La extrema izquierda ha declarado a Vallecas zona hostil para Vox. «El barrio es nuestro», clamaban las organizaciones autodenominadas «antifascistas» horas antes de que se celebrara el mitin protagonizado por Santiago Abascal y Rocío Monasterio. El acto concluyó con incidentes: la Policía Nacional tuvo que intervenir ante el lanzamiento de piedras a los congregados por parte de un grupo de radicales.

Vallecas, sin embargo, no es territorio comunista, aunque tradicionalmente vota a la izquierda. Se trata de un barrio obrero de Madrid en el que viven casi 230.000 personas y que durante los años finales del franquismo se convirtió en punta de lanza de la movilización popular contra la dictadura. Allí daba charlas en locales clandestinos el cura Paco (Francisco García Salve) y se forjó como líder sindical el albañil autodidacta Macario Barjas.

El cantautor Luis Pastor ha llegado a definir a este barrio como «un modelo de resistencia». Hasta 2018 Pablo Iglesias, siendo ya líder de Podemos, presumía de vivir «muy a gustito» en Vallecas, frente a los políticos que «viven en chalets».

Hasta que se mudó a Galapagar, Iglesias vivía en la Colonia del Fontarrón, en un piso de 60 metros cuadrados valorado en 83.000 euros. El chalet donde vive ahora vale nueve veces más.

Sin embargo, el dirigente de UP, que ha dejado la vicepresidencia del Gobierno para evitar el hundimiento de su partido en Madrid, ha vuelto a su antiguo barrio como el que regresa a su pueblo de nacimiento de visita tras haber triunfado en la ciudad.

Los comunistas, expertos en la agitación y la propaganda desde que los bolcheviques alcanzaron el poder en Rusia en 1917, ahora pretenden trasladar a Vallecas el ardor revolucionario del Petrogrado de Lenin, mezclado con la añoranza del «asalto a los cielos» de la Comuna de París.

En Vallecas gana de calle la izquierda. En las autonómicas de 2019 la suma de PSOE, Más Madrid y Podemos rozó el 70% de los votos. Ese porcentaje bajó al 65% en las elecciones generales de noviembre de 2019. Es lógico en un distrito en el que la renta per cápita supera sólo ligeramente los 20.000 euros, la mitad que la media de Madrid, y casi la quinta parte de la del distrito de Salamanca, en el que, según Iglesias, viven «los Cayetanos«.

La mística del barrio obrero tiene poco que ver con la realidad. El partido que gana históricamente en Vallecas es el PSOE y el propio Pablo Iglesias se marchó de allí cuando tuvo ocasión

La demagogia del líder de UP consiste en confundir los hechos con sus deseos, la nostalgia con la realidad. En Vallecas el que arrasa es el PSOE: obtuvo el 35,9% del voto en las autonómicas de 2019 y el 37,8% en las generales de ese mismo año. Podemos no llegó al 10% en las autonómicas (superado de lejos por Más Madrid, con el 23%) y remontó hasta el 21% en las generales, aprovechando el pinchazo del partido de Errejón.

Con toda seguridad, según los sondeos más serios, el PSOE volverá a ganar en Vallecas con un candidato como Ángel Gabilondo que tiene poco que ver con los sans-culottes de la Francia revolucionaria y que incluso está haciendo campaña a favor de mantener los bajos impuestos de los que presume Díaz Ayuso.

La izquierda populista que representa Podemos es un partido minoritario, también en Vallecas, aunque a Iglesias y a Monedero no les guste reconocerlo.

Muchos de los vecinos de este barrio están encantados de vivir allí, pero otros se marcharían si pudieran a un lugar mejor, como ha hecho el propio Iglesias. La mística de «vivir en Vallecas» es un cliché tan falso como la figura del propio líder de Podemos. A los pobres, a no ser que sean masoquistas, nunca les ha gustado ser pobres y sólo los aprovechados y los listillos han hecho bandera de ello, para sacar algún beneficio.

Cuando vivía en la Colonia del Fontarrón Iglesias solía tomar café en el Mesón Tino. Tino sigue regentando el local. En una confesión hecha a una periodista de El Español, afirmó que no le tiene tirria al líder de Podemos por haberse marchado a vivir a Galapagar: «Si tiene dinero, es lógico que se lo gaste». Así de sencillo.