el récord de asistentes a un concierto de pago en Maracaná con 184.000 almas.

Fue un Beatle, sí, pero tan único como para presentarse en el funeral de Linda con sus dos ponis, o coger de la mano durante horas a George Harrison antes de que se fuera para siempre.

Es una estrella en nuestro cielo. Literal. El asteroide 4148, que forma parte del cinturón principal de asteroides del Sistema Solar, fue bautizado como McCartney en honor al músico y tarda 1.228 días en completar una órbita alrededor del Sol. Por cierto, no anda lejos del 4147, de nombre Lennon.