Política

Álvarez de Toledo pierde apoyos en Génova que ponen en cuestión su continuidad

Sobre la mesa están nombres como el del Pablo Montesinos para la portavocía del Grupo Popular en el Congreso

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Álvarez de Toledo pierde apoyos en Génova que ponen en cuestión su continuidad

Álvarez de Toledo, Casado y García Egea. EP

Resumen:

Sean dos o cuatro años los que dure esta legislatura -dentro del PP no hay unanimidad al respecto- lo cierto es que ganan terreno los que piensan que la apuesta de Pablo Casado por Cayetana Álvarez de Toledo para la portavocía del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados no acaba de cuajar y hay que pensar en un recambio. Quizá lo más significativo es que esa sensación se extiende entre los que creyeron en ella como una de las mejores apuestas, incluido el entorno del líder del PP, su principal valedor.

Como siempre, ni se cuestiona su formación ni su nivel, pero sí lo que consideran «incapacidad para hacer equipo y crear un clima de confianza con la dirección del Grupo y el resto de los diputados». Y también para coordinarlos.

Era esa una crítica reiterada de los que rechazaron su nombramiento, pero va cogiendo cuerpo incluso entre los que opinaron en su momento que era la mejor apuesta. Lo acontecido con el debate de la Ley de Eutanasia es una una muestra de ello, no tanto porque recayera sobre su persona los argumentos esgrimidos respecto a que esta ley busca acabar prematuramente con la vida de las personas mayores para ahorrar gasto social, como no haber previsto que generaría un enorme malestar entre amplios sectores del Grupo.

Sin embargo, no se puede decir que el comité de dirección del PP, su núcleo duro, ignorara la línea de defensa de su portavoz en tan delicada cuestión, José Ignacio Echániz, porque éste ya había desarrollado su discurso eugenésico delante de vicesecretarios del partido como su responsable de Política Social, Cuca Gamarra.

Lo que más chirría son sus «incursiones» fuera de los muros del Congreso

Pero al margen de las cuestiones parlamentarias y valorando su papel en la interpelación que el pasado miércoles defendió para pedir responsabilidades al ministro de Transportes, José Luis Ábalos, por el Delcygate, lo que más chirría son sus «incursiones» fuera de los muros del Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Y es que, con o sin razón, se apunta a ella como responsable de haber extendido la idea de que Casado barajaba el nombre de Rosa Díez para la candidatura a las elecciones vascas, equívoco al que contribuyó por otra parte Génova al afirmar que tanto la candidatura vasca como catalana eran «negociables» con Ciudadanos.

También encabezó de forma pública la petición de un gobierno de concentración con el PSOE para impedir que Pedro Sánchez dependiera tanto de Unidas Podemos como de ERC, mientras su jefe de filas insistía una y otra vez en que era imposible cualquier acercamiento ante la falta total de confianza que les genera el inquilino de la Moncloa, aunque acuda a Moncloa cuando es citado tal y como va a hacer este lunes.

Pero es que fue el secretario general del PP, Teodoro García Egea, y no Álvarez de Toledo quien encabezó la negociación de los puestos de la Mesa del Congreso y, aseguran, tampoco tuvo un papel protagonista en la de las presidencias de las comisiones parlamentarias ante el temor de que pudiera llegar a algún acuerdo no avalado por Génova. La acusación es que «va a su aire y crea muchos roces, es una fuente de problemas», dice a El Independiente uno de los miembros del comité de dirección del partido.

Ha sido un proceso por acumulación, por goteo, en el que la portavoz no ha dudado en saltarse los argumentarios populares todas las veces que ha considerado necesarias.

Montesinos es uno de los nombres que están sobre la mesa para la portavocía del Congreso

Cada vez más ayuna de apoyos, su sustitución está sobre la mesa, con nombres alternativos como el del vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Montesinos. Sin embargo, dar este paso supondría en muy buena medida asumir el error de una designación que disgustó al sector moderado del partido. Que tenga de jefe de gabinete a Alfredo Timermans, que fue subdirector del gabinete de Presidencia del gobierno con José María Aznar y, más tarde, secretario de Estado para la Comunicación, no ayuda por la identificación con el antiguo PP, del que, por otra parte, Casado nunca ha renegado. Prosigue el rosario de críticas al apuntar que «no tiene empatía con los demás ni lidera el Grupo Parlamentario».

«Mi tono es burocrático, los burócratas suelen ser gente modesta, sencilla. Su tono es de alcurnia, de una soberbia que ni siquiera tiene necesidad de impostar, es natural, le viene de origen», le dijo el pasado martes Ábalos, jugando a la lucha de clases para huir de las preguntas directas que le lanzó la portavoz respecto a su no aclarada reunión con la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, en territorio español. Y aunque lo del ministro de Transportes fue un golpe bajo, por el carácter personal de la diatriba, además de políticamente demagógico, lo cierto es que muchos de sus compañeros notan esa distancia en el trato.

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