Política

Álvarez de Toledo, una "dura" para tiempos turbulentos

Cautela y expectación de un sector del PP ante un nombramiento clave para iniciar la remontada

Cayetana Álvarez de Toledo junto a Pablo Casado y Teodoro García Egea

Cayetana Álvarez de Toledo junto a Pablo Casado y Teodoro García Egea EFE

Si algo le reconocen hasta sus críticos a Cayetana Álvarez de Toledo (Madrid, 1974) es su esmerada formación, la convicción de sus ideas y la claridad con que las expone. Precisamente por eso muchos no le perdonan la espantada que dio en 2015 cuando, a sabiendas de sus pocas, por no decir nulas, posibilidades de repetir en las listas de las generales de ese año, anunció su marcha a través de una carta abierta publicada en el diario «El Mundo». En la misma dijo que, bajo el mandato de Mariano Rajoy, «la democracia ni se ha regenerado ni se ha defendido» y calificó de «verdadero fracaso» la llamada «operación diálogo» con el independentismo catalán, no sin razón.

Pero lo peor para muchos de sus actuales compañeros de filas, algunos de los cuales van a estar bajo su mandato en calidad de nueva portavoz del Grupo Popular en el Congreso, es que llegó a pedir el voto para Ciudadanos. Y siendo como es, nadie atribuye aquello a un «calentón» irreflexivo, sino al producto de un largo proceso de análisis interno que ahora se tiene que hacer perdonar a ojos de sus compañeros de filas.

«Para esto, sí»

En muy buena medida inició esa expiación el día que aceptó ir de número uno de la lista por Barcelona. «Para esto sí», le dijo a Pablo Casado cuando se lo propuso, según admitió ella misma en entrevista con El Independiente. Y como el penitente que se enfrenta a los peligros del camino, consiguió abrirse paso entre la marabunta independentista que quería impedir que participara en un debate en la Universidad de Barcelona. Ahí ganó mucho del terreno perdido en años de desencuentros y extrañamiento.

Aún así, para el sector más moderado del PP,  Álvarez de Toledo es una «dura» que impide culminar la vuelta al centro tras las veleidades de Casado durante la campaña electoral de las generales. Tras esaq contienda electoral le pidieron que introdujera cambios en el partido, posiblemente no imaginaban que iba a aprovechar esos cambios para reforzarse internamente y marcar perfil propio.

No obstante, a esos barones les gusta más el Casado de ahora, el que subió a la tribuna del Congreso de los Diputados en el debate de «no investidura» de Pedro Sánchez a desgranar un discurso moderado, de hombre de Estado, sin las estridencias de Albert Rivera con la banda, el plan y la habitación del pánico, todo revuelto.

Cuatro mujeres portavoces en el Congreso

Álvarez de Toledo tiene otro tono, pero, a fin de cuentas, Casado ya lo vino a decir ayer. Su nueva portavoz está para correr con el desgaste y llevarse las bofetadas, también para hacer el papel más ingrato ante un Congreso turbulento, tanto si hay investidura como si se va a nuevas elecciones el 10 de noviembre. El nombre de esta hispano-argentina-francesa se une al de otras mujeres, más que nunca, portavoces de sus Grupos Parlamentarios: Adriana Lastra del PSOE, Inés Arrimadas de Ciudadanos e Irene Montero de Podemos.

Ha sido recibida con recelo y expectación. Los que no la querían para el Congreso admiten que «desde el punto de vista dialéctico irá bien». Otra cosa es cuando tenga que sentarse a coordinar a sus portavoces de comisión o negociar con el resto de los Grupos en un Parlamento fragmentado necesitado de mucha capacidad de conciliación y persuasión, también de empatía.

Hasta una defensora de Álvarez de Toledo como es la ex presidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre dijo en entrevista con este medio que «a lo mejor no cae bien, pero sería la mejor portavoz». La ya investida voz de los populares en la Cámara Baja marca una distancia intelectual indisimulable, incluso aunque no lo pretenda. Es verdad que va a tener a su lado a un secretario de grupo que ha echado los dientes en el Parlamento y mantiene una excelente relación con toda una generación de nuevos políticos, Guillermo Mariscal, el alter ego de «Cat», como comienza a ser conocida.

«Yo sólo puedo desearle lo mejor», afirma un dirigente de la «era Rajoy»

«Yo sólo puedo desearle lo mejor», afirma un destacado dirigente de la anterior dirección. Y otro más crítico con la figura de la nueva portavoz dice «esperar que lo haga bien».

Consciente de los recelos en un sector del partido, Casado hizo ayer una maratón interna. Si por la mañana reunió a su Junta Directiva Nacional para anunciar unos cambios que le refuerzan internamente, eliminando cualquier tipo de cuota, a primera hora de la tarde habló ante su Grupo Parlamentario en el Senado, junto a su también nuevo portavoz, Javier Maroto, y más tarde se desplazó al Congreso para hacer lo propio con los diputados.

Esta vez le acompañaba Álvarez de Toledo, que mantuvo posteriormente una reunión con la dirección del Grupo para afrontar unos tiempos turbulentos marcados por la interinidad política que el PP necesita aprovechar e iniciar la remontada.

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