No es un problema de ideas incompatibles por extremas o por poco moderadas, sino de talante o si me apuran, de comportamientos. Estoy hablando de Cayetana Álvarez de Toledo que parece que se ha convertido dentro de su propio partido en una pieza a abatir por lo menos en su actual papel de portavoz de su grupo parlamentario.

Las informaciones, inicialmente en forma de rumores, sobre los planes para prescindir de ella en su actual función salieron, como no podía ser de otro modo, del interior de su propio partido pero quedaron rotundamente confirmadas con el movimiento efectuado la semana pasada por el secretario general del Partido Popular Teodoro García Egea cuando destituyó al jefe de la asesoría parlamentaria, Gabriel Elorriaga sin haber consultado esa decisión con la propia portavoz.

El cese tenía como objetivo crear a Álvarez de Toledo una situación lo bastante incómoda como para empujarla a abandonar

Evidentemente y al margen de que los estatutos recién reformados admitan o no que quien ostente ese cargo pueda también ocupar un escaño de diputado en el Congreso, es evidente hasta para un ciego que esa decisión tenía un objetivo principal, aparte del de cumplir o no cumplir los estatutos, y era el de crear a Álvarez de Toledo una situación lo bastante incómoda e incluso humillante que la empujara a abandonar. A presentar su dimisión.

No hace falta ser un lince para suponer que Álvarez de Toledo no se iba a aquietar ante las pretensiones de su secretario general dándole por hecha y resuelta la jugada. Naturalmente que no. La todavía portavoz del PP ha concedido una entrevista nada menos que a El País donde ha dejado algunas cosas claras. La primera de ellas, que en los tan mentados estatutos se dice claramente que el jefe de la asesoría jurídica será nombrado «a propuesta del portavoz». Cosa que no ha ocurrido porque la señora Álvarez de Toledo se ha encontrado de bruces con un señor con el que ella no tiene relación ni cercanía algunas.

Y así lo ha dicho: «es una invasión de competencias», cosa que el señor García Egea sabe perfectamente, lo que le ha llevado precisamente a ello, a invadir el terreno propio de la portavoz. Pero ella ha añadido: «…sobre la que habrá que conversar para ver el modo de ser más eficaces». Es decir, que se dispone a defender su papel, su función, sus atribuciones y también su autonomía.

Y aquí entramos a considerar las afirmaciones que Cayetana Álvarez de Toledo ha hecho a lo largo de su actuación como portavoz. Y, salvo lo que yo considero que fue una demasía cuando cometió el error de desviar el foco que estaba puesto ese día sobre el presidente de su partido para centrar todas las luces sobre ella misma cuando acusó a Pablo Iglesias de ser «hijo de un terrorista», el resto de sus declaraciones políticas son las propias de una persona que pertenece a un partido de centro derecha. Ni más ni menos.

Sus declaraciones son las propias de una persona de centro derecha. Ni más, ni menos

En su entrevista para El País, la portavoz parlamentaria del PP hace una consideración que sus compañeros de escaño deberían tener en cuenta: «Los conceptos duro y blando, ¿qué significan? España es ese país insólito donde el centro y la moderación los deciden el nacionalismo y la extrema izquierda. A mí podrían llamarme dura por defender un feminismo amazónico, antivictimista, y moderada por plantear un Gobierno de concentración. No respondo a esos clichés».

Tiene razón. El suyo no es un problema de clichés ni de propuestas sino de comportamiento. Probablemente resulte antipática a muchos de sus compañeros por la frialdad indómita con la que se conduce y por ese cierto aire de soberbia intelectual que puede ofender a la mayoría. Y no digamos si ese mismo talante lo aplica ante su secretario general que probablemente sea más de derechas y menos liberal que ella pero que tiene un comportamiento más amable y básicamente más empático con aquellos con los que se relaciona.

Probablemente lo que se esté produciendo en el seno de la cúpula dirigente del PP sea un problema, más que de planteamiento político, de incompatibilidad de caracteres. Y esas aristas de una persona inteligente responsable y trabajadora, pero ríspida como ella sola cuando no se siente acogida, hacen muy difícil la armonía entre el equipo parlamentario. Incluso dificultan hasta lo imposible la propia creación de un equipo bien engrasado.

Sea antes o sea después, el destino de Cayetana Álvarez de Toledo está fuera de la portavocía del grupo

Sea antes o sea después, el destino de Cayetana Álvarez de Toledo está definitivamente fuera de la portavocía del grupo. Pero independientemente de la jugada poco limpia de Teodoro García Egea dándole, no un empujón sino una patada en la espinilla a la vista de todo el público para que no quepa ninguna duda de quién se la ha dado y con qué intención, es un error aceptar públicamente que Pablo Casado se equivocó nombrándola para ese cargo porque él ya conocía de sobra sus cualidades políticas y sus defectos, también políticos.

Suya es la responsabilidad y suya deberá ser la decisión última de cesarla porque es improbable que ella esté dispuesta a facilitarle tanto la tarea a su secretario general. Pero siempre le quedará a la todavía portavoz la venganza de haber dejado por escrito que «en este país insólito el centro y la moderación lo definen el nacionalismo y la extrema izquierda».

Y esa es una consideración envenenada que pesará siempre sobre los hombros del presidente del Partido Popular si es que decide cesarla por su talante «duro» o «no lo bastante moderado».