Política

Rivera acusa a Sánchez de urdir "un plan sectario negociado en la habitación del pánico"

Albert Rivera e Inés Arrimadas, en el Congreso.

Albert Rivera e Inés Arrimadas, en el Congreso. EFE

«Teatro, puro teatro». Así ha arrancado el líder de Ciudadanos su intervención en este debate de investidura marcado por la negociación de un Gobierno de coalición al tiempo que ha exigido la abstención al PP. Ha acusado el término del «plan Sánchez«, por el cual tiene «unos socios de banda» formado por Podemos y el independentismo «que lleva operando hace tiempo».

Dice Rivera que nadie ha empujado a Sánchez al pacto de Navarra, «donde se ha tirado en plancha»; ni con los nacionalistas en Baleares, «donde se ha tirado a la piscina»; ni con Puigdemont y Torra la Diputación de Barcelona. En definitiva «se ha tirado de cabeza» para poner en marcha «un plan sectario y de división».

Con continuas alusiones al pacto con Podemos y el independentismo en una habitación que ha calificado «del pánico», donde está organizando «un gobierno frankenstein», el «plan Sánchez» beneficia «a sus amigos» y perjudica «a las familias españolas, a las clases medidas trabajadoras». «Sánchez se ríe de los españoles», ha dicho entre los aplausos de los suyos.

Si no eres militantes  del PSOE te cae la del pulpo y estás jodido», dice Rivera

Ha sacado a colación dos temas en los que los naranjas son especialmente sensibles: los derechos LGTBi y la igualdad de la mujer. Ahora apara ir al 8-M hay que pedirle permiso a Carmen Calvo: «Carmen Calvo, bonita, quiero ir al 8-M», y para ir al Orgullo «a Marlaska porque las calles son suyas», porque para defender la igualdad «hay que ser militante del PSOE porque te señala Marlaska y te cae la del pulpo y estás jodido (sic)».

Por eso hay que oponerse, porque «quieren una España sectaria». También para ir a Alsasua, a Rentería o la pueblo de Puigdemont «sin llamar a nadie». «Quiero un país sin trincheras ideológicas» ha agregado para sentenciar que «les vamos a desmontar el plan». Además, los 56 diputados de Ciudadanos «votaremos que ‘no’ a la investidura con las dos manos. Oponerse a su plan no es ser de izquierdas o de derechas».

Así, tras reprocharle que en su discurso inicial «no ha dicho ni una palabra de Cataluña» pero que eso «es decirlo todo», sí ha anunciado que si bien no se abstendrá «le llamaré para hablar de España». Ese diálogo no incluye ni «repartirse los jueces o RTVE. Para eso llame al señor Casado»; tampoco para «bloquear «el estudio de su tesis electoral o el máster de Casado». En definitiva, en la que ha sido su única alusión al PP tras autoerigirse en «líder» de la oposición, les ha reprochado que se ponen de acuerdo «para tarpase las vergüenzas de la corrupción».

Marlaska, Chivite, Mateo y Tezanos

Rivera, que ha exigido por otro lado, los ceses del ministro Marlaska; de la líder del PSOE en Navarra, María Chivite; de la administradora única de RTVE, Rosa María Mateo, o del presidente del CIS, José Félix Tezanos. También si dimitirá si hay sentencia condenatoria de los eres. Dice que «lo cómodo es dejar que ejecute su plan con su banda, pero no hemos venido a lo fácil ni a lo cómodo».

Sánchez, que se ha «alegrado de verle» después de negarse a reunirse con el presidente en funciones dos veces, le ha acusado de equivocarse en su estrategia para quedar atado a la «ultraderecha». No le habrá pillado de improviso al líder «naranja» porque era más que previsible que le echara en cara sus pactos con Vox. «Al rechazar reuniones conmigo no da cauce a un mandato que recibí del jefe de Estado sino que hasta contraviene el mandato de los ciudadanos», le ha reprochado.

Han huido de Cataluña», acusa Sánchez a Rivera

Curioso ha sido cómo le ha intentado arrebatar los intentos por ser el jefe de la oposición cuando le ha espetado que «ni lidera la oposición ni lidera la derecha, es la tercera fuerza política del país» y todo ello con un «mantra aznarista del cuanto peor, mejor». Rivera «está cada vez más solo en su torre de marfil» con la marcha de muchos de sus líderes y fundadores en disconformidad con el veto al PSOE. Y sobre Cataluña, se ha mostrado durísimo al decir de Ciudadanos que «huyeron de Cataluña sin dejar a los constitucionalistas sin defensa. Han huido de Cataluña. Su etiqueta es reversible, como las chaquetas».

También le ha pedido la abstención bajo el argumento de que el 70 por ciento de los votantes «naranjas» así lo quieren. «No se declare en rebeldía, facilite con sus abstención la formación de un gobierno», le ha dicho en su último turno de réplica aventando de nuevo el fantasma de una repetición electoral el 10 de noviembre.

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