Imagen: CARMEN VIVAS

Política

Paglia, el feminismo amazónico y el verso libre de Cayetana

Con su Sexual Personae, donde Camille Paglia (Nueva York, 1947) expuso los vicios del feminismo moderno, la intelectual estadounidense se granjeó grandes enemistades dentro del movimiento, al que quiso poner delante de un espejo por su «odio hacia el hombre». Hasta siete editoriales se negaron a publicar una obra donde la tesis de lo políticamente incorrecto se queda muy corta.

El libro data de 1990, pero la metralleta literaria de Paglia no se ha oxidado. De hecho, a día de hoy afirma que no cambiaría ni una sola coma de su ópera prima, en la que reivindicaba el empoderamiento femenino como un atributo inconcebible sin el concurso de la complicidad masculina y en el que censuraba la «proyección histérica» a la que deriva el feminismo moderno, según la cual los hombres se reducen a «malvados depredadores», y las mujeres a meras «víctimas».

Declarada atea y bisexual, basta con echar una ojeada a su biografía para atender a esa huida constante del ‘buenismo’ que plasmó en 1990 y reafirmó en Feminismo, pasado y presente (Turner, 2018). En suma, la intelectual aprieta la soga alrededor de la tesis feminista mayoritaria, y lo hace por medio de afirmaciones que provoca giros de cabeza hasta en los más indiferentes.

«Gracias al hombre (…) la mujer de hoy tiene un trabajo fuera de casa para ser independiente de un marido, de un hermano, de un padre», afirmaba en una entrevista para El Confidencial. «Gracias al hombre tenemos lavadoras», continuaba. Se opone Paglia a medidas y «protecciones especiales», como las cuotas, que «infantilizan a la mujer» y considera que «todas las mujeres están en deuda con los hombres por todo».

Y, pese a criticar sin preámbulos al feminismo «apocalíptico» actual, Camille Paglia es, ante todo, feminista. Eso sí, con su propio apellido, como tantos otros que se han ido añadiendo al movimiento actual desde formaciones políticas y colectivos, que se contraponen en muchos casos y retroalimentan en otros -feminismo abolicionista, liberal, progresista, separatista, radical…-. En su caso, es el amazónico.

Este breve repaso -uno en profundidad podría rellenar páginas y páginas- del feminismo crítico de Camille Paglia no es casualidad. Su legado lo reivindicó esta semana otra figura femenina que, como Paglia, prefiere escorarse en los márgenes de lo políticamente incorrecto. Cayetana Álvarez de Toledo citó a la escritora para desvincularse de «la protesta enfadada y pesimista» imperante en España por el 8-M y, en última instancia, de sus propios compañeros de filas para reivindicar su propio feminismo, el de Paglia, el de las amazonas. O, en otras palabras, una rama que enfatiza la fuerza y la destreza femenina -cuyos referentes se identifican en la literatura de ficción con figuras heroicas como Wonder Woman– para perseguir la igualdad de oportunidades de la mujer siendo consciente de «los peligros del mundo en que vivimos».

Cayetana desairó a su partido para reivindicar su propio feminismo, el de Paglia, el de las amazonas

La nota discordante de Paglia contra la corriente imperante le puso en contra de muchos, sin importarle demasiado. Algo parecido a lo que le ocurre a Cayetana que, sin temblarle el pulso, se desvinculó de la renovada postura oficial de su partido, del que es portavoz, y rechazó participar en la manifestación del 8-M, porque, a su juicio, «en España no hay una ideología machista que someta a las mujeres».

Y lo hacía horas después de que Cuca Gamarra, vicesecretaria de Política Social del PP, pidiese «trasladar un mensaje de unidad» porque «en igualdad no podemos permitirnos el lujo de dividirnos» y hacía un llamamiento para que, este año sí, el partido como institución tuviese representación en el Día de la Mujer.

Pero el verso suelto de Cayetana Álvarez de Toledo volvía a emerger y a dividir a la cúpula del PP en su enésima polémica interna. «En mi nombre no habla nadie, ni hombre, ni mujer», decía, al tiempo que se desvinculaba del «feminismo identitario y de bloques homogéneos» defendido el 8-M que, a su juicio, debiera verse como «una celebración de los avances que ha vivido España en estos 40 años» porque hoy «las mujeres nacemos libres(…) y no somos víctimas».

Un perfil marcado y cuestionado

Sólo en esta semana, la diputada por Barcelona ha protagonizado tres importantes salidas de tono. Al desaire feminista se han sumado sus ataques a La Sexta, a la que ha acusado de «hacer negocio con la erosión del sistema democrático» y de «participar en las mentiras de los populistas», lo que le ha costado una guerra con Planeta; y a Pablo Iglesias e Irene Montero, a uno tachándole de «macho alfa» y a la otra de ser «la mujer más humillada de la política española». Tres polémicas ante las que ha estado sola.

Ningún dirigente de la cúpula popular se ha manifestado, ni en público ni en privado, para defender a la portavoz parlamentaria. Sí lo han hecho barones territoriales, como Juanma Moreno o Alberto Núñez Feijóo, no para echarle un capote sino más bien para reprochar su actitud. «Puede tener opiniones propias, pero lo lógico sería que hable con exactitud como portavoz de su grupo», afirmaba el dirigente gallego en Onda Cero esta semana. «No estuvo acertada», recalcaba el miércoles en Vizcaya el vicesecretario de Política Territorial, Antonio González Terol, otro de los pocos dirigentes del núcleo duro que se manifestó.

Y no fue hasta el tercer día en que el presidente del PP y valedor de la diputada por Barcelona en su puesto como portavoz defendió públicamente a su apuesta personal. El viernes, en el marco de un acto feminista en que el partido ha concluido su semana fantástica por el 8-M, Casado lanzaba un órdago a los que le acusaban de callar porque «las mujeres del PP se defienden muy bien solas».

El jefe de las filas populares salvaba una vez más las distancias con las voces que cuestionan la continuidad de Álvarez de Toledo, a la que reafirmaba en su puesto como «extraordinaria» portavoz parlamentaria en una decisión con la que cada vez coinciden menos adeptos. El cóctel de una personalidad individualizada, con tendencia a la polémica y de incontestable preparación intelectual provoca recelos en las filas internas, en que «cada vez el cisma es mayor» y en el que se cruzan los desmarques de Cayetana con «ambiciones personales» que intensifican el cuestionamiento de su figura, según cuentan fuentes del partido a El Independiente.

De hecho, tal y como publicaba este medio hace unas semanas, su presencia chirría cada vez más de puertas para dentro por su «incapacidad para hacer equipo» y su tendencia a ir «a su aire» por lo que «crea muchos roces y es una fuente de problemas», según referenciaban desde la cúpula del partido.

Los perfiles propios, como lo era Esperanza Aguirre con Mariano Rajoy, son casi siempre una constante en política. Pero el verso de «mujer libre» de Cayetana y su facilidad para la polémica podría terminar pasando factura a Pablo Casado.

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